pri­me­ra pie­dra

PRE­SEN­TÓ EL PRI­MER EPI­SO­DIO Y LO RE­CHA­ZA­RON. SE EN­CE­RRÓ DU­RAN­TE UN AÑO Y ES­CRI­BIÓ LA SE­RIE EN­TE­RA. BAN­DE­RA FE­MI­NIS­TA Y TRÁNSFUGA DEL 'CLICK­BAIT', EN 'VI­DA PER­FEC­TA', LE­TI­CIA DO­LE­RA LLE­VA LA TEO­RÍA A LA PRÁC­TI­CA.

Marie Claire España - - NOVIEMBRE SUMARIO - por Cha­ro La­ga­res fo­tos Eduar­do Mie­ra rea­li­za­ción Chi­cho Ga­ve­la

Le­ti­cia Do­le­ra abre las puer­tas de su Vi­da Per­fec­ta.

"EL FE­MI­NIS­MO SI­GUE INCOMODAND­O. LO QUE PA­Só ES UNA FOR­MA MO­DER­NA DE DE­CIR CA­LLA­DI­TA ES­TáS MáS GUA­PA"

Una mu­jer gri­ta fren­te a la puer­ta de un cuar­to de ba­ño de ca­rre­te­ra. Gri­ta y ríe. En el in­te­rior, otra se ele­va so­bre el re­tre­te. Se apo­ya en un flo­ta­dor. Ha to­ma­do la­xan­tes an­tes de sa­lir de via­je. Es­ta­ba es­tre­ñi­da. Es­tá em­ba­ra­za­da. Ma­ría, el per­so­na­je de Le­ti­cia Do­le­ra, de­bía es­tar­lo. El asig­na­do a Ai­na Clo­tet, no. Cris­ti­na to­ma píl­do­ras an­ti­con­cep­ti­vas. No quie­re el ter­cer hi­jo que se ha pro­pues­to su ma­ri­do. De él tam­po­co es­tá se­gu­ra. En una pla­ta­for­ma de con­tac­tos, a es­con­di­das, bus­ca ci­tas con des­co­no­ci­dos. La cá­ma­ra se fi­ja en el ab­do­men cuan­do se po­ne la ropa in­te­rior y se re­co­lo­ca una fal­da lá­piz. La ba­rri­ga de Clo­tet, em­ba­ra­za­da, no en­ca­ja­ba en el guion. La se­rie se en­ca­ra­mó a los ti­tu­la­res an­tes de que fi­na­li­za­ra el ro­da­je. La fe­mi­nis­ta Do­le­ra des­pi­de a una ac­triz em­ba­ra­za­da. Los dos pre­mios del Fes­ti­val de Se­ries de Can­nes se di­lu­ye­ron en­tre click­baits. ¿Se ha cal­ma­do la ten­sión? Yo es­toy tran­qui­la. Sé que no ha ha­bi­do dis­cri­mi­na­ción. No se to­mó nin­gu­na de­ci­sión por te­mas eco­nó­mi­cos, sino ar­tís­ti­cos. Las ac­tri­ces tra­ba­ja­mos con nues­tro cuer­po y en­car­nar un per­so­na­je que to­ma la píl­do­ra cuan­do la ac­triz es­tá em­ba­ra­za­da de seis me­ses es in­com­pa­ti­ble. Lo do­lo­ro­so es que sí que exis­te en Es­pa­ña es­te pro­ble­ma. Las em­pre­sas sí toman de­ci­sio­nes pa­ra aho­rrar­se ba­jas. En es­te ca­so era in­via­bi­li­dad lo­gís­ti­ca. ¿Por qué se en­sa­ña­ron? A mí por la ca­lle la gen­te se me ha acer­ca­do pa­ra de­cir­me que qué in­jus­to lo que pa­só. Pe­ro subes una fo­to co­mien­do di­rec­ta­men­te pas­ta de una

sar­tén y es­tán ha­blan­do ya del em­ba­ra­zo. Pe­ro son trolls de Twit­ter y ni el 10 % de la so­cie­dad es­pa­ño­la lo usa. Cuan­do se han acer­ca­do mu­je­res, me han di­cho que lo en­ten­dían, que es un tra­ba­jo de ac­triz en el que tu cuer­po cuen­ta la his­to­ria. Aho­ra el pe­rio­dis­mo ne­ce­si­ta mu­cho el click­bait. El ti­tu­lar mor­bo­so era uno. El ra­cio­nal no da­ba clicks. Y que el fe­mi­nis­mo si­gue incomodand­o. He es­ta­do cin­co años sig­ni­fi­cán­do­me y creo que es una for­ma mo­der­na de de­cir ca­lla­di­ta es­tás más gua­pa. ¿Crees que con, por ejem­plo, Em­ma Wat­son, que tam­bién lle­va un tiem­po de­cla­rán­do­se fe­mi­nis­ta, ha­rían al­go así? A mí me sor­pren­dió, ¿eh?, que es­to sa­lie­ra en los te­le­dia­rios ma­ña­na, tar­de y no­che. Alu­ci­né. ¡Y que me com­pa­ra­ran con Pa­blo Igle­sias y su ca­sa! Yo es­ta­ba ro­dan­do, con lo que me ais­lé bas­tan­te por­que no po­día es­tar des­pis­ta­da. Qui­zá si no hu­bie­ra es­cri­to el li­bro no ha­bría pa­sa­do. Es que no ten­go es­tra­te­gias. Soy una más de las mu­je­res que sa­len a la ca­lle el 8M, so­lo que me po­nen un mi­cró­fono de­lan­te.

¿Te afec­tó de ma­ne­ra per­so­nal? Es un po­co ra­ro. No vi los pro­gra­mas por­que ha­bía gen­te muy exal­ta­da, en­fa­da­da, con­mi­go. Y lo cu­rio­so es que no se po­nían los pro­ble­mas reales de las ac­tri­ces so­bre la me­sa, so­lo que yo fue­ra fe­mi­nis­ta y hu­bie­ra es­cri­to un li­bro.

Era par­te de la crí­ti­ca. Un "ves có­mo las ideas no se pue­den siem­pre apli­car". Es que pro­yec­tan en mí co­sas que no he di­cho. Ha­bía gen­te en la te­le­vi­sión di­cien­do "ella, que se ha de­di­ca­do a se­ña­lar a com­pa­ñe­ros". ¡Yo nun­ca he se­ña­la­do a un com­pa­ñe­ro! Tam­po­co he di­cho que po­da­mos ha­cer lo que desea­mos. Yo siem­pre he di­cho que el fe­mi­nis­mo es una teo­ría po­lí­ti­ca y un mo­vi­mien­to so­cial. Par­te de la re­fle­xión. Se es­tu­dia en las uni­ver­si­da­des. Yo es­tu­dié un más­ter de teo­ría fe­mi

nis­ta con Ana de Mi­guel. De­be­mos te­ner unos idea­les pa­ra avan­zar. El pa­triar­ca­do va a se­guir, pe­ro sí de­be­mos as­pi­rar a una so­cie­dad me­jor. Pe­ro no tie­ne que ver con lo que pa­só. Me de­cían: “¡ella ha­bría se­ña­la­do al di­rec­tor!”. Pues tú qué sa­bes. Es que yo soy mu­cho más ra­cio­nal de lo que la gen­te cree. En mi li­bro, y en en­tre­vis­tas, siem­pre he di­cho que el fe­mi­nis­mo no es un mo­vi­mien­to con­tra los hom­bres, que es la so­cie­dad la que edu­ca en el ma­chis­mo, pe­ro da igual. Yo soy una odia-hom­bres. Lo que te­ne­mos que ha­cer es ir a la raíz y cam­biar­la. Hay teó­ri­cas que lle­van años es­tu­dián­do­lo y na­die ha­ce na­da.

Tie­ne que ve­nir al­guien po­pu­lar a po­pu­la­ri­zar­lo. Es lo que he in­ten­ta­do ha­cer, ser un al­ta­voz de los aná­li­sis de mu­chas. Mi­ra lo que me he lle­vao.

¿Me­re­ce la pe­na? ¿De­fen­der los de­re­chos hu­ma­nos? Siem­pre. Es que yo no me he me­ti­do de una ma­ne­ra des­ta­ca­da, ¿sa­bes?

Sin que­rer­lo te has con­ver­ti­do en una de sus ca­ras. Pe­ro el fe­mi­nis­mo so­mos to­das. Y to­dos. No es un mo­vi­mien­to je­rár­qui­co. No de­be­ría te­ner con­se­cuen­cias ne­ga­ti­vas pa­ra na­die. ¿Po­dría opa­car tu tra­ba­jo? No pue­do con­tro­lar­lo. Cuan­do pa­só to­do es­to yo me des­bor­dé, mi fa­mi­lia se des­bor­dó, mi en­torno se des­bor­dó. No sa­bía­mos qué ha­bía que ha­cer. Aca­bé la se­rie e hi­ce un co­mu­ni­ca­do lar­guí­si­mo. Me he da­do cuen­ta de que da igual ex­pli­car los de­ta­lles. Vi­vi­mos en tiem­pos de bro­cha gorda. Ha­ría to­do igual, me­nos un co­mu­ni­ca­do de tres pá­gi­nas. ¿Qué ha­rías en su lu­gar? Uno de una.

Girls y Flea­bag pa­sean por el guion de Do­le­ra y Ma­nuel Burque. Tam­bién, Trans­pa­rent. De ella co­gió el tra­ta­mien­to de los te­mas pe­lia­gu­dos. "Yo que­ría re­cor­dar, aun­que fue­ra en un per­so­na­je se­cun­da­rio de la se­rie, que las per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad tam­bién tie­nen hi­jos y se­xua­li­dad. Eso si­gue sien­do un te­ma muy ta­bú hoy". An­tes del es­treno de la pri­me­ra, la se­gun­da tem­po­ra­da es­ta­ba con­fir­ma­da. Las ideas del éxi­to pro­fe­sio­nal, el cum­pli­mien­to per­so­nal y la fa­mi­lia tra­di­cio­nal

se re­par­ten en ocho ca­pí­tu­los de me­dia ho­ra. En la pan­ta­lla apa­re­cen ca­si to­dos los ac­tos ín­ti­mos que

pue­de co­me­ter un ser hu­mano. ¿Eso te ha­ce vul­ne (Se ade­lan­ta). Bueno, no sa­li­mos ha­cien­do ca­ca. ¡Có­mo que no! ¡Ah, sí! ¡Sal­go yo ha­cien­do ca­ca!

¿Eso te ha­ce vul­ne­ra­ble o te da más con­trol de ti mis­ma? Lo ha­ce más rea­lis­ta. To­dos fo­lla­mos, nos mas­tur­ba­mos y va­mos al ba­ño y es­tá bien tam­bién mos­trar­lo. ¿Y a ti, pres­tan­do tu cuer­po? ¿Mas­tur­bán­do­me? Y ha­cien­do ca­ca. Bueno, si fue­ra un plano de mi cu­lo con la ca­ca sa­lien­do se­ría otro ti­po de con­ver­sa­ción. Es ver­dad que en to­das las es­ce­nas de se­xo tie­nes una vul­ne­ra­bi­li­dad ex­tra: el se­xo si­gue sien­do ta­bú aun­que es­te­mos muy sexualizad­as. Que­ría que las ac­tri­ces se sin­tie­ran có­mo­das con to­do y, a la vez, mos­trar una des­nu­dez le­jos del mor­bo. Est­her, el per­so­na­je de Ai­xa Villagrán, pe­lea con­tra la idea del éxi­to. ¿Tú has al­can­za­do la tu­ya? Hi­ce su via­je. Pa­sé ca­si dos años en pa­ro y de­bí co­lo­car­me ahí pa­ra en­ten­der que no so­mos nues­tro tra­ba­jo. Te pre­gun­tan "¿qué quie­res ser de ma­yor?", co­mo si tu ofi­cio te fue­ra a de­fi­nir co­mo per­so­na. No. Tú eres tú y te de­di­cas a ha­cer equis. Si ma­ña­na de­jas de ha­cer­lo, se­gui­rás sien­do tú. Y eso de que­rer es po­der, pues no: a ve­ces quie­res y no pue­des. Y no tie­nes por qué sen­tir­te una fra­ca­sa­da. Por­que en la vi­da, afor­tu­na­da­men­te, pue­des ser mu­chas más co­sas.

"EL SE­XO SI­GUE SIEN­DO TA­BÚ AUN­QUE ES­TE­MOS MUY SEXUALIZAD­AS"

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