Po­lo­nia mu­cho más que un via­je

Re­co­rri­do por un be­llo país que ha sa­bi­do so­bre­po­ner­se al pe­so de uno de los más du­ros epi­so­dios de la his­to­ria

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Sé que es em­pe­zar fuer­te, pe­ro sen­tí un no sé qué, que sa­bía que era mi si­tio na­da más mi­rar la ven­ta­ni­lla del avión. To­do era un in­men­so cam­po ver­de con ca­si­tas, de esas que di­bu­já­ba­mos de pe­que­ños con el te­ja­do ro­jo y el ca­mino rodeado de ár­bo­les. Mi­res don­de mi­res hay gen­te en la ca­lle. Ba­res y mú­si­ca en di­rec­to. Y, al­go que yo no ha­bía vis­to en mu­cho tiem­po: ni un so­lo pro­ble­ma. Y sin ne­ce­si­dad de un cuer­po de se­gu­ri­dad que lo ga­ran­ti­ce. Ca­lles com­ple­ta­men­te lim­pias. No hay ba­su­ra ti­ra­da en el sue­lo y has­ta el peor ba­ño de ma­la muer­te en me­dio de un des­cam­pa­do, es­tá en con­di­cio­nes. He vis­to tan­tos co­le­gios y uni­ver­si­da­des que no me he po­di­do pa­rar a con­tar­los. Los ni­ños no se en­cie­rran en las cla­ses, aquí pa­sean con sus pro­fe­so­res en ho­ra­rio es­co­lar.

Su mo­ne­da es el zloty y 4 zlotys equi­va­len a 1 eu­ro. Y ade­más de ser co­no­ci­da co­mo la ciu­dad de la Li­te­ra­tu­ra, la vi­da allí es muy ac­ce­si­ble. Sin em­bar­go las con­di­cio­nes cli­má­ti­cas no ayu­dan mu­cho, 23º ba­jo cero no es pla­to de buen gus­to pa­ra na­die. Y te pre­gun­ta­rás, ¿có­mo se lo mon­tan pa­ra so­bre­vi­vir allí? La ca­le­fac­ción es­tá sub­ven­cio­na­da. ¿Las ves­ti­men­tas pa­ra evi­tar el frío? Os pue­do ga­ran­ti­zar que no es la Fas­hion Week ni de le­jos. Allí quién no co­rre vue­la, mu­cha ro­pa y mu­chas ca­pas.

Pa­sea­mos por el ba­rrio ju­dío, los gue­tos y las si­na­go­gas. Tam­bién hi­ce una vi­si­ta ex­prés a By­tom, un pue­ble­ci­to a las afue­ras de

Cra­co­via que se man­tie­ne li­te­ral­men­te pa­ra­do en el tiem­po. Vi­si­té La To­rre de Wa­wel y la Ba­sí­li­ca de San­ta Ma­ría. Sub­je­ti­va­men­te pue­do de­cir que es un mo­nu­men­to sen­sa­cio­nal, es­bel­to, es­truc­tu­ra­do e im­pac­tan­te. Y ob­je­ti­va­men­te… tam­bién. Es in­creí­ble la can­ti­dad de le­yen­das e his­to­rias que ro­dean sus cas­ti­llos e igle­sias.

Si al­gún país es­tá re­ple­to de his­to­ria pal­pa­ble, ese sin du­da es Po­lo­nia. Pe­ro no to­do iban a ser ri­sas y vod­ka. Pa­sa­mos por Bres­la­via –ciu­dad fa­vo­ri­ta de Eins­tein- y co­gi­mos ca­rre­te­ra has­ta lle­gar a Ausch­witz.

Du­ran­te la vi­si­ta no ha­blé mu­cho, la ver­dad. No po­día ha­cer otra co­sa que ob­ser­var y ob­ser­var. Así que, co­mo ya ima­gi­náis, aquí es­tá to­do lo que ca­llé en ese mo­men­to. Mi

opi­nión so­bre aque­llo es igual a la de cual­quier per­so­na que ten­ga un po­co de ba­se de his­to­ria. Pe­ro mis sen­sa­cio­nes no sé si fue­ron las mis­mas, por­que no pue­do en­con­trar al­go con­cre­to en ese cú­mu­lo de emo­cio­nes. Po­día es­cu­char aún ese si­len­cio, lo pro­me­to. El si­len­cio cau­sa­do por el ma­yor re­fle­jo de la cruel­dad del ser hu­mano. Una condena in­men­sa e in­jus­ta.

Sé que no es la vi­si­ta más agra­da­ble que pue­das echar­te a la ca­ra, pe­ro aún así in­vi­to a to­do el mun­do a que va­ya, por­que honestamente me ha he­cho re­fle­xio­nar, apren­der co­sas que no sa­bía e in­for­mar­me y com­ple­tar me­jor las co­sas que sí. Y sé que me que­da mu­cha vi­da por de­lan­te, pe­ro me da mu­cha pe­na la gen­te que se ha acos­tum­bra­do a vi­vir allí. En fin, creo que de­be­ría ser obli­ga­to­rio sen­tir por lo me­nos una vez en la vi­da mi sen­sa­ción y las ga­nas de co­no­cer que tu­ve yo en Cra­co­via.

Y lo más im­por­tan­te: real­men­te ha si­do un país que me ha de­ja­do pen­san­do.

En­tra­da Ausch­witz

Ba­rrio ju­dío

Ca­te­dral de Bres­la­via

Es­ce­na­rio de la pe­lí­cu­la La Lis­ta de Schind­ler

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