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RAPHAEL 60 AÑOS DE HISTORIA DE LA MÚSICA

- Por Miriam Rubio Foto Manu Bermúdez

El artista presenta ‘Raphaelism­o’ en el festival de cine de San Sebastián. En la serie documental resume 60 años de carrera, pero también muestra aspectos hasta ahora desconocid­os del hombre que se esconde tras el artista que lo ha logrado todo encima del escenario.

loslos títulos de las canciones más famosas de Raphael darían, por sí solos, para escribir una crónica de su vida. Seguro que alguien lo ha hecho ya, porque sus éxitos son tantos, y de tal magnitud, que costaría muy poco hilar una historia a partir de ‘Yo soy aquel’, o ‘Mi gran noche’ hasta llegar a ‘Qué sabe nadie’. Esa crónica serviría, además, para darnos cuenta de que, aunque su leyenda le precede, quedan muchas cosas por saber y por contar de Raphael. Y eso que se ha escrito mucho sobre él. Pero es ahora, cuando acaba de cumplir seis décadas sobre el escenario, cuando vamos a escuchar todas esas cosas en boca del propio Raphael y de quienes le conocen de cerca. Porque el artista estrena estos días en el Festival de San Sebastián Raphaelism­o, una serie documental de cuatro episodios que Movistar+ ha producido con factura cinematogr­áfica y que estará disponible en 2022. Hablamos con Raphael sobre este proyecto y repasamos esos 60 años de carrera que está celebrando con una gira.

En seis décadas se ha contado mucho sobre usted, pero es la primera vez que escuchamos algunas historias de su boca. ¿Por qué ahora?

Pues porque todo en la vida tiene su tiempo. Las cosas que se hacen a los 15 años ya no son igual a los 30. Y hay una edad en la que hay que mostrarle todo a la gente, que te lo va a agradecer porque ha estado toda su vida apoyándote y se merece todo. Se merecen que les cuente la verdad de esta historia, de lo que me costó y lo que no, y que les muestre escenas mías con mi familia, con mis amigos, de lo que es mi mundo. Llega un momento en la vida en el que puedes mostrarlo y estar orgulloso de poder hacerlo. Y así no hay que inventarse nada, simplement­e hay que recordar.

60 años, desde luego, dan para mucho. ¿Qué se van a encontrar los fanes de Raphael?

Ellos saben mucho de mí, pero se van a sorprender mucho y gratamente. Hay una parte que no conocen, que es la parte familiar y la parte más íntima, y ahí la tienen.

En ese viaje por su memoria participan también su mujer, Natalia Figueroa y sus hijos, Manuel, Alejandra y Jacobo Martos. ¿Se ha llevado usted alguna sorpresa al ver el resultado?

Sí, porque no te creas que sabía que tenía tantas cosas guardadas. Me he llevado unas sorpresas tremendas. Sobre todo, de cosas con mis hijos, de escenas familiares que sabía que existían, pero no sabía ni donde estaban. En mi casa de Miami se han encontrado cosas que son tesoros para nosotros.

Así que este proceso ha servido para encontrar escenas olvidadas.

Bueno, aparte ha sido también de demostrarm­e a mí mismo cosas. Es relativame­nte fácil tener un éxito. Mantenerlo y hacerlo durante 60 años es como imposible. Y yo lo he conseguido, con muy buenas artes, y estoy muy orgulloso de poder decirlo a los cuatro vientos.

¿Cuál cree que ha sido el secreto para llegar hasta aquí?

Yo creo que la inmensa afición que he sentido siempre por esta profesión, de la cual vivo enamorado, con el permiso de mi mujer y mis hijos. Estoy totalmente cautivado y no hay año que no dé un zambombazo. Porque la siento en el alma. Me gusta tanto mi profesión que, si no existiera, yo tendría que inventarla.

Habla usted de su gusto por el arte, pero su entorno habla de lo duro que trabaja.

Es porque me gusta trabajárme­lo. Yo no soy un artista al que le hayan dado las cosas por su cara bonita. A mí me ha costado muchísimo trabajo. Y por eso lo disfruto todavía mucho más. ¿Sabes cuándo he disfrutado al máximo de mi vida profesiona­l? El día que volví al teatro en la Zarzuela después del trasplante. Ese día en algún momento lo veremos retratado y la gente va a alucinar. Porque yo, hablándote de ello, alucino. Ese momento de volver a vivir y estar de nuevo en mi sitio, que es el escenario, fue impresiona­nte.

Es más que renacer, porque cuando yo nací, no me enteré (risas). Sin embargo, en este renacimien­to me enteré de todo. De lo bueno y de lo malo.

Tuvo que ser, en cierto modo, renacer. Habla usted del trasplante de hígado al que se sometió en abril de 2003. ¿Cómo le cambió la perspectiv­a?

Antes yo era un tipo bastante nervioso, porque la responsabi­lidad era mucha, pero desde mi trasplante me volví una persona tranquila. Salgo al escenario pisando fuerte pero despacio, nada de carreras. Y salgo a disfrutar, al igual que el público que está enfrente de mí. Disfruto lo que antes no disfrutaba porque estaba muerto de miedo siempre.

Entre sus grandes éxitos hay uno de récord. Es usted uno de los únicos cuatro artistas del mundo que tiene un disco de uranio.

Sí, pero ahora ya no se dan discos de uranio, porque se concedían a los 50 millones de discos vendidos.

Ha cantado con infinidad de artistas, pero siempre recuerda que se quedó sin hacerlo con Édith Piaf. ¿Hay alguien más con quien lo tenga pendiente?

Principalm­ente fue con ella. Yo soy artista por Édith Piaf. En el primer cartel que tengo como artista, estoy anunciado con ella. Ella mucho más grande y yo mucho más pequeñito, en Valencia. Pero se puso enferma y mandaron a Juliette Gréco, también muy buena, pero no era ella. A los dos o tres meses, Édith Piaf murió y al poco tiempo de todo esto, yo debuté en el Olimpia y me vestí en el mismo camerino que ella. Siempre ha sido para mí como un talismán de la suerte.

Durante su juventud, el fenómeno fan era terrible con usted. Le perseguían como a un Beatle. ¿Cómo se lleva con la fama?

Yo muy bien. Estoy tan acostumbra­do que la vivo muy bien y muy tranquilo. No hago aspaviento­s por nada en ese sentido. La vivo con mucha naturalida­d, porque tengo amigos que asombran. Muchos amigos. Pero es que son mis amistades normales.

Usted es famoso en España, en Hispanoamé­rica, en Estados Unidos y hasta en Rusia. Y allí lo era incluso antes de que cayera el telón de acero y hasta visitó el país.

¡Es que no teníamos relaciones diplomátic­as! El primer viaje fue muy emocionant­e. Habré ido como de 15 a 18 veces y verás cuando aparezca por ahí el año próximo. Toda la gente que tendría entonces 18 años, cuando empezaba a estudiar la carrera, estudiaba español para entenderme. Todo el mundo turístico habla español por mi culpa porque se empeñaron en entender mis canciones antes de mi llegada por una película que subtitular­on en ruso. En tres años que duró esa gestación de que el público en la URSS me conociera, se hizo esa Raphaelman­ía y el aprender español.

Cuenta la leyenda que Raphael siempre cumple 23 años…

Ya no, he dejado de cumplirlos. Pero hubo, por lo menos 40 años, que cumplí 23 (se ríe). En realidad, era por fastidiar. Porque me hacía gracia porque cada año me preguntaba­n cuántos tenía. ¡Pues un año más que el pasado, anda que es difícil! Además, a los artistas en todas las crónicas nos ponen la edad que tenemos. Pero que llegó un momento en el que me dije: “¿Qué tontería?” Y solté mi edad.

¿Y qué consejo le daría al Raphael de 23 años?

Consejos no, fíjate. Soy una persona a la que no le gusta nada eso. Y siempre pienso que podía haber hecho algo mucho mejor… soy un inconformi­sta total. Pero, por una vez y sin que sirva de precedente, le diría: “Majo, has hecho las cosas”.

Bueno, quizá habría que decirle que las ha hecho bien.

Ya no lo decimos más, pero sí, las he hecho bien.

“Es relativame­nte fácil tener un éxito. Mantenerlo y hacerlo durante 60 años es como imposible. Y yo lo he conseguido, con muy buenas artes, y estoy muy orgulloso de poder decirlo a los cuatro vientos”

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