MAR­COS GI­RALT TO­RREN­TE

II

Marie Claire España - - LIFESTYLE -

Lo ma­lo es que a ve­ces ni yo mis­ma sé quién soy. De pron­to me des­cu­bro pen­san­do en mi tía co­mo pen­sa­ría mi ma­dre o pien­so en mí co­mo lo ha­ría mi tía. De he­cho, pa­so más tiem­po ima­gi­nán­do­me ellas que sien­do yo mis­ma. Mis pro­ble­mas han pa­sa­do a un se­gun­do plano, tam­bién mi pro­pia vi­da. ¿Fue mi ma­dre fe­liz an­tes de per­der la ca­be­za? ¿Lo era mi tía an­tes de que la aho­ga­se en la ba­ñe­ra? Me sien­to to­tal­men­te in­va­di­da, a du­ras pe­nas con­si­go man­te­ner el equi­li­brio. En dos oca­sio­nes he lle­ga­do a no re­co­no­cer­me en el es­pe­jo. ¿De­bo, por el bien de las tres, ol­vi­dar­me de­fi­ni­ti­va­men­te de mí mis­ma y asu­mir, co­mo mi ma­dre quie­re, que soy mi tía? Es­tá vis­to que las tres no ca­be­mos en es­te mun­do. Una de las tres tie­ne que des­apa­re­cer y, co­mo mi ma­dre ha de­ci­di­do que no sea mi tía quien lo ha­ga, de­be­ría­mos ser mi ma­dre o yo. O soy mi tía o si­go sien­do yo y aho­go a mi ma­dre en la ba­ñe­ra. Es una lo­cu­ra, lo sé, no tie­ne nin­gún sen­ti­do. Por eso, creo que lo más sencillo se­ría sa­cri­fi­car­me yo y de­jar que sean ellas las que con­ti­núen con su vi­da. Des­pués de to­do, si aho­ga­se a mi ma­dre en la ba­ñe­ra tam­po­co con­se­gui­ría ser yo mis­ma. Pa­ra mi ma­dre se­ría su her­ma­na la que la es­ta­ría aho­gan­do, no yo. Qui­zá sea eso lo que per­si­ga mi ma­dre. Re­ver­tir la cul­pa, pa­sar a ser ella la víc­ti­ma en lu­gar de mi tía. Hay otra po­si­bi­li­dad, pe­ro no es me­nos in­quie­tan­te: a lo me­jor lo que bus­ca no es re­vi­vir a mi tía, sino sen­ci­lla­men­te aca­bar con­mi­go.

Mar­cos Gi­ralt To­rren­te

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