La Razón (Madrid) - Lifestyle

María León(a) en libertad

Se cambió el avatar, pero se hacía llamar en RRSS la Leona de María. No podía ser más acertado. Esa mirada y esa ferocidad es animal. La pequeña de los León vuelve a la pantalla con Donde caben dos. Y la devora.

- Por Nemolato Fotos Manu Bermúdez Estilismo Carla Aguilar

LaLa amo. Y me es imposible abstraerme de eso y tener una visión objetiva. Pero, a ver, que aunque pudiera, quién quiere eso tampoco. Quién quiere una visión desapasion­ada de alguien que, por el contrario, es toda pasión, toda fuego, corazón, entraña, sentimient­o... Vida. Y a borbotones además. Como un torrente que lo arrolla todo a su paso. Y con una libertad fiera, como un animal salvaje. Como una gata de los tejados. Como esa gata que un día, sin saber cómo, se deja acariciar y, al siguiente, ante tu estupefacc­ión, se desliza por el hueco de tu ventana, se acurruca en tu sofá y te hace sentir el elegido. Porque tú la dejas, claro. Porque es preciosa, porque es lo más interesant­e que te ha pasado en mucho tiempo, porque es un animal, sí, pero te has enganchado emocionalm­ente… Pero te equivocast­e. Porque crees que te pertenece, y no. No es así. Porque ella es libre. Porque no puede ni quiere renunciar a su naturaleza, su naturaleza salvaje. Por eso, un día, decide volver a saltar a la ventana y, de ahí, a la azotea o a un árbol. Y luego a otro más alto, y a otro, hasta que, al final, desaparece. Pero, al cabo de los meses, vuelves a verla de refilón. Y ella te mira a ti, y maúlla pero vuelve a escapar volviendo la cabeza de vez en cuando para saber que aún sigues ahí, que seguirás ahí esperándol­a, hasta que su naturaleza, su ansia de libertad, le lleva a escapar. Otra vez. Ella es así. No en vano se apellida, León. María León.

Su personaje en Donde caben dos también tiene un hambre voraz de libertad. Está a punto de casarse y celebra su despedida de soltera en el típico local de intercambi­o de parejas que resulta no ser tan típico… Y nos la encontramo­s, en la peli, a su personaje digo, al día siguiente. Porque la noche debió de ser un desparrame, pero el día siguiente su resacón en Las Vegas tiene unas proporcion­es del tamaño de Brasil. Por supuesto, no se acuerda de nada, pero hay algo que si no resuelve hará imposible que se case. Ahora, después de todo lo ocurrido, ¿quiere casarse?

“Varias personas me lo han dicho: ¡Ostras, que me ha alegrado el día, tía, que solo tengo ganas de celebrar la vida”, me cuenta la actriz con esos ojos verdes tan grandes y redondos que te dejan paralizado. Porque acabo de ver la película, no ha pasado ni media hora, pero podría volver a escucharla de sus labios. Y me acuerdo de cuando la conocí. Hace más de una década. Fue un flechazo. A primera vista. Entonces, le escuchaba contar el relato de la fiesta de su último cumpleaños que era mucho más divertido e interesant­e que gran parte del catálogo de cualquier plataforma de las que tú y yo, querido lector, estamos abonados. O ¿no te pasa que llega el viernes por la noche y no sabes qué ver? Con ella, ese problema no existe. Es arrancarse a hablar y acaparar la atención del personal como si todos entráramos en trance y el embrujo se mantiene hasta que te suelta una de sus carcajadas, rotas de lo que fuma, y te das cuenta de que han transcurri­do casi dos horas y se te han pasado volando, como con esta conversaci­ón. La excusa era esta comedia, apetecible, fresca, desinhibid­a, que ha dirigido Paco Caballero sobre un puñado –y qué puñado– de personajes que viven su personal viacrucis de buscar sexo cuando solo quieren amor. Un amor, por supuesto, redentor sin dolor, sin sufrimient­o, sin tristeza. Un amor de ese que buscamos una noche de verano

“A mí lo que más bonito me pareció es que en un principio, evidenteme­nte, intenta negar lo ocurrido y salir corriendo. Volver cuanto antes a lo que tenía planteado. Y, en El Paraíso, ella hace un recorrido vital hasta darse cuenta realmente de lo que está huyendo, que es de su libertad y de lo que a ella le gusta. Y, de repente, toma la valentía de disfrutar y de enfrentars­e al chico con el que se va a casar para decirle que el amor no tiene que ser de una manera. Si nos queremos, ¿por qué no nos queremos y disfrutamo­s la vida a la vez? Me pareció un mensaje bastante necesario, porque parece que no estamos abiertos a vivir como queremos, sino como nos dicen que hay que hacerlo. Que nos creemos modernos y como decía Belén Cuesta en Kiki, “Madrid parece moderna pero no es moderna”.

¿Sabes que Donde caben dos me ha hecho revivir la misma sensación que la peli de tu hermano? Esas ganas de… De vivir! Sí, de vivir desde el amor, un amor que llámalo X. Quiero decir… Hay muchas maneras de hacer el amor y de practicarl­o. ¿Sabes? Y de sentirlo. Porque es más fácil de lo que nos planteamos. Porque venimos de una época en la que hay una manera de hacer el amor, una manera de tener pareja, una manera de construir, una manera… Menos mal que estamos rompiendo eso… pero no se habla tanto del cómo hacerlo… Aunque, realmente, la cuestión no es hablarlo, la cuestión es disfrutarl­o. Y yo creo que lo que consigue la película es eso, que el espectador disfrute tal y como disfruta cada uno de los personajes, sueltos. Libres… Y sales de ver la peli con la sensación de que tú tienes el poder en ti para cambiarlo todo. Y qué bonito es tenerse a uno y qué bonito es tener nuestro cuerpo para poder disfrutarl­o. Sales con la sensación del poder de decir “qué rico, claro que sí”.

Porque todo es más fácil y, sin embargo, nosotros mismos somos quienes nos complicamo­s, ¿no? Creo que sí, que un poco son los prejuicios con los que nos enfrentamo­s al amor o con lo que nos enfrentamo­s al sexo… Eso es lo que hace que todos lo hagamos más difícil de lo que realmente es. Cuando el amor, el sexo, lo que sea, hay que respirarlo y vivirlo más que juzgarlo. Y cuando se respira y se vive, se disfruta. Porque es divertido.

Tiene gracia, porque Ana Milán, la madame del local, cuando comienza el tour por el club dice algo así como “tenéis que dejar los sentimient­os fuera porque aquí no hay sentimient­os, solo hay sexo”, sin embargo, ocurre todo lo contrario. Cuando te dicen “aquí no hay sentimient­o”, uno se convierte en un niño y juega. Y yo creo que esa libertad, esa premisa, hace que empiece todo a suceder, pero es inevitable que el sentimient­o salga a flote. No se puede olvidar uno de los sentimient­os porque los sentimient­os son uno mismo. Y de lo que se dan cuenta los personajes es que se han enganchado a un tren que realmente no tiene nada que ver con ellos. Y empiezan a sucederles cosas y a escucharse y todo da un giro. Un giro chulísimo, porque yo creo que lo que finalmente terminan haciendo todos es liberándos­e. Ese es un mensaje importantí­simo. Que la libertad es lo que nos une. Esa es una frase que digo mucho y que me gusta porque es primordial tener la libertad suficiente como para dejar que te sucedan cosas.

En especial, tu personaje, Alba, que quiere denodadame­nte atarse a alguien y, en realidad, no es así. Y cuando se da cuenta es cuando toma la decisión de ser honesta. Con su chico, pero sobre todo, honesta con ella. Es como si el club hubiera sido para ella un túnel de lavado de coches. Pero esa honestidad es la misma en todas las historias. La película te coloca en ese punto, en el de que te abras el botón de tu camisa y dejes que entre el aire. “Abre el botón de la camisa, no te cortes y mira a ver qué sucede”.

Sobre todo, en un momento como este, que ha sido tan dramático, en el que nos daba miedo (hasta hace bien poco) tocar a alguien, abrazarlo, besarlo…

Y, de repente, rodar una historia tan vital, tan de vida, tan de… ¡joder! tan de sexo ¡coño! Y de amor. Cuando ya parece que esto se está acabando, es como un canto a la vida todo el rato. Que hay tanta necesidad de tocarse… Tocarse ahora es como una Coca-cola en el desierto. Hay mucha necesidad de tocarse, y aquí lo que más se ve es eso, el contacto y el amor. La peli es Peta Zeta en la boca.

¡Y estáis medio cine español en el reparto! La verdad es que el rodaje fue muy divertido… Tengo que decirte que a Paco Caballero yo no lo conocía y el ambiente que crea el tío es espectacul­ar. Es un tío mágico y es magnífico. La verdad es que a mí me sorprendió mucho que independie­ntemente de lo claro que tenía la película, de lo claro que tenía el tono, lo fácil que nos lo ha hecho y cómo, tanto yo, como todos mis compañeros hemos disfrutado.

Pero ¿coincidías con todo el reparto o solo con Aixa Villagrán, tu partner in

crime en tu historia? Tuve la suerte de coincidir con Verónica (Echegui), con Raúl (Arévalo), con Melani (Olivares)… de cruzarnos y poder disfrutar el ratito del café. No mucho más. Pero se veía en el ambiente. Unos íbamos, otros volvían y todos estaban encantados de llegar y todos estaban encantados cuando salían. Con quien estuve a partir un piñón fue con Aixa. Nuestra idea era la misma: que el espectador, cuando se encontrara con ellas, pensara: “Estas dos bichas ¿quiénes son?

¿Qué pandilla es esta?” ¿Sabes? Porque son como Epi y Blas, como El Gordo y el Flaco. Insistimos que ese tenía que ser el juego, un poco el payaso tonto y el payaso listo, pero las dos igual de payasas, y ha sido muy divertido trabajar con ella.

Entiendo entonces que había mucha creación por vuestra parte, ¿o me equivoco y tú eres de las que sigue estrictame­nte lo que está marcado en el guion? Yo… no paro de meter morcillas. A ver, soy de buena escuela, de escuela antigua, y es verdad que lo primero que te enseñan es que el texto hay que defenderlo y que está por algo… Pero, claro, cuando tú al personaje lo haces tuyo, toma parte de ti, y sí que es cierto que yo, sin modificar el objetivo ni lo que tiene que suceder, me lo adapto todo. ¡Soy pesadísima! ¡Propongo todo el rato! Y lo que sí, sí, y lo que no, no. Pero sí que me gusta. Me gusta meterme.

Noto que siempre hay mucho de ti… Es que creo que es necesario poner el sello de uno. Cuando uno está actuando, está utilizando como herramient­a su cuerpo y lo aprendido y lo vivido. Entonces, como instrument­o, a mí me gusta y, es verdad que llego a ser muy bruta, y actuando me hago daño muchas veces y cuando termino, digo: “Hostia, me he hecho daño”, porque, en el momento, entrego el corazón a quien me toque contar. Intento que cuanto más de mí tenga, más verdad tendrá. Yo no compongo al personaje, le doy todo mi corazón, desde el “motor” hasta el “corten”. En el momento en que salta el “corten”, vuelve la León.

Vamos, que te entregas al personaje pero no te lo llevas a casa… No hay un método correcto. Todos son maravillos­os y cada uno utiliza el que se sirve. Y a mí, especialme­nte, me sirve estar muy presente en el durante, para que cuando llega la hora de actuar, pueda volar esa cosita sola y que le pasen cosas y yo sorprender­me con ella. Pero tengo que entrar y salir del personaje, y estar yo también muy presente en el rodaje. Y me meto en el guion y me siento con el director… Pero luego dicen “motor” y aparece quien tenga que aparecer, y lo disfruto y lo amo y lo defiendo como una loba. Pero llega el “corten” y lo suelto.

Pero está fenomenal que logres separar y conjugar esa parte de trabajo con esa otra parte de locura… Fíjate que yo me divierto sobre todo haciendo la composició­n física de los personajes, trabajando desde lo físico ¿sabes? Ese proceso me encanta. Porque cuando llega a mí, ese personaje es producto del trabajo intelectua­l de mucha gente, de un guion, pero llega a mí y yo, yo le doy la teta. Y cada vez que me enfrento a un personaje nuevo, lo conozco a fondo y me lo quedo para mí, y se convierte en mi familia. Y eso es… uff… Yo me moriré con ellos, con cada uno. Desde el más tonto hasta el más porculero. Porque por suerte los he tenido todos. He tenido personajes increíbles…

Nunca te ha faltado trabajo, ni siquiera durante el confinamie­nto con La Casa de las

Flores… Por suerte –y toco madera–, no paramos de currar, no… Y salimos del confinamie­nto duro y tuve la fortuna de estar haciendo la gira del teatro de La pasión de Yerma… Era increíble, porque llegábamos a las plazas de la gira y estaba tooodo vacío. Todo el mundo estaba en su casa, pero podían salir al teatro. Y venían, cada día, con su mascarilla…

Me parece alucinante que puedas rodar Donde caben dos y al mismo tiempo, casi, que te meses los cabellos con Yerma… De repente, de una cosa me iba a la otra, a tirarme al suelo y a dejarme las rodillas en el escenario, porque además es una versión, de Lola Blasco, con la directora Pepa Gamboa, que es una genia estratosfé­rica, superpunk y muy muy pasional. Todo es fuego. Todo lo contrario a lo que parece Yerma, todo negro y todo seco. Aquí no, aquí todo es candela. Entonces, es como una catarsis total. Y me lo paso divinament­e.

(Se oye a su madre).

¿Está tu madre en casa? ¿Está ahora viviendo contigo? No, mi madre vive en Sevilla. Pero mi madre, siempre que viene a Madrid, se viene pa’ca, por suerte. Y, por suerte, así la disfruto. Mi madre y yo somos de no soltarnos nunca y estamos siempre bastante conectadas. Nos hablamos mucho y constantem­ente sabemos la una de la otra, qué estamos haciendo y qué no… Realmente compartimo­s una amistad. Y si no estamos juntas, todo el tiempo es el teléfono y, si no, la videollama­da, lo que sea. Pero cuando viene, se viene aquí. Claro, ella, la reina. Eso es lo único, que donde hay patrón...

No manda marinero… Pero es que la una sin la otra no vivimos. Es tremendo.

Cuando nos conocimos, tú madre aún no había rodado con tu hermano Carmina o revienta. Entonces, era solo (aunque nada más y nada menos) tu madre. Ahora es una star. ¿Cómo es vuestra relación ahora? Es muy bonita porque es exactament­e igual. Lo único, que ya no solamente hablamos de cosas de madre e hija. Ahora compartimo­s oficio, compartimo­s compañeros: “¡Mamá, que me ha llamado mengano y que quiere hablar contigo! Oye, que he estado rodando con fulanito y me da muchísimos besos que a ti”. Y le explico. Y ella me explica. Ella ya sabe perfectame­nte el funcionami­ento de un rodaje porque ya se ha hecho varias series, se ha hecho un thriller ella sola, se ha hecho dos películas de protagonis­ta. O sea, que ya tiene un recorrido, una experienci­a, se sabe perfectame­nte todo el lenguaje cinematogr­áfico… Y entonces es un gustazo porque hablo con ella como una colega. A mí me encanta compartir la opinión de los textos. Cuando ella tiene algo, yo me lo leo y entonces lo trabajamos juntas. “Mamá, pues mira, yo creo que por aquí”. Y ella “Mira Mari, mira”. A mí, lo que más me gusta de mi madre es que ella se lo pasa bien cada cosa que hace.

¡Qué bueno! Con cada cosa que se enfrenta, se lo pasa pipa… Es divertida, generosa… Y que no se acuerda de que la gente la conoce. No se acuerda. Y lo vive todo con una libertad absoluta y eso es lo mejor. Le gusta trabajar porque le gusta compartir, le gusta vivir y se da cuenta de que este juego le divierte mucho.

Ese es el quid de la cuestión en cualquier trabajo… Si no se divierte, no lo hace. Claramente te dice: “Yo me quedo en mi casa con mi Antonio y mi hija y me lo paso divinament­e”. Pero si se divierte, ella dice: “Ay, por favor, yo quiero, yo quiero, venga”. Y se lanza. Y eso es algo que yo espero de la vida y que espero nunca perder.

Tu madre tiene una edad en la que se puede permitir lo que quiera… Pero yo creo que esa libertad es suya, de verdad, porque recuerdo cuando hizo El silencio del pantano, donde ella tenía un personaje con el que tenía que componer voz, físico… era una cosa muy difícil. Fue alucinante que, con la edad, sin tener ningún tipo de necesidad (por suerte), ella dijera “No no, es que yo me quiero enfrentar a esto” y cambiara su infraestru­ctura de vida durante tres semanas, se desplazara a Valencia y fuera tan disciplina­da que recitaba el texto tal y como estaba escrito. Tal cual. Porque se lo había estudiado y porque había hecho un esfuerzo. Y eso a mí me conmovió y me enseñó mucho, porque ella quiso aprender y eso es una maravilla. Y luego, ella, es reírse hasta de su sombra. Es disfrutona. Es brillante verla, vamos.

De casta le viene al galgo, porque tú estás dispuesta a tirarte a la piscina sin agua… Porque me gusta demasiado esto, tío. Es como un amor, como una droga. Y me lo paso tan bien que el corazoncit­o se pone a mil. Y yo estoy al universo agradecida y por eso no dejo de trabajar y de esforzarme.

María, ¿tú tienes más de plató o de escenario? O sea, ¿dónde realmente tú dices: ‘coño, aquí, sí’? No te sé decir… Es droga. Me gusta todo. El escenario tiene algo de tierra y de algo más, digamos, de vientre, de lo que me dedico. Es como una raíz. Ahí no hay ni trampa, ni cartón. Yo tengo la sensación de que como actriz, en un teatro, estoy con el oído pegado al corazón del personaje. “Bum, bum”. Lo sientes, siente cómo anda, siente cómo se mueve, siente cómo respira. Pero cuando yo llego a un set, veo un cable y me vuelvo loca: “¡Olé, olé, olé, olé, olé!” Y veo la silla, y veo el fondo, y veo una maqueta en negro. Digo: “Olé, olé. Aquí es donde yo tengo que estar”. Es que no puedo ser más feliz, de verdad. Una felicidad de como cuando estás enamorada y el amor es mutuo. Ese primer amor de los 15 años que tú te dices: “¿Pero esto que me pasa qué es?”. Eso es lo que yo siento cada vez que trabajo, un amor de adolescent­e. Y, entonces, claro, no hay fin, no hay límite. A ver, también hay momentos y momentos. Yo he tenido una edad con una energía que me he dado la vuelta de campana, he saltado al potro y ¡toma canasta! Ahora, que he hecho tantas veces eso, de repente, me permito decir: “Bueno, hoy, una sentadilla y nada más”. ¿Sabes lo que te digo?

Y esa sentadilla donde la haces más cómodament­e, ¿en la comedia o en el drama? A ver, yo suelo poner el mismo ejemplo porque me parece que es muy gráfico. Tú, cuando te metes en la piscina, la disfrutas siempre igual, pero hay veces que te tiras de bomba y hay veces que te pones a hacer un largo, ¿no? Para mí la comedia y el drama es eso. Es detenerme a nadar y hacerme un largo con un tiempo muy concreto, porque tiene otro tiempo. Y de repente la comedia es todo movimiento, destreza y ligereza. Y a mí las dos me ponen muchísimo. Y quiero hacer muchos de los dos porque creo que tengo que aprender mucho de cada género.

Tú eres incansable, luego dices lo de la sentadilla, pero sé que no… Yaaaa… Yo cuanto más hago, más quiero... De pronto digo: “Qué difícil es esto… ¿por dónde puedo ir? Voy a hacer esto, voy a hacer lo otro, voy a intentarlo”. Y como me gusta y todo ese proceso me encanta, voy como una rata, ¿sabes? “Ti, ti, ti”… Me canso cuando llego a casa. Eso sí .... No es lo mismo hace diez años que ahora. Porque le pongo el mismo corazón. Pero por suerte, ahora, me he ocupado de tener una bañera porque necesito descansar… El otro día termine de rodar y tenía la muñeca hinchada. Me había hecho un esguince. Me preocupé porque dije: “Van a pensar que soy subnormal, que no he dicho nada”. Me hice un daño tremendo… Le di un porrazo a una cosa con tanta verdad que…

Porque no te diste cuenta hasta que te quedaste fría… Cuando volví a ser yo. Mira, el otro día me encontré fumando el doble. Mi personaje fumaba, pero me dicen “corten” y salgo a fumar. “Pero chica, si estás fumando todo el rato…” Yaaaa… pero como fumo actuando, de eso no me entero.

¿Y vas a poder tú dejar de fumar por cierto? Sí, vamos, es que tengo que poder. Sí o sí. Yo soy disfrutona y lo he disfrutado y lo disfruto y siempre lo he dicho “me gusta mucho”, pero es verdad que da la casualidad –y no en broma–, que las veces que me he puesto seria y he dicho “voy a disminuir y me voy a poner seria y tal”, lo he conseguido. Pero, de repente te viene un personaje y el director te dice: “No no, quiero que estés fumando todo el rato”. Y tú: “Bueno, pues a tomar por culo todo lo que he hecho hasta ahora”. Pero me gustaría dejarlo ya por cabezonerí­a.

Poco a poco, sin obsesionar­te, que da ansiedad… Eso es, que es necesario permitirse. No exigirse, no castigarse, sino perdonarse y entender que cada uno lo hace como puede y cuando debe. Porque hay un momento para todo. Me parece que no hay que castigarse, hay que abrazarse todo el rato. Mucho.

Oye, María, y ahora que solo haces alguna sentadilla, cuando te ves haciendo piruetas como en La voz dormida, ¿cómo ves a aquella María León? A mí me da muchísima ternura, lo limpita que era y las ganas que tenía de todo. Lo que veo es mis ganas. Y tanta verdad. Y mi disfrute. Y también me meo de la risa porque digo “qué poca vergüenza tenía y qué guay no tenerla”

Vergüenza tú has tenido poca… ¡Oye!

Pero también te lo has currado como una jabata. ¡Esa es la combinació­n perfecta! Ha habido mucho pedaleo a la bici y en un no parar… Recuerdo haberme metido a trabajar en una tienda de ropa (porque me encanta recordar todo eso muchísimo) y cómo casi me ingresan en un hospital por intentar conseguir una baja para un casting…

¿Cómo…? ¡Eso yo no lo sabía! Es que la lié, porque yo estaba trabajando para pagar mi piso. Estaba de estudiante… No nos conocíamos todavía. Ya había hecho yo algún episódico, no te creas… Y el director de mi escuela de teatro, Juan Carlos Sánchez, montó una función. Entonces, estaban buscando a chavales de mi edad para hacer el casting para la función de teatro. Y yo pedí el día en el trabajo pero no me lo daban. Así que me levanté ese día y dije: “Me voy para el hospital ya” y llegué haciendo el papel de mi vida. Sufriendo un cólico nefrítico para que me dieran la baja.

¡No es verdad! Y ya dentro, me dice la muchacha (la médico) “Te voy a observar”. Yo sabía dónde duele un cólico porque a mí me dio una vez uno y es un dolor muy concreto. Entonces yo: “Ahí, ahí”. La muchacha: “No hay duda, es un cólico nefrítico, mira te voy a poner en vena un calmante”. Me tumban en una camilla, me abren una vía y me lo ponen. Yo sintiendo aquello por mi cuerpo, me levanto y le digo a la muchacha: “Oiga, ¿Yo podré comer?”. Y me dice: “Si te apetece, sí”. Digo: “Bueno, pues como después”. Así que, allí, en la camilla, como una moto, esperando a que se me pasara el dolor cuando a mí no me dolía nada… Ahora, yo tenía un pedo que no lo quería ni yo... Pero ahí, no queda la cosa. Me dice “¿qué tal?” Y pienso “María, no le digas que bien porque un cólico nefrítico siempre da un reflejo de dolor”. Y entonces le digo: “Mucho mejor. Mas aliviada. Pero hombre, un poquito de reflejo me queda”. Y me contesta: “Eso te lo tengo que quitar. Te voy a pinchar en el culo”. “Pero, por favor, que me da miedo la aguja”, le contesto. Y me chista: “¿Qué prefieres, el dolor o la aguja?”. Claro. Tenía que mantener la mentira. “Efectivame­nte, toda la razón del mundo, pínchame”. Y me puse en pompa… Miraaa…. Me fui para mi casa con un pedal… Pero con la baja. Me compré para hacer un gazpacho, me lo hice y me acosté con el gazpacho bebido. Al día siguiente me levanté con la cara como Falete y toda llena de gazpacho. Pero, la baja, chica, me la dieron. Me fui hacer el casting y el papel me lo dieron también. Y estuve un año de gira por Latinoamér­ica. ¡Ea! Lo conseguí. Eso fue interpreta­r de verdad.

Pero ¡qué grande! No recuerdo cómo llegué a casa. Pero sí que me acuerdo que pensé: “Lo tienes, lo tienes y si te caes por el camino da igual, la baja no la pierdas”.

(Se vuelve a oír a su madre) ¿Qué quieres? (A ella).

Creo que te reclaman y yo no te quiero entretener más, María, que te tengo colgada al teléfono más de una hora y media.

Oye, es verdad, todo lo que llevamos…. ¡Uuuh!, no me he dado cuenta… Pero eso es señal de que nos divertimos. Pero ahora, te dejo, cariño.

Te adoro. Te adoro más.

Y como a la gata, estaré esperándol­a para cuando quiera volver.

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Visera, de Dior, y bomber color rosa y morado, de Louis Vuitton.
 ??  ?? Top de cuello alto de canalé con puños con volantes y pantalón ajustado y elástico, ambos de Elisabetta Franchi.
NOTA DE BELLEZA En este look, María lleva la barra de labios líquida “no transfer” Rouge
Dior Forever 959. Los labios han sido previament­e perfilados con el lápiz Dior Contour 080.
Top de cuello alto de canalé con puños con volantes y pantalón ajustado y elástico, ambos de Elisabetta Franchi. NOTA DE BELLEZA En este look, María lleva la barra de labios líquida “no transfer” Rouge Dior Forever 959. Los labios han sido previament­e perfilados con el lápiz Dior Contour 080.
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 ??  ?? La piel de María es impecable, explica Pedro Cedeño para @diormakeup, solo ha necesitado una capa de primer Dior Forever Skin Veil SPF20 para unificar la tez y alargar la duración de la base de maquillaje Forever Natural Nude, aplicada en las zonas que necesitan más corrección. Un toque de polvos Forever Cushion Powder sella el conjunto para una duración de 24h. 1. Labial Rouge Dior Forever Liquid (41 €). 2. Sombra de ojos 5 Couleurs Rouge Trafalgar (62 €).
La piel de María es impecable, explica Pedro Cedeño para @diormakeup, solo ha necesitado una capa de primer Dior Forever Skin Veil SPF20 para unificar la tez y alargar la duración de la base de maquillaje Forever Natural Nude, aplicada en las zonas que necesitan más corrección. Un toque de polvos Forever Cushion Powder sella el conjunto para una duración de 24h. 1. Labial Rouge Dior Forever Liquid (41 €). 2. Sombra de ojos 5 Couleurs Rouge Trafalgar (62 €).
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 ??  ?? El maquillaje en tonos coral utilizado en la piel de María se completa con un toque de colorete Dior Backstage Rosy Glow en tono 004 Coral, en el centro de las mejillas. El maquillado­r ha terminado con un toque de iluminador
Dior Backstage Face Glow Palette en los puntos más prominente­s del rostro para captar la luz. 1. Primer Dior Skin Forever Skin Veil SPF 20 (47 €).
2. Sombra de ojos Mono Couleur Couture Satin Sienna (34,50 €).
El maquillaje en tonos coral utilizado en la piel de María se completa con un toque de colorete Dior Backstage Rosy Glow en tono 004 Coral, en el centro de las mejillas. El maquillado­r ha terminado con un toque de iluminador Dior Backstage Face Glow Palette en los puntos más prominente­s del rostro para captar la luz. 1. Primer Dior Skin Forever Skin Veil SPF 20 (47 €). 2. Sombra de ojos Mono Couleur Couture Satin Sienna (34,50 €).
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 ??  ?? Traje de cuadros naranja y dorado, de Cyrana Jeune. Pendientes con aros dorados, de Pedra by Pedrazuela.
NOTA DE BELLEZA
Los ojos se han realzado con un maquillaje en tonos rojizos, mezclando la paleta 5 Couleurs 879 Trafalgar y la sombra de ojos Diorshow Mono Couleur Couture en tono
446 Sienna Satin.
Máscara de pestañas
Diorshow Iconic Overcurl 090 Black. Y barra de labios líquida “no transfer” Rouge Dior Forever Liquid
en tono 458.
Traje de cuadros naranja y dorado, de Cyrana Jeune. Pendientes con aros dorados, de Pedra by Pedrazuela. NOTA DE BELLEZA Los ojos se han realzado con un maquillaje en tonos rojizos, mezclando la paleta 5 Couleurs 879 Trafalgar y la sombra de ojos Diorshow Mono Couleur Couture en tono 446 Sienna Satin. Máscara de pestañas Diorshow Iconic Overcurl 090 Black. Y barra de labios líquida “no transfer” Rouge Dior Forever Liquid en tono 458.

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