El (no tan ) mi­la­gro del Es­teaua de Bu­ca­rest

Magazine Futbol Tactico - - Sumario - Re­dac­tor: Héc­tor García

Ha pa­sa­do a la his­to­ria co­mo uno de los triun­fos más ines­pe­ra­dos de la Co­pa de Eu­ro­pa. Pe­ro el Steaua, aun­que in­fe­rior al FC Barcelona, era un equi­po de ca­te­go­ría.

El Steaua de Bu­ca­rest ca­mi­na en la ac­tua­li­dad por un mo­des­to se­gun­do plano. Des­de 2015 no do­mi­na la li­ga de Ru­ma­nía y su pa­so por Eu­ro­pa se es­cri­be en la Eu­ro­pa Lea­gue, don­de no con­si­gue pasar de la pri­me­ra fa­se. Son los tiem­pos tris­tes de un equi­po que una vez vi­vió el sue­ño más gran­de posible: ga­nar la vie­ja Co­pa de Eu­ro­pa. To­do con el or­gu­llo de ser el pri­mer equi­po de Eu­ro­pa del Es­te en con­se­guir­lo y con ju­ga­do­res nacionales. Pe­ro an­tes de eso ire­mos al co­mien­zo, a los orí­ge­nes de es­te club. El Es­tre­lla de Bu­ca­rest (eso sig­ni­fi­ca Steaua) na­ció en 1947, ape­nas fi­na­li­za­da la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial. Ofi­cia­les de la Ca­sa Real Ru­ma­na fun­da­ron el club de­por­ti­vo del ejér­ci­to me­dian­te un de­cre­to fir­ma­do por el general Mihail Las­car. Su pri­mer nombre fue ASA Bu­ca­rest y re­cién en 1961 ad­qui­rió su de­no­mi­na­ción ac­tual. Lo­gró su pri­mer tí­tu­lo de Li­ga en 1951 y des­de ese año se con­vir­tió en uno de los cua­dros más im­por­tan­tes del país. Ac­tual­men­te, su­ma 25 cam­peo­na­tos de Li­ga, 21 Co­pas y 6 Su­per­co­pas. To­do ellos, co­mo he­mos di­cho, an­tes de 2015. Des­de en­ton­ces, el re­loj del Steaua se que­dó pa­ra­do.

Lo sue­ños de los afi­cio­na­dos del gi­gan­te ru­mano se re­tro­traen a la no­che del 7 de ma­yo de 1986 en Se­vi­lla, Es­pa­ña. El es­ce­na­rio pa­ra la fi­nal fue el Sán­chez Piz­juán. El ri­val el FC Barcelona. Ahora uno de los gran­des, con cin­co Cham­pions Lea­gue. Sin em­bar­go, en 1986 to­da­vía no sa­bía lo que era rei­nar en Eu­ro­pa. To­dos dieron por cla­ro fa­vo­ri­to a los azul­gra­na. Y era

JÜR­GEN KLOPP LO TRANS­FOR­MÓ TO­DO. CREÓ UN EQUI­PO ORI­GI­NAL, SIM­PÁ­TI­CO HA­CIA EL AFI­CIO­NA­DO Y, POR SU­PUES­TO, GANADOR

cier­to, aun­que no tan­to. La fal­ta del co­no­ci­mien­to del ri­val en Es­pa­ña ha­cía pre­sa­giar una fi­nal sen­ci­lla pa­ra el FC Barcelona. Sin em­bar­go, el Steaua de Bu­ca­rest no era una ce­ni­cien­ta.

El equi­po campeón de Eu­ro­pa na­ció en la tem­po­ra­da 1984-85, cuando la fa­mi­lia Ceau­ses­cu hi­zo su irrup­ción en el club. Aun­que el pa­pel de Valentin, el hi­jo del dic­ta­dor Ni­co­lae, nun­ca es­tu­vo de­ma­sia­do cla­ro, su pre­sen­cia en la vi­da co­ti­dia­na de Steaua era al­go im­po­si­ble de ocul­tar. Se di­ce que uti­li­zó sus in­fluen­cias pa­ra acer­car ju­ga­do­res y ame­dren­tar ri­va­les, pe­ro nun­ca se pro­bó na­da. En di­cha tem­po­ra­da se for­mó la ba­se del equi­po que sor­pren­de­ría a Eu­ro­pa: Be­lo­de­di­ci, La­ca­tus, Ba­lint, Bö­lö­ni, Pi­tur­ca, Du­ca­dam, e Ior­da­nes­cu. Nom­bres has­ta en­ton­ces des­co­no­ci­dos, pe­ro que lue­go tra­za­rían la mayor ges­ta del equi­po en su his­to­ria y cons­tru­ye­ron un equi­po de épo­ca y en la Se­lec­ción: fue­ron la ba­se del éxi­to en el Mun­dial de Es­ta­dos Uni­dos 94.

En cin­co años, Steaua Bu­ca­rest ga­nó cin­co li­gas con­se­cu­ti­vas, cua­tro co­pas, una Co­pa de Eu­ro­pa, una Supercopa UEFA y ade­más fue sub­cam­peón eu­ro­peo en 1989 y lle­gó a se­mi­fi­na­les en 1988. Por si fue­ra po­co, per­ma­ne­ció in­vic­to por 106 par­ti­dos, la ra­cha positiva más lar­ga de to­dos los tiem­pos. Por to­do es­to, es muy in­jus­ta aque­lla creen­cia po­pu­lar que mar­ca la fra­gi­li­dad del equi­po que per­dió 1-0 con­tra River Pla­te en la In­ter­con­ti­nen­tal 1986.

EL CA­MINO A LA FI­NAL Y EL HÉ­ROE DE SE­VI­LLA

La Co­pa de Eu­ro­pa 1985-86 fue la pri­me­ra des­pués de la tra­ge­dia de Hey­sel y no tu­vo par­ti­ci­pa­ción de los clu­bes in­gle­ses, que habían ga­na­do sie­te de las úl­ti­mas nue­ve ore­jo­nas y eran los me­jo­res del con­ti­nen­te con di­fe­ren­cia. Esa cir­cuns­tan­cia fue apro­ve­cha­da por clu­bes de paí­ses sin de­ma­sia­da tradición, ya que las se­mi­fi­na­les fue­ron pro­ta­go­ni­za­das por Steaua de Ru­ma­nia, Barcelona de Es­pa­ña, IFK Gö­te­borg de Sue­cia y An­der­lecht de Bél­gi­ca. Ade­más, Kuusy­si de Fin­lan­dia y Aber­deen de Es­co­cia lle­ga­ron a los cuar­tos de fi­nal. Va­rios de esos equi­pos fue­ron ri­va­les del Steaua. En pri­me­ra ron­da eli­mi­nó al Vel­je da­nés por un con­tun­den­te 2-5 tras go­lear en ca­sa 4-1. En oc­ta­vos re­pi­tió re­sul­ta­do en ca­sa pa­ra de­jar fue­ra al Bu­da­pest Hon­ved. Los cuar­tos fue­ron con­tra el des­co­no­ci­do Kuusy­si fin­lan­dés, al que ga­nó por un es­ca­so 1-0. En se­mi­fi­na­les las co­sas se tor­cie­ron tras per­der en Bél­gi­ca 1-0 an­te el An­der­lecht. El es­ta­dio se con­vir­tió en una cal­de­ra en el par­ti­do de vuel­ta pa­ra des­tro­zar a su ri­val con un ro­tun­do 3-0. To­das las eli­mi­na­to­rias se

EL STEAUA FUE CAMPEÓN DE EU­RO­PA CON UN EQUI­PO 100% NA­CIO­NAL: TO­DOS SUS JU­GA­DO­RES ERAN RU­MA­NOS

DUC­KA­DAM FUE EL HÉ­ROE DE LA FI­NAL DE SE­VI­LLA PA­RAN­DO CUA­TRO PE­NAL­TIS. ¿EL TRU­CO? PO­NER­SE EN LA PIEL DEL LAN­ZA­DOR

ga­na­ron en Ru­ma­nía, feu­do inex­pug­na­ble. La fi­nal se ju­gó el 7 de ma­yo de 1986 en el es­ta­dio Ra­món Sán­chez Piz­juán de Se­vi­lla. Fue un par­ti­do de­ma­sia­do lu­cha­do, sin bri­llo y con po­cas op­cio­nes de gol. Co­mo así lo qui­so Je­nei, en­tre­na­dor del equi­po ru­mano. Los 120 mi­nu­tos re­gla­men­ta­rios fi­na­li­za­ron em­pa­ta­dos sin go­les y el campeón se de­fi­nió por pe­na­les. En esa se­rie na­ció la le­yen­da del ar­que­ro Hel­muth Duc­ka­dam, quien se con­vir­tió en el “Hé­roe de Se­vi­lla”. El por­te­ro ru­mano ata­jó los cua­tro pe­na­les que le pa­tea­ron y le dio el tí­tu­lo a Steaua.

Años des­pués, Duc­ka­dam con­tó su se­cre­to pa­ra ser el fut­bo­lis­ta cla­ve en esa vic­to­ria: "Me pu­se en la piel del ju­ga­dor y me di­je a mi mis­mo: "Es­te por­te­ro ha ele­gi­do un la­do es­ta no­che, se va a ti­rar al mis­mo si­tio". Así que ele­gí el otro la­do. Él (Marcos Alon­so) pen­só lo mis­mo así que me fui a la iz­quier­da y pa­ré el cuar­to pe­nal­ti”. Así arrui­nó la fies­ta al FC Barcelona, pro­gra­ma­da an­tes de tiem­po. Sí ce­le­bró por to­do lo al­to el Steaua, que ese mis­mo año via­jó has­ta Ja­pón pa­ra ju­gar la In­ter­con­ti­nen­tal. Competición que per­dió an­te River Pla­te por 1-0. Duc­ka­dam no pu­do ju­gar esa fi­nal■

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