EN NOM­BRE DE LAS MU­JE­RES

ES­TU­VI­MOS EN LOS ÁN­GE­LES CON MARIA GIULIA MARAMOTTI, EL ROS­TRO DE MAX MA­RA, PA­RA CO­NO­CER EL PA­PEL DE LA FIR­MA ITA­LIA­NA EM­PU­JAN­DO LA PRE­SEN­CIA FE­ME­NI­NA EN EL CI­NE, Y PA­RA CON­FIR­MAR CÓ­MO LA MO­DA Y LA CUL­TU­RA SON CLAVES EN EL EM­PO­DE­RA­MIEN­TO DE LAS MU­JE­RES.

Marie Claire España - - COOLTURA - por Ja­co­bo de Ar­ce

«LAS MU­JE­RES AHO­RA PUE­DEN HA­CER QUE SUS VO­CES SE ES­CU­CHEN, Y ESO ES PO­SI­TI­VO»

To­dos los ras­gos de la ita­lia­ni­dad más clá­si­ca se cum­plen en el ca­so de Maria Giulia Maramotti, una de las he­re­de­ras del im­pe­rio Max Ma­ra, ac­tual­men­te su res­pon­sa­ble pa­ra el mer­ca­do ame­ri­cano y la em­ba­ja­do­ra glo­bal de la mar­ca. Están el pe­lo mo­reno y los ojos os­cu­ros, un re­per­to­rio ges­tual exu­be­ran­te, cla­ro, pe­ro tam­bién la elegancia de­sen­fa­da­da y ese ha­blar atro­pe­lla­do pe­ro con ex­qui­si­ta re­tó­ri­ca tan pro­pio de quien ha tenido que em­po­llar­se a Dan­te en el Li­ceo. A sus 35 años, Maramotti lle­va ya va­rios trans­fe­ri­da en Nueva York, una ciu­dad que le gus­ta más que es­ta en la que nos en­con­tra­mos (Los Án­ge­les), don­de le so­bran co­ches y le fal­tan ca­lles a la eu­ro­pea. "La gen­te te ve ca­mi­nan­do por una ace­ra y pien­sa que es­tás lo­ca", bro­mea. Ma­dru­ga­do­ra y de­por­tis­ta, las fies­tas le in­tere­san po­co. Si aca­so una ce­na tem­pra­na re­ga­da con char­don­nay, una char­la so­bre li­bros y po­lí­ti­ca (aun­que la ita­lia­na le ener­va, so­bre to­do úl­ti­ma­men­te) y pron­to a la ca­ma. De he­cho, ella es de las pri­me­ras en re­co­ger­se las dos no­ches de me­dia­dos de ju­nio en las que su fir­ma nos in­vi­ta a sen­dos even­tos en Holly­wood: una fies­ta en el mí­ti­co Cha­teau Mar­mont y la en­tre­ga de los pre­mios Crys­tal + Lucy Awards que con­vo­ca la or­ga­ni­za­ción Wo­men In Film (WIF). Du­ran­te la ce­re­mo­nia, Maramotti en­tre­ga a la ac­triz Ale­xan­dra Shipp el ga­lar­dón Fa­ce of the Fu- tu­re, que pa­tro­ci­na su fir­ma y con el que de­mues­tra su com­pro­mi­so con las mu­je­res. Lle­van ya 16 años co­la­bo­ran­do con WIF. ¿Có­mo sur­gió esa alian­za?

Fue en un mo­men­to en el que que­ría­mos te­ner más pre­sen­cia en EE. UU. Co­mu­ni­car el ADN de la mar­ca y lo que sig­ni­fi­ca­ba en te­mas como me­ce­naz­go y pro­mo­ción de las ar­tes y el ta­len­to. Y no po­dría­mos ha­ber pen­sa­do en un so­cio me­jor. Por­que la la­bor de WIF es pro­mo­ver, co­nec­tar, em­pu­jar las ca­rre­ras de las mu­je­res en la in­dus­tria del ci­ne. Y es in­creí­ble lo que ha­cen. Fue uno de nues­tros pri­me­ros so­cios, y en­con­tra­mos a al­guien que com­par­tía nues­tra voz.

¿Por qué el pre­mio pa­ra Ale­xan­dra Shipp? ¿Qué va­lo­res com­par­te con Max Ma­ra? Cuan­do a mi equi­po y a mí nos con­ta­ron quié­nes eran las fi­na­lis­tas y pu­de leer so­bre ella y ver los pa­pe­les que ha ido eli­gien­do, me in­tere­só al mo­men­to. De sus per­so­na­jes, mi fa­vo­ri­to es el de Straight Out­ta Compton, que aquí, en EE. UU., tu­vo una aco­gi­da bru­tal. Aca­ba de es­tre­nar Con amor, Si­mon, una pe­lí­cu­la so­bre el pa­so a la edad adul­ta de al­guien que es ho­mo­se­xual y se lo di­ce a sus pa­dres. Y tam­bién es­tá en la sa­ga X-Men, que no tiene na­da que ver con to­do eso. Me fas­ci­na que es­ta mujer, con 26 años y en una in­dus­tria don­de ex­pre­sar una opi­nión no siem­pre es fá­cil, tiene una voz. Y no tiene mie­do. Por­que pa­ra ella no se tra­ta del éxi­to: lo im­por­tan­te es ac­tuar.

Es­te ha si­do el año del #metoo y de Ti­me's Up. ¿En­cuen­tra Holly­wood cam­bia­do?

La ver­dad es que no es­toy tan den­tro de la in­dus­tria como pa­ra po­der opi­nar. A mí me im­pre­sio­nó mu­cho, po­si­ti­va­men­te, el eco del es­cán­da­lo Weins­tein. Pro­ba­ble­men­te ha to­ca­do al­go que es­ta­ba a pun­to de ex­plo­tar. Las mu­je­res están en un mo­men­to de su his­to­ria en el que pue­den ha­cer que sus vo­ces se es­cu­chen, y eso es al­go po­si­ti­vo. Ade­más de la co­la­bo­ra­ción con WIF, tie­nen un pre­mio Max Ma­ra de ar­te pa­ra mu­je­res. ¿El em­po­de­ra­mien­to fe­me­nino es el gran te­ma de nues­tra épo­ca?

Pa­ra mí es un po­co ra­ro. Yo tra­ba­jo en una com­pa­ñía en cu­yo ADN siem­pre ha es­ta­do la idea del em­po­de­ra­mien­to de las mu­je­res.

Y mi em­pre­sa lle­va exis­tien­do 70 años. Pa­ra mí es lo normal. Y sí, creo que hay una nueva ola de fe­mi­nis­mo, que lle­ga 40 años des­pués de un mo­men­to en el que las mu­je­res afir­ma­ron unos cier­tos de­re­chos. La con­se­cuen­cia po­si­ti­va de to­do es­te mo­men­to es que hay un ma­yor sen­ti­do de equi­po, de com­pa­ñe­ris­mo en­tre mu­je­res. Y lo que es más im­por­tan­te, en­vía un men­sa­je a ge­ne­ra­cio­nes más jó­ve­nes. Pa­ra ins­pi­rar­las y ha­cer­les sen­tir que pue­den al­can­zar sus sue­ños. Se ha de­fi­ni­do a la "mujer Max Ma­ra" como tra­ba­ja­do­ra, in­de­pen­dien­te, se­gu­ra de sí mis­ma... ¿Eran fe­mi­nis­tas avant la let­tre?

Sí, ab­so­lu­ta­men­te. Es­tá en es­ta idea nues­tra de afir­mar la fe­mi­ni­dad ce­le­bran­do el es­ti­lo pro­pio, con con­fian­za. Y ese con­cep­to de cul­tu­ra y de sus­tan­cia­li­dad, que creo que to­da­vía per­si­gue la mujer Max Ma­ra. Uti­li­zar los ves­ti­dos como al­go que te ha­ce sen­tir bien, aun­que ya te sen­tías bien. Una es­pe­cie de re­for­za­mien­to prác­ti­co de tu per­so­na­li­dad. Al­guien me di­jo an­tes: la ro­pa de Max Ma­ra ha­ce que las mu­je­res se quie­ran a sí mis­mas, pe­ro no son pren­das he­chas pen- san­do en lo que los hom­bres opi­nen. Y eso me hi­zo pen­sar. Por­que se tra­ta de ser li­bre pa­ra sen­tir­te bien en tu pro­pia piel. No de­pen­der de la apro­ba­ción de otro.

Max Ma­ra siem­pre ha es­ta­do in­vo­lu­cra­da en las ar­tes y la cul­tu­ra. ¿Usted tam­bién?

Mi abue­lo (Achi­lle Maramotti, fun­da­dor de la mar­ca) fue una per­so­na muy cul­ta, y eso fue pro­ba­ble­men­te lo más im­por­tan­te que me lle­vé de él: cul­tu­ra a tra­vés de di­fe­ren­tes me­dios. Cre­cí con el ar­te, y hoy es una de mis ma­yo­res pa­sio­nes. El ar­te ce­le­bra el pen­sa­mien­to, y es tam­bién una in­ter­pre­ta­ción de la con­tem­po­ra­nei­dad, si ha­bla­mos de ar­te ac­tual. Pien­sas a tra­vés de la vi­sión de un ar­tis­ta, que sue­le te­ner una sen­si­bi­li­dad ma­yor. Es al­go muy in­tere­san­te pa­ra un em­pre­sa­rio. Te da una vi­sión di­fe­ren­te y es un es­tí­mu­lo pa­ra apro­xi­mar­te a la vi­da.

A ni­vel em­pre­sa­rial, ¿cuál es la ma­yor en­se­ñan­za que re­ci­bió de su abue­lo?

Mi abue­lo es­ta­ba lleno de ener­gía y era muy ge­ne­ro­so en la in­ter­ac­ción con la gen­te que tra­ba­ja­ba con él. Era muy po­co pro­ta­go­nis­ta. Lo que apren­dí de él es que ese mo­men­to de in­ter­cam­bio con tu equi­po, ese mo­men­to de con­fron­ta­ción, a ve­ces in­clu­so de cier­ta pe­lea, es un in­ter­cam­bio que en­ri­que­ce y cons­tru­ye los ci­mien­tos pa­ra la cul­tu­ra de una com­pa­ñía. Ha­ce que ca­mi­néis jun­tos. ¿Cuál es su mi­sión res­pec­to a la mar­ca?

Ser leal a mi herencia. Co­noz­co nues­tro ADN. Y ten­go que trans­mi­tir ese men­sa­je pa­ra que lo en­tien­da otra ge­ne­ra­ción.

En es­ta era de tan­to tra­sie­go en el mun­do de la mo­da, Max Ma­ra si­gue man­te­nien­do ese per­fil ba­jo, con di­se­ña­dor ve­te­rano y po­co co­no­ci­do. ¿Son una mar­ca di­fe­ren­te?

Sí. Al 100%. Que­re­mos que las pren­das si­gan ha­blan­do por no­so­tros. Y nun­ca ha exis­ti­do in­di­vi­dua­li­dad en Max Ma­ra. Es un es­fuer­zo de equi­po. La in­di­vi­dua­li­dad vie­ne con la mar­ca, no con la per­so­na.

«ES SEN­TIR­TE BIEN EN TU PRO­PIA PIEL. NO DE­PEN­DER DE LA APRO­BA­CIÓN DEL OTRO»

De iz­da. a dcha., Maria Giulia Maramotti en tres mo­men­tos de los pre­mios Crys­tal + Lucy Awards organizado­s por WIF: con la ac­triz Kat­he­ri­ne McNa­ma­ra, en el pho­to­call y du­ran­te su dis­cur­so.

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