Fan­tas­mas

Mas Alla - - CASOS SIN RESOLVER -

El pri­me­ro de ellos es un hom­bre ma­yor con bas­tan­te mal ca­rác­ter y po­cas ga­nas de co­mu­ni­car­se. Res­pon­de al nom­bre de Ra­fael y afir­ma te­ner más de se­ten­ta años. Ra­fael es el res­pon­sa­ble de ha­cer sal­tar el vo­lu­mé­tri­co de la alar­ma, ya que se hos­pe­da en la ha­bi­ta­ción cer­ca­na. Afir­ma­ba que aque­lla era su ca­sa y su ha­bi­ta­ción, y que na­die iba a echar­le de ahí. En esa ha­bi­ta­ción so­lía dor­mir la hi­ja ma­yor de la fa­mi­lia. Jun­to a él es­tá su mu­jer, Sol Bar­juán, que a du­ras pe­nas po­día ha­blar con no­so­tros sin ser cor­ta­da y cen­su­ra­da por aquel hom­bre de ca­rác­ter tos­co. Sol no pa­ra­ba de llo­rar; ella no que­ría se­guir allí.

En ter­cer lu­gar, con­tac­ta­mos con un ni­ño, Jor­ge. Jor­ge de­cía te­ner unos on­ce años y sos­te­nía que no te­nía re­la­ción al­gu­na con aque­lla ca­sa. Se­gún nos con­tó él, ha­bía ve­ni­do im­preg­na­do en un ar­ma­rio, un ar­ma­rio he­cho de ma­de­ra de cu­cus tree. Sor­pren­di­dos, no du­da­mos en pre­gun­tar a los pro­pie­ta­rios por la exis­ten­cia de un ar­ma­rio fa­bri­ca­do con ese ti­po de ma­de­ra. Tal y co­mo el ni­ño sos­te­nía, aquel mue­ble exis­tía y pro­ce­día de otra ca­sa, una en Bar­ce­lo­na, don­de años atrás ha­bía muer­to un ni­ño por in­ha­la­ción de hu­mo. Tras com­pro­bar los da­tos en he­me­ro­te­ca, vi­mos que la his­to­ria era ab­so­lu­ta­men­te real y que aquel ni­ño ha­bía fa­lle­ci­do en un in­cen­dio.

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