PU­RO SHOW

Metal Hammer (Spain) - - ENTREVISTA - TEXTO: MIGNON RO­SE

Es­ta no­che pre­sen­táis vues­tro nue­vo dis­co Ava­tar Country en Ma­drid. ¿Qué nos pue­des con­tar de es­te nue­vo dis­co?

Bueno, co­mo ve­ni­mos de ha­cer un ál­bum co­mo Feat­hers and Flesh, que fue nú­me­ro uno y una obra de fic­ción muy per­so­nal sobre pér­di­da, la muer­te, el mie­do y de­bi­li­dad. Fue un dis­co muy oscuro. Con Ava­tar Country, por el con­tra­rio, qui­si­mos des­ve­lar la ver­dad, la ver­dad sobre nues­tro rey y abrir las puer­tas de Ava­tar Country. Eso nos ha lle­va­do de for­ma na­tu­ral a ha­cer un dis­co que tra­te mu­cho más la vi­da, la for­ta­le­za y la vic­to­ria. Creo que es el ál­bum más bri­llan­te y po­si­ti­vo que ja­más ha­yas es­cu­cha­do de Ava­tar. Es más optimista, por­que nues­tro rey es tan ma­ra­vi­llo­so.

Has men­cio­na­do que vues­tra in­ten­ción es des­ve­lar la ver­dad de Ava­tar Country y de su rey. ¿Cuál es esa ver­dad?

¡Oh, bueno! La ver­dad es que Ava­tar Country es un si­tio que real­men­te exis­te y nues­tro rey es real­men­te rey. Por eso es­ta­mos ha­cien­do es­tas vi­si­tas de Es­ta­do por to­do Es­ta­dos Uni­dos y Eu­ro­pa. Hay mu­chas ver­da­des sobre nues­tro rey, por su­pues­to, y mu­chos mis­te­rios. Por ejem­plo, nues­tro rey tiene una re­la­ción muy com­pli­ca­da con la mor­ta­li­dad. Co­mo con­ta­mos en la can­ción King Af­ter King, el rey cae en la ba­ta­lla, el ca­ba­llo es sol­ta­do y vuel­ve sin el rey. De al­gu­na for­ma, es co­mo una re­en­car­na­ción de él, pero no voy a en­trar más en de­ta­lles. La ver­dad de nues­tro rey es que ha ins­pi­ra­do a un mon­tón de lí­de­res, así co­mo he­chos im­por­tan­tes de la his­to­ria. Así si nues­tro rey se re­en­car­na, re­na­ce, si lo pre­fie­res, po­de­mos asu­mir que la his­to­ria o la re­li­gión han si­do ins­pi­ra­das por es­te he­cho, al igual que la re­su­rrec­ción de Je­su­cris­to.

¿Por qué Jo­nas es el Rey? ¿Por qué le ha­béis ele­gi­do?

¡Oh! ¡No! Na­die eli­ge al Rey. Pue­des ele­gir a un pre­si­den­te, a un mi­nis­tro, a un al­cal­de, pero no pue­des

ele­gir a un rey por­que un rey ha na­ci­do pa­ra ser rey.

Me pa­re­ce muy in­tere­san­te la mez­cla de es­ti­los en es­te nue­vo ál­bum. Pa­sáis del heavy me­tal clá­si­co al ex­tre­mo en dé­ci­mas de se­gun­do. Ade­más, en­cuen­tro muy in­tere­san­te vues­tra can­ción Wel­co­me to Ava­tar Country, por­que el co­mien­zo es muy rock su­re­ño. ¿Cuá­les son vues­tras raí­ces?

Es­ta­mos in­fluen­cia­dos por mu­chas co­sas y mu­chas ban­das, pero la ra­zón por la que es­ta­mos có­mo­dos to­man­do mu­chas di­rec­cio­nes di­fe­ren­tes es que dos ban­das que nos han ins­pi­ra­do mu­chí­si­mo con Queen y The Beatles. Soy par­ti­cu­lar­men­te un gran fan de los Beatles. Si es­cu­chas el Whi­te Al­bum es muy di­fe­ren­te de otros tra­ba­jos de su dis­co­gra­fía. Al mis­mo tiem­po, de to­das for­mas, sue­na co­mo los Beatles. No só­lo por los can­tan­tes, tam­bién por to­das las vo­ces que se unen de los mú­si­cos que com­po­nen la ban­da. Por ejem­plo, por­que se usa el mis­mo mo­do pa­ra ajus­tar

y to­car la ba­te­ría, to­do eso com­po­ne una úni­ca voz. Co­mo creo en ca­da una de las di­fe­ren­tes vo­ces que com­po­nen la ban­da, creo que so­na­mos siem­pre co­mo Ava­tar. Por eso no se­gui­mos una pau­ta de có­mo de­be­mos so­nar al fi­na. Nos gus­ta el me­tal y so­na­mos co­mo me­tal, pero de­ja­mos fluir las can­cio­nes tal cual lo sen­ti­mos y es­cri­bi­mos la música que ama­mos. El al­go muy sen­ci­llo, real­men­te.

Ha­blan­do de The Beatles y Queen. ¿Es­táis in­tere­sa­dos en esos hits épi­cos co­mo ellos?

Ten­go que ser au­tén­ti­co y ho­nes­to con­mi­go mis­mo. No me preo­cu­po mu­cho de es­cri­bir hits. Nun­ca es­cri­bo pen­san­do: ¡oh!, es­to va a ser un sin­gle. Yo só­lo úni­ca­men­te, y tam­bién el res­to e la ban­da, buscamos esa sen­sa­ción de: ¡oh! ¡ado­ro es­ta can­ción! Así una can­ción re­sul­ta co­mo tiene que ser. Ha­go pie­zas de ocho mi­nu­tos de pu­ro heavy me­tal. Eso no es pa­ra la ra­dio. Así que creo que nues­tra for­ma de ha­cer hits no vie­ne de los Beatles. Tiene que ver más con la li­ber­tad pa­ra ex­plo­rar lo que to­mo de ellos.

De­fi­ni­ti­va­men­te vo­so­tros sois una ban­da de di­rec­to. ¿Es di­fí­cil lle­var el con­cep­to que creáis en el dis­co y la esen­cia del so­ni­do de ese tra­ba­jo al es­ce­na­rio?

¡Ese es el re­to, sí! Tam­bién es al­go que ado­ra­mos ha­cer. Ca­da vez que em­pe­za­mos a com­po­ner lo ha­ce­mos con una ba­se de ba­te­ría, ba­jo, gui­ta­rra y vo­ces. Em­pe­za­mos allí, lue­go vie­nen los co­ros, sin­te­ti­za­do­res, sam­plers... y si tiene sen­ti­do las aña­di­mos en el di­rec­to. Ac­tual­men­te es al­go muy fá­cil de ha­cer por­que lo po­nes en una pis­ta pre­gra­ba­da. Lo que can­to real­men­te lo can­to, lo que to­ca­mos de ver­dad lo to­ca­mos, pero sobre eso po­ne­mos los sam­plers. Es de­cir, gra­cias a la téc­ni­ca y la tec­no­lo­gía po­de­mos re­crear­lo en di­rec­to.

¿Có­mo es­tá yen­do la gi­ra? ¿Có­mo es­táis per­ci­bien­do la reac­ción an­te el nue­vo dis­co por par­te de los fans?

La gen­te es­tá aco­gien­do al rey muy bien. Les es­tán abrien­do su co­ra­zón de par en par. Pue­des es­cu­char­lo tú mis­ma aho­ra, en la sa­la la gen­te es­tá can­tan­do y vi­to­rean­do dos ho­ras an­tes in­clu­so de que to­que­mos pa­ra ellos, así que es­tá yen­do muy muy bien. Se no­ta que han que­ri­do unir­se a la di­ver­sión con no­so­tros y eso es fan­tás­ti­co. No po­dría­mos tra­ba­jar sin es­te ti­po de res­pues­ta. Creo que mu­cha gen­te no es­pe­ra­ba que hi­cié­ra­mos es­to, pero la gen­te a la que le gus­ta­mos es­tá acos­tum­bra­da a es­pe­rar lo ines­pe­ra­do. Siem­pre que­re­mos ha­cer al­go nue­vo. Co­mo me­tal­head uno de mis dis­cos fa­vo­ri­tos es Bri­tish Steel de Judas Priest. Ado­ro ese ál­bum y lo que tiene ese ál­bum es que aho­ra es un clá­si­co, pero allá en los 80 ese tra­ba­jo fue al­go no­ve­do­so. No­so­tros que­re­mos ha­cer al­go así en el heavy me­tal. Al­go que se me­rez­ca ser lla­ma­do clá­si­co, pero sin emu­lar los cá­si­cos, só­lo sien­do ins­pi­ra­do por ellos.

Bueno, la pa­la­bra king es­tá en to­dos los tí­tu­los del dis­co.

To­das las can­cio­nes son sobre nues­tro rey. Y el con­cep­to del dis­co se cen­tra en con­tar la his­to­ria de nues­tro rey, eso es to­do.

Re­su­mien­do, vues­tros sie­te ál­bu­mes có­mo des­cri­bi­ríais el mun­do de Ava­tar.

No es­toy se­gu­ro de que pue­da ha­cer­lo, por­que es un pro­yec­to ar­tís­ti­co. La ra­zón más im­por­tan­te por al que el ser hu­mano ha­ce ar­te es ar­ti­cu­lar al­go que real­men­te no pue­de ex­pre­sar con pa­la­bras, no lo pue­de ex­pre­sar de otra ma­ne­ra o lo que quie­re es ex­pre­sar al­go más allá. To­do el con­cep­to vi­sual de Ava­tar for­ma par­te del con­jun­to ar­tís­ti­co y tra­ta­mos la ima­gen de Ava­tar co­mo tal. El dis­co pue­de tra­tar de al­go, y con­du­cir­nos a al­gún la­do, pero no es el con­jun­to ar­tís­ti­co com­ple­to. Lo im­por­tan­te es el via­je. Ser cons­cien­te de que los Ava­tar del pa­sa­do no son los de aho­ra, so­mos di­fe­ren­tes. Esa es la par­te más im­por­tan­te. Por otro la­do, que­re­mos ha­cer co­sas que nos gus­ten y nos ins­pi­ren, y lo que más nos apa­sio­na es to­mar ca­da as­pec­to de Ava­tar co­mo ar­te. No só­lo las can­cio­nes, in­clu­so to­do lo que pue­de ser ma­te­rial pro­mo­cio­nal: lo vi­sual, los vi­deo­clips... To­do tiene que ha­cer sen­tir lo mis­mo que las can­cio­nes, y tiene que im­por­tar lo mis­mo que la música. Así que si fue­ra ca­paz de ex­pre­sar de qué se tra­ta to­do es­to que ha­ce­mos con pa­la­bras cla­ras, no ten­dría que es­cri­bir le­tras sobre ello. ¿Sa­bes lo que quie­ro de­cir? To­do de lo que ha­bla­mos tiene lu­gar en es­te mun­do de Ava­tar, en es­te universo oscuro del mun­do del cir­co. Aun­que es muy va­ria­do a ve­ces es oscuro o a ve­ces es so­lea­do, de­pen­dien­do de lo que quie­ras ar­tís­ti­ca­men­te.

¿No preo­cu­pa un po­co ser pre­de­ci­bles cuan­do ha­ces un ál­bum con­cep­tual? ¿No in­tu­ye el oyen­te lo que va a es­cu­char en las can­cio­nes?

Bueno, des­de es­te pun­to de vis­ta. En seis o sie­te ál­bu­mes he­mos sor­pren­di­do a la gen­te. Y la ra­zón por la que he­mos he­cho eso no es por sor­pren­der a al­guien en con­cre­to, es por­que no que­re­mos es­cri­bir la mis­ma can­ción dos ve­ces y que­re­mos crear al­go que nos ha­ga apren­der al­go nue­vo co­mo mú­si­cos. Y to­da­vía sien­to esa li­ber­tad. Si hay al­go de lo que me pue­da preo­cu­par ser pre­de­ci­ble no es una de ellas. Va­mos ha­cia lo que cree­mos co­mo ban­da, lo pre­vi­si­ble no es pa­ra no­so­tros. Ado­ro AC/CD, ya sa­bes, real­men­te amo a AC/DC, son muy re­co­no­ci­bles por su es­ti­lo. Vi un pro­gra­ma de te­le­vi­sión de los 60 en los que unos ado­les­cen­tes te­nían que ver un ví­deo de The Beatles y dis­cu­tir sobre ello des­pués. Cuan­do apa­re­cie­ron The Beatles nun­ca se ha­bía es­cu­cha­do na­da igual an­te­rior­men­te.

¿Nun­ca ha­béis pen­sa­do en crear una ma­yor pro­duc­ción de vues­tro con­cep­to?

Oh, sí que pen­sa­mos. Tris­te­men­te el es­ce­na­rio se hoy es muy pe­que­ño. Si ves lo que ha­ce­mos en nues­tros con­cier­tos an­te­rior­men­te, co­mo en Bil­bao, que te­nía­mos más si­tio, ves que siem­pre ha­ce­mos to­do lo que po­de­mos. In­clu­so cuan­do to­ca­mos en sa­las pe­que­ñas que­re­mos dar el má­xi­mo de es­pec­tácu­lo. To­do es­tá crea­do pa­ra que la gen­te sien­ta cuan­do pa­san a la sa­la que en­tran en el país de Ava­tar. In­clu­so si el es­ce­na­rio es pe­que­ño co­mo es­te, no me es­toy que­jan­do en ab­so­lu­to es­te es­pa­cio es más que su­fi­cien­te pa­ra ha­cer lo que ha­ce­mos. Si pien­sas en el tea­tro lo más im­por­tan­te no es el es­pa­cio, son los ac­to­res. Pue­des ha­cer Romeo y Ju­lie­ta aquí en es­te ca­me­rino con gran­des ac­to­res. Si no pue­des te­ner un bal­cón, si no pue­des te­ner es­pa­das el co­ra­zón lo po­ne el ar­tis­ta. Da igual si eres ac­tor o mú­si­co.

Es­toy muy de acuer­do con eso. Es­cri­bis­te un li­bro a par­tir del dis­co an­te­rior. ¿Crees que al­gún día ten­drás va­lor de plas­mar to­da la his­to­ria de Ava­tar en ne­gro sobre blan­co?

Creo que ya lo he­mos he­cho, pero de una for­ma di­fe­ren­te. En Fa­ce­book tie­nes las no­ti­cias de K TV y de la for­ma en la que nos co­mu­ni­ca­mos en las re­des so­cia­les. La his­to­ria se ha he­cho ca­da vez más gran­de y se ha di­fun­di­do ca­da vez más a tra­vés de es­tos me­dios de co­mu­ni­ca­ción. La cues­tión con el li­bro es que de al­gu­na for­ma lo he­mos he­cho, y lo que quie­ro es ha­cer al­go nue­vo de lo que no es­té se­gu­ro si se­re­mos ca­pa­ces ha­cer­lo. Al­go que su­pon­ga un re­to pa­ra no­so­tros. De nue­vo la cues­tión es un nue­vo re­to.

Des­pués de sie­te dis­cos ya de Ava­tar si tu­vie­ras que ele­gir un mo­men­to cum­bre, ¿cuál se­ría?

¡Oh! Des­de el pun­to de vis­ta de can­cio­nes, co­mo di­jo Mccart­ney al­gu­na vez, es­ta va a ser una res­pues­ta abu­rri­da, ja ja ja ja. No pue­do ele­gir só­lo una can­ción, por­que se con­vier­ten co­mo en tus hi­jos, aun­que hay al­gu­nas ove­jas ne­gras en la fa­mi­lia, ja ja ja ja. Co­mo ban­da, des­de el pun­to de vis­ta de lo que he­mos vi­vi­do es­tos años, di­ría que mu­chos mo­men­tos en el es­ce­na­rio. Aun­que tam­bién di­ría que Down­load Ma­drid fue ex­tra­or­di­na­rio. Ya vi­ni­mos a Es­pa­ña por pri­me­ra vez ha­ce cin­co años abrien­do pa­ra Aven­ged Se­ven­fold, pero Down­load fue pa­ra no­so­tros abrir las puer­tas de Es­pa­ña de par en par, y de­cir: ¡Ho­la, es­ta­mos aquí! Siem­pre ce­le­bra­mos to­car aquí. Cuan­do to­cá­ba­mos pa­ra pe­que­ñas au­dien­cias, in­clu­so en­ton­ces to­car en Es­pa­ña lo re­cor­da­mos co­mo al­go muy es­pe­cial. Down­load Pa­rís tam­bién, por­que tu­ve la opor­tu­ni­dad de jun­tar­me con Josh y Kenny de Ty­pe O Ne­ga­ti­ve pa­ra to­car Black Nº 1. Esa opor­tu­ni­dad me la dio las cir­cuns­tan­cias de es­tar en es­ta ban­da. En es­te pun­to, si vol­ve­mos a la música es muy di­fí­cil pa­ra mí de­cir por­que con la fi­lo­so­fía que te­ne­mos co­mo com­po­si­to­res, co­mo ar­tis­tas, ca­da nue­vo ál­bum de al­gu­na for­ma es una nueva cum­bre ar­tís­ti­ca a la que lle­ga­mos. Black Walz fue es­pe­cial, por­que em­pe­za­mos a preo­cu­par­nos por lo que opi­na­rían nues­tros fans de nues­tro tra­ba­jo. Hail Apo­caly­pse lo gra­ba­mos en di­rec­to y es un dis­co muy im­por­tan­te pa­ra no­so­tros só­lo por eso. El ál­bum con­cep­tual Feat­hers and Flesh nos dio pa­so a es­tar ha­blan­do hoy de nues­tro rey. La ver­dad es que to­do ha si­do al­go des­ta­ca­ble por al­gún mo­ti­vo en nues­tra ca­rre­ra. Ya ve­re­mos lo que pa­sa con los si­guien­tes dis­cos, pero nos sen­ti­mos muy con­ten­tos con nues­tro pa­sa­do.

¿Qué dig­ni­fi­ca la mo­nar­quía pa­ra ti? ¿Qué cla­se de per­so­na se­ría un buen rey pa­ra ti?

Bueno, el pro­ble­ma de otras mo­nar­quías co­mo la sue­ca o la es­pa­ño­la es que son se­res hu­ma­nos co­mo tú y co­mo yo. Así que uno se cues­tio­na có­mo de de­mo­crá­ti­ca es esa elección. Por otra par­te, en Ava­tar Country, nues­tro rey, es co­mo una di­vi­ni­dad. Es al­go más que un hu­mano, es­ta­mos ha­blan­do de una re­en­car­na­ción. Por eso es muy dis­tin­to al res­to de la hu­ma­ni­dad. Si el res­to de los reyes son hu­ma­nos co­mo tú y co­mo yo, qui­zás las elec­cio­nes sean una bue­na idea pa­ra Sue­cia o Es­pa­ña, pero en Ava­tar Country no lo ne­ce­si­ta­mos, por­que to­dos vo­ta­rían por pro­pia vo­lun­tad al rey de cual­quier for­ma.

¿Qué os que­da por ha­cer? ¿Có­mo veis el fu­tu­ro?

Ir de gi­ra, gra­bar y vol­ver a sa­lir de gi­ra, ja ja ja ja ja. Esa es la res­pues­ta cor­ta.

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