NUE­VE RE­CUER­DOS DE NUE­VE MUN­DIA­LES

Magazine Futbol Tactico - - La Estrella - La opi­nión de ... JAVIER VA­RE­LA

El Mun­dial es la gran fiesta del fút­bol pa­ra los que ama­mos es­te de­por­te. Ca­da uno tie­ne sus pro­pios re­cuer­dos de las ci­tas mun­dia­lis­tas, pe­ro en mi me­mo­ria só­lo exis­ten 10 mun­dia­les, con el de Ru­sia, aun­que mi pri­mer re­cuer­do de una Co­pa del mun­do es de 1982, cuan­do só­lo te­nía 8 años y con Es­pa­ña co­mo anfitriona. Aquel equi­po pa­só con más pe­na que gloria en el pri­mer cam­peo­na­to con 24 se­lec­cio­nes en la fa­se fi­nal. La se­lec­ción só­lo ga­nó 1 de los cin­co par­ti­dos que ju­gó y fue con polémica ar­bi­tral. Em­pe­zó em­pa­tan­do con Hon­du­ras de pe­nal­ti (1-1) y an­te Yu­gos­la­via ga­nó tras un pe­nal­ti -que era fue­ra- y que el co­le­gia­do man­dó re­pe­tir tras el fa­llo de López Ufar­te (2-1). Lue­go per­die­ron an­te Ir­lan­da (0-1), Ale­ma­nia (1-2) y se des­pi­die­ron con un tris­te em­pa­te an­te Inglaterra (0-0)

Del Mun­dial de Mé­xi­co 1986 hay dos imá­ge­nes que siem­pre es­ta­rán en mi me­mo­ria y las dos pro­ta­go­ni­za­das por Die­go Ar­man­do Ma­ra­do­na. Aquel go­la­zo que se ha vis­to re­pe­ti­do mi­llón de ve­ces y que le co­ro­nó co­mo el gol de los go­les y aque­lla 'mano de Dios' que le per­mi­tió a Ar­gen­ti­na de­rro­tar a Inglaterra y que se con­vir­tió en un sím­bo­lo de la au­sen­cia de 'fair play'. Cua­tro años des­pués la ci­ta fue en Ita­lia y Bi­lar­do el se­lec­cio­na­dor ar­gen­tino. En el par­ti­do an­te Bra­sil, Bran­co pi­dió agua al ban­qui­llo ar­gen­tino y és­te le dio una bo­te­lla que no con­te­nía agua sino vó­mi­to -co­mo se des­ve­ló años des­pués-. La ca­ra del bra­si­le­ño al beber dio la vuel­ta al mun­do.

El co­da­zo de Tas­sot­ti a Luis en­ri­que fue la ima­gen del Mun­dial de Es­ta­dos Uni­dos en 1994. Fue en cuar­tos de fi­nal y Es­pa­ña bus­ca­ba el pa­se a se­mi­fi­na­les an­te la po­de­ro­sa Ita­lia, que ter­mi­nó sub­cam­peo­na. Ro­ber­to Bag­gio ade­lan­tó a la 'az­zu­rra' en el mi­nu­to 88 y en el 93, el de­fen­sor ita­liano Tas­sot­ti, pro­pi­nó un co­da­zo a Luis En­ri­que que, con la na­riz ro­ta y la ca­ra en­san­gren­ta­da, pe­día ex­pli­ca­cio­nes al co­le­gia­do San­dor Phul que no se­ña­ló pe­nal­ti. Y si en Es­ta­dos Uni­dos nos echó un ár­bi­tro, en Fran­cia 1998 un fa­llo de Zu­bi­za­rre­ta de­jó muy to­ca­da a la se­lec­ción de Javier Cle­men­te des­de el pri­mer par­ti­do an­te Ni­ge­ria. El por­te­ro vas­co metió den­tro de su por­te­ría un ba­lón que cla­ra­men­te no te­nía ningún peligro y la se­lec­ción ter­mi­nó per­dien­do 2-3. En el se­gun­do par­ti­do em­pa­tó an­te Pa­ra­guay (0-0) y la goleada an­te Bul­ga­ria (6-1) no sir­vió pa­ra que se fue­ran a ca­sa en la pri­me­ra fa­se. De nue­vo un ár­bi­tro fue el pro­ta­go­nis­ta de un Mun­dial y un par­ti­do de Es­pa­ña. Es­ta vez fue Al-Ghan­dour y su asis­ten­te el que de­ci­dió anu­lar un gol -que ha­bía si­do le­gal- ale­gan­do que el cen­tro pre­vio al re­ma­te se ha­bía he­cho des­de fue­ra del cam­po. Un error ga­rra­fal que de­jó a Es­pa­ña fue­ra de las se­mi­fi­na­les y a los an­fi­trio­nes, Co­rea del Sur, en una cla­si­fi­ca­ción his­tó­ri­ca. Del Mun­dial de 2006 en Ale­ma­nia, me que­do con el ca­be­za­zo de Zi­da­ne, un fut­bo­lis­ta con una cla­se des­co­mu­nal que per­dió los ner­vios an­te Ma­te­raz­zi y que ca­yó en la tram­pa del ita­liano. El aho­ra en­tre­na­dor del Real Ma­drid le pro­pi­nó un ca­be­za­zo al ita­liano, des­pués de que es­te es­tu­vie­ra to­do el par­ti­do pro­vo­cán­do­le. Un gol, el de An­drés Inies­ta, es sin du­da mi me­jor re­cuer­do de un Mun­dial. Además de por lo que sig­ni­fi­có, por quién lo hi­zo y en qué mo­men­to lo con­si­guió. Es­pa­ña se pro­cla­mó cam­peo­na del mun­do por pri­me­ra vez gra­cias a ese de­re­cha­zo del azul­gra­na que se ga­nó un hue­co en la his­to­ria de los mun­dia­les y en la de to­dos los es­pa­ño­les. Y del úl­ti­mo Mun­dial has­ta la fecha, sin du­da la ima­gen que ten­go en la re­ti­na es la goleada (7-1) de Ale­ma­nia an­te la anfitriona Bra­sil en se­mi­fi­na­les. Aque­lla hu­mi­lla­ción do­lió más que ha­ber caí­do en la fi­nal o que el pro­pio Ma­ra­ca­na­zo■

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