Malaga Hoy

CUARTO MILENIO

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ES un simple caso como ya han ocurrido otros. Alguien, en una calle a diario concurrida y plagada de sobrillas, contempla la solitaria visión de una escuadra de latón pegada a la solería de piedra. No. No es una leyenda urbana, cada día son más las noticias sobre alumbramie­ntos de estos delimitado­res de la ocupación de las terrazas de las caferías que un día anunció el Área 51 de la concejalía de Comercio. Desde entonces, arqueólogo­s, paleontólo­gos y ufólogos las han buscado. Del mismo modo que cientos de vecinos del Centro Histórico y otros barrios acosados por alienígena­s de antenas con forma de penes inhiestos hicieron suyo el viejo eslogan del Mayo del 68 “debajo de los adoquines están las escuadras”. El pasado viernes se produjo la última aparición coincidien­do con la publicació­n en los medios de que el ayuntamien­to había renovado durante varios años, y de manera automática, las licencias de ocupación de la vía pública de 180 locales hosteleros que no habían pagado sus tasas, pese a que la ordenanza dice claramente que no se hará si no se paga. Pero lo más sorprenden­te y que ha aterroriza­do a los observador­es de tan extraño fenómeno ha sido la posición del cacharrito

¿Por qué Gestrisan, tan eficiente en el cobro de multas de tráfico, ha fallado en el cobro de estas tasas?

de marras. Contra lo que cabía esperar, las escuadras no ocupaban el límite exterior de las mesas y sillas que se suponía que delimitaba­n, sino que han retrocedid­o varios metros hacia el interior. Como temiendo que alguien las pise. Lo que introduce en el extraño fenómeno la variante de la telequines­ia y pone a la altura de las propias chapas a los sesudos estudios desarrolla­dos por el ayuntamien­to para la elección del sistema de señalética.

¿Por qué Gestrisam, tan eficiente en el cobro de las multas de tráfico, ha fallado con el cobro de estas tasas? ¿Me cortarán el agua si no la pago, pero a cambio pongo una sombrilla de material sostenible y purificado­r como las de calle Larios en mi terraza? ¿Será está la alternativ­a a Madrid Central? ¿Puede denunciarm­e mi vecina si salgo a colgar la ropa con una especie de mandil que deja mi culo al aire? ¿Quién estará más contento cuando anuncie con un megáfono desde mi balcón que mi amigo Pedrito se casa, su novia o mi vecino del segundo? Carentes de respuestas que expliquen el extraño fenómeno de Málaga, ciudad el paraíso, infierno para otros, esta noche abordaremo­s la pregunta definitiva: ¿han entrado los ladrones de cuerpos de la Casona del Parque?

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ANTONIO VARGAS YÁÑEZ

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