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La jefa de Movistar

Como en los tiempos de Indurain, el rosa y el amarillo han vuelto a un maillot histórico gracias a Annemiek Van Vleuten

- ROBERTO PALOMAR AP

Hay que ser muy generoso para mostrarse ante la afición y frente a los espectador­es como lo hace el equipo Movistar en la docuserie El día menos pensado. Muy generoso o satisfacer curiosidad­es de arriba, como las de José María Álvarez Pallete, el presidente de la compañía que, tras asistir como invitado a una etapa de la Vuelta a España dijo: “Esto hay que contarlo”.

Y los responsabl­es del equipo accedieron a abrirse en canal para enseñar lo que es el ciclismo de élite por dentro. Con situacione­s que no siempre salen bien, otras que podrían haberse mejorado y algunas que sí culminan con éxito. Después de tres temporadas, puede que la percepción del aficionado esté más cerca de sentir que la cosa fue mejor en los viejos tiempos.

Pero si la temporada que viene hay documental, también existe una certeza absoluta: esta vez, la serie acaba bien. Y termina con final feliz gracias a Annemiek Van Vleuten, una fuerza de la naturaleza, una mente privilegia­da sobre la bicicleta que hoy, sin duda, es la gran líder, la gran jefa de Movistar.

Con 39 años, hace una semana levantaba los brazos para celebrar su victoria absoluta en un rehabilita­do Tour de Francia femenino. Lo hizo con una exhibición apoteósica, solo semanas después de ganar el Giro. ¿Como Indurain? Sí, como Indurain.

La cría que se cronometra­ba los siete kilómetros desde la puerta de su casa hasta la verja del colegio es hoy la mejor ciclista del mundo. El fútbol perdió una jugadora segurament­e formidable porque sus rodillas se quejaban en la adolescenc­ia. Le apasionaba el balón, tan deporte nacional en Holanda como lo es el ciclismo. Así que la selección natural hizo el resto y aquella estudiante proclive a la fiesta, destacó dando pedales casi cuando ya no lo esperaba.

Ya de cría su madre le protegía los libros en el transportí­n de la bicicleta cuando llovía para ir a clase. No es algo que incomode a los holandeses eso de ir en bici bajo la lluvia. “No pasa nada, no somos de azúcar” señala, divertida, Miek.

INVERSIÓN SEGURA

Así, con el diminutivo, la conocen y la llaman los amigos, las compañeras y el staff del equipo. Un Movistar que cambió radicalmen­te la dinámica cuando hace dos temporadas decidió fichar a la mejor en una inversión poco frecuente en el ciclismo femenino. Y lo está rentabiliz­ando con creces porque maillots como el rosa o el amarillo han vuelto a combinar con el maillot del equipo decano del ciclismo.

Y más que lo puede hacer con un contrato que liga a Annemiek con Movistar hasta 2023. La mentalidad de Van Vleuten, pese a que en octubre vaya a cumplir 40 años, es la de seguir mientras no haya síntomas de decadencia. Y acaba de ganarlo todo y más que puede caer. Porque si ha brillado en las vueltas por etapas, es en las clásicas donde se encuentra como en casa. Domina absolutame­nte todos los terrenos, climas y situacione­s, como lo demuestran sus 14 victorias en este tipo de carreras. Tanto le da el adoquín como los muros.

Su compromiso con Movistar es absoluto tanto en el ámbito deportivo como en la integració­n y en la influencia que pueda tener en sus compañeras. Es evidente que habrá un Movistar antes y después del paso de Annemiek Van Vleuten.

Desde el principio, ha querido empaparse de la cultura del equipo y del país. Sorprendió el primer día cuando, en una concentrac­ión compartida con el equipo masculino, quiso salir a entrenar con ellos. Sí, con Valverde y compañía. No quería demostrar nada. Simplement­e, hacer un buen trabajo y salir de su zona de confort. Es frecuente verla compartir entrenamie­ntos con otros colegas masculinos si coincide con ellos.

Le encantan las concentrac­iones en Tenerife, donde se la puede ver rodando a 2.000 metros de altura. El año pasado, con rachas de viento de 80 km/h, hubo que ir a buscarla. Recuerda que es la primera vez que las inclemenci­as climatológ­icas la hacen bajarse de la bicicleta. También le gusta pedalear por la zona de los acantilado­s de Masca, donde encuentra pendientes de más del 20% que le hacen retorcerse en busca del siguiente golpe de pedal.

Aunque el clima puede ser duro, también le encanta Cantabria. La clásica parada del

Su capricho, tras ganar el Tour, fue pizza y helado

Cuando puede

sale a entrenar

con el equipo masculino

Andar con muletas no le impidió

subirse a la bici

ciclista español para el café y la tostada, que también se da en el ámbito profesiona­l, es otro de sus alicientes.

Pero, curiosamen­te, su lugar predilecto para rodar, cargar pilas y preparar carreras importante­s está lejos de aquí. Está en Colombia. Bien como lugar de vacaciones o como cuartel general de entrenamie­nto, Annemiek se desplaza a Colombia durante unas semanas al año. Puede entrenar en altura con naturalida­d, sin tener sensación de aislamient­o porque algunos núcleos urbanos de Colombia están en altitud y no hace falta irse a la soledad de un centro de alto rendimient­o. O puede apuntarse al Tour de los Cafetales, como una aficionada más, y hacer tiradas en bicicleta hasta las tierras altas. La cultura latinoamer­icana, el clima y la gastronomí­a de aquel país le encantan, al tiempo que aprovecha para mejorar un castellano con el que aún no se atreve a soltarse.

En 2021, con la pelvis rota tras una caída en la París-Roubaix, fue hasta allí. Se ayudaba de unas muletas para caminar pero encontró un sillín que le permitía pedalear y salir en bici. Regresó sin muletas y dispuesta a subirse a su máquina de competició­n en su vuelta a Europa.

COMPROMETI­DA

Comprometi­da con el ciclismo femenino, considera un gran logro todo el avance que se está consiguien­do en este campo: el Tour bajo las directrice­s actuales, un calendario cada vez más amplio, correr las mismas pruebas de los hombres aprovechan­do las fechas y las infraestru­cturas... Pero Van Vleuten quiere más porque considera que el calendario se está ampliando y los beneficios de las corredoras, por tanto, también deberían verse mejorados. Y no se refiere a aumentar la cuantía de los premios de las carreras de los que ella, ganadora nata, podría aprovechar­se. Annemiek está luchando por un salario base para las ciclistas y que todos los equipos puedan pagarlo. Y, desde luego, una ampliación de las plantillas para afrontar el calendario. El Tour femenino, con las cunetas llenas de aficionado­s y unas audiencias excelentes, ha demostrado que las corredoras son rentables y que todas deberían tener acceso a los 27.000 euros anuales que se establecen como salario mínimo. Annemiek considera que el Tour de Francia ahora ya no es una carrera de tres semanas, sino de cuatro. Es su gran lucha y lo será cuando se retire.

La mujer que ha conseguido que hasta el presidente de Telefónica esté pendiente de ella y le mande mensajes preguntand­o por su estado cuando hay lesiones, probableme­nte se esté recuperand­o de los esfuerzos del Tour dando pedales pero de otra manera. Porque a Van Vleuten le encantan las bicicletas eléctricas, salir con un poco de ayuda al pedaleo para no castigar al cuerpo y seguir disfrutand­o de los beneficios del ciclismo más allá de los sacrificio­s de la alta competició­n. Pero no se descuida porque sabe que la batalla de la temporada continúa. Como mucho, uno de sus caprichos, al terminar la ronda gala fue regalarse algunos trozos de pizza y una buena ración de helado.

DUREZA

Atrás quedan sinsabores como la plata olímpica en la prueba ruta en Tokio, donde era la gran favorita y quedó segunda. Luego se resarció con el oro en la contrarrel­oj.

Pero si hay una imagen que dio la vuelta al mundo fue su espeluznan­te caída en los Juegos de Río. Volaba en solitario, hacia el oro, y se le fue la bicicleta en una curva. Su cuerpo, boca abajo, inmóvil, en una especie de vierteagua­s, entre la acera y el asfalto, hizo temer lo peor.

Allí, en aquella caída, aprendió otra lección de su madre. Antes de que se dedicara al ciclismo profesiona­l, su padre, poco antes de fallecer, le regaló unos pendientes. Para Annemiek eran los pendientes de la suerte. Siempre los lleva puestos. También aquella tarde fatídica en Río. Y Annemiek los maldijo. Consideró que no le dieron suerte. Se había caído cuando volaba a la meta y hacia una medalla de oro. Su madre fue tan práctica como en aquellos días de lluvia, cuando cubría los libros en la bicicleta para ir al colegio: “Sí te han dado suerte: estás viva”.

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UN VICTORIA HISTÓRICA EN EL TOUR Un Tour femenino rehabilita­do hizo que se viera ciclismo de altura. Van Vleuten alcanzó la victoria tras una escapada épica. El pulgar hacia arriba fue el broche.
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AP EL AMARILLO Y LA ‘M’ AZUL VUELVEN A UNIRSE Como en los viejos tiempos, el maillot amarillo recae en el maillot del gran decano del ciclismo.
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EFE

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