En la lí­nea de fue­go

LEE PHI­LLIPS TRA­BA­JA SU CUER­PO NO SÓ­LO PA­RA APA­RE­CER EN POR­TA­DA, SINO PA­RA SA­LIR VI­VO DE UN EDI­FI­CIO EN LLA­MAS.

Men's Health (Spain) - - Pregunta - POR ME­GAN FLEMMIT

Es uno de esos hé­roes co­ti­dia­nos. Un bom­be­ro de 42 años que se jue­ga la vi­da por sal­var la de otros. En ca­sos co­mo es­te, es­tar en for­ma, más que una op­ción, es una obli­ga­ción. Pero a Lee Phi­llips le vie­ne del le­jos lo del de­por­te. Su pa­sión por el en­tre­na­mien­to de fuer­za co­men­zó cuan­do te­nía 16 años. Aque­lla Na­vi­dad le re­ga­la­ron un jue­go de pe­sas. Lle­va­ba cin­co años ju­gan­do al rugby, y pen­só que era el mo­men­to de me­jo­rar su ren­di­mien­to de­por­ti­vo. Em­pe­zó a ha­cer pe­sas en el ga­ra­je de su pa­dre. “No te­nía ni idea, pero

fue un co­mien­zo”, re­cuer­da. In­ter­net, ese gi­gan­tes­co re­po­si­to­rio de ideas y con­se­jos so­bre en­tre­na­mien­to, to­da­vía no exis­tía. Lee ha­cía los ejer­ci­cios que en­con­tra­ba en li­bros. Aquel pre­coz co­mien­zo tu­vo su re­com­pen­sa. Cuan­do de­ci­dió ha­cer­se bom­be­ro ya es­ta­ba en una for­ma en­vi­dia­ble y, aún más im­por­tan­te, te­nía mu­cha dis­ci­pli­na y há­bi­to a la ho­ra de en­tre­nar. Ha­bía cons­trui­do una éti­ca de tra­ba­jo des­de ce­ro. De he­cho, lo de la éti­ca es al­go que se to­ma muy en se­rio. No pue­de ser de otra ma­ne­ra cuan­do tu pro­fe­sión es una de las más pe­li­gro­sas del mun­do, en la que un so­lo ata­jo mal to­ma­do pue­de aca­bar con tu vi­da y, lo que es peor, con la vi­da de otros.

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