Pe­lé

Magazine Futbol Tactico - - Sumario - Re­dac­tor: Héc­tor García

Es im­po­si­ble hablar de la his­to­ria de los Mun­dia­les sin men­cio­nar a su ‘Rei’: Pe­lé. El mi­to bra­si­le­ño ana­li­za en una en­tre­vis­ta cedida por FIFA las op­cio­nes de la ca­na­rin­ha y re­pa­sa sus mun­dia­les.

“BRA­SIL SIEM­PRE TIE­NE PO­TEN­CIAL PA­RA SER CAM­PEO­NA DEL MUN­DO”

Alos 77 años, es us­ted to­da­vía un si­nó­ni­mo de la Co­pa Mun­dial de la FIFA. ¿Qué ha re­pre­sen­ta­do es­te tor­neo en su vi­da? “Es cier­to, ¡ten­go mu­chí­si­mas his­to­rias de la Co­pa del Mun­do! Un tor­neo en el que, si bien siem­pre tu­vi­mos di­fi­cul­ta­des, sa­li­mos ven­ce­do­res. En 1958 fue un sue­ño: era un ni­ño, na­die creía que lo lo­gra­ría­mos. A Vi­cen­te Feo­la lo cues­tio­na­ban, le pre­gun­ta­ban có­mo que­ría ga­nar la Co­pa en Sue­cia con un chi­co de 17 años en el equi­po. ¡Y la ga­na­mos! Des­pués en 1962, cuan­do Bra­sil es­ta­ba bien, tu­ve una le­sión e igual ga­na­mos la Co­pa. En Inglaterra me rom­pí un me­nis­co y no lo lo­gra­mos, pe­ro en 1970 ju­gué to­dos los par­ti­dos. Ce­rré un ci­clo perfecto: em­pe­cé y ter­mi­né co­mo cam­peón”

En aque­lla fi­nal con los sue­cos en 1958, us­ted mar­có un ver­da­de­ro go­la­zo que in­clu­yó un som­bre­ro aden­tro del área. ¿En qué mo­men­to de­ci­dió ha­cer se­me­jan­te ma­nio­bra? “Si di­je­se que pensé to­da la ac­ción es­ta­ría min­tien­do (ríe). Fue una reac­ción es­pon­tá­nea. Gra­cias a Dios, ese era uno de los pun­tos fuer­tes que te­nía co­mo ju­ga­dor. La im­pro­vi­sa­ción, el po­der cam­biar so­bre la mar­cha. En ese mo­men­to te­nía que re­sol­ver rá­pi­da­men­te y al­can­cé a ma­tar el ba­lón con el pe­cho. Pe­ro co­mo el de­fen­sor me apu­ró con la pier­na en al­to tu­ve que ti­rar ese som­bre­ro. Dios me dio esa fuer­za. ¡No tu­ve tiem­po de pen­sar!”

Por el con­tra­rio, el gol a Ita­lia en la fi­nal de 1970 en Mé­xi­co, de ca­be­za, fue digno de un go­lea­dor clá­si­co… “Esa ju­ga­da es­ta­ba en­tre­na­da. No to­do el mo­vi­mien­to, cla­ro, pe­ro sí el po­si­cio­na­mien­to. Sa­li­mos de un sa­que lateral y te­nía­mos en cla­ro que, en vez de acom­pa­ñar el ba­lón -co­mo ha­cen mu­chos ju­ga­do­res­te­nía­mos que ir por el otro la­do y es­pe­rar. Cuan­do la ju­ga­da iba por la iz­quier­da, yo es­pe­ra­ba un po­co más atrás por la de­re­cha. Y eso hi­ci­mos con Ri­ve­lino. A la lar­ga fue una coin­ci­den­cia, pe­ro lo te­nía­mos bas­tan­te en­sa­ya­do”

¿Re­cuer­da bien el ca­be­za­zo? “Cla­ro. Es al­go que traía de fa­mi­lia. Mi pa­pá, que era ju­ga­dor tam­bién, ha­cía mu­chos go­les de ca­be­za. Yo siem­pre que­ría imi­tar­lo. Nun­ca fui muy al­to pe­ro te­nía bue­na fuer­za de pier­nas. Mi pa­dre siem­pre me de­cía: “la ma­yo­ría de los ju­ga­do­res cie­rran los ojos pa­ra ca­be­cear. Cuan­do te lle­gue el ba­lón abre bien los ojos, eli­ge dón­de ubi­car el ba­lón”. Lo en­tre­né mu­chí­si­mo, lo que me per­mi­tió con­ver­tir va­rios tan­tos así. ¡Hay que abrir los ojos y ca­be­cear ha­cia aba­jo!

Pe­ro no siem­pre re­sul­ta, ¿ver­dad? ¡To­dos re­cuer­dan aún la ata­ja­da de Gor­don Banks!

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