Mundo Deportivo

La dinastía Mahomes se perpetúa

→ Los Chiefs vencieron a los Niners en la prórroga (25-22) de un duelo trabado, emocionant­e y que decidió el quarterbac­k

- David Llorens

→ Nunca los Kansas City Chiefs habían sufrido tanto para reinar. La LVIII Super Bowl fue una final trabada, tensa, poco vistosa pero preñada de emociones fuertes. Un auténtico ejercicio de superviven­cia entre dos rivales tremendame­nte igualados tanto en juego como en ansias, que se vieron arrastrado­s al límite de sus fuerzas hasta desembocar en una prórroga agónica. Y cuando, tras más de cuatro horas y media sin tregua se disipó la polvareda de esa batalla épica, en medio del magnífico Allegiant Stadium de Las Vegas quien permanecía en pie era el de siempre. Patrick Mahomes.

Los Chiefs se impusieron a los San Francisco 49ers por 25-22, ciñéndose su cuarto anillo de campeón, el tercero de la era Mahomes en cuatro finales desde que él se hizo cargo de la posición de quarterbac­k. La dinastía continúa y

quién sabe hasta cuándo. Kansas City es el primer equipo que repite título desde que los New England Patriots de Tom Brady lo lograran en 2004 y 2005. El inevitable Patrick Mahomes (28 años) fue designado MVP de la Super Bowl por tercera vez, igualando a una leyenda de los Niners, Joe Montana, y sólo por detrás de, una vez más, Brady (5). Y esta vez le bastó con cuatro pinceladas de su inmenso talento para desequilib­rar un pulso titánico. Pero qué pinceladas y, sobre todo, en qué momento.

En el otro lado, San Francisco deberá seguir buscando a quien herede la leyenda de Montana y Steve Young. Lleva 29 años intentando recuperar un trofeo Vince Lombardi que le es esquivo y por el camino ha perdido ya tres finales. Brock Purdy pasa a engrosar la lista de quarterbac­ks california­nos que se quedaron en el último peldaño junto a Colin Kaepernick y Jimmy Garoppolo.

Desde el kickoff inicial las defensas se convirtier­on en protagonis­tas casi únicas del partido. Los ataques se perdían por la asfixiante presión rival o por errores groseros. Y en esta carestía (sin anotación en el primer cuarto) fueron los Niners quienes se adaptaron mejor. Les bastó un field goal de Moody y una imaginativ­a jugada del playbook de Shanahan –pase horizontal de Purdy a Jauan Jenings para que el receptor, haciendo de quarterbac­k, lanzara a su vez profundo hacia Christian Mccaffrey, que voló hasta la end zone– para ponerse 0-10 arriba al filo del descanso, que maquilló un field goal de Butker.

Un pírrico 3-10 antes del show del descanso a cargo de Usher & sus artistas invitados. Salvo Mccaffrey, el resto de estrellas atacantes pasaban desapercib­idas. Kittle, Aiyuk, Samuel, Rice... Kelce llevaba una sola yarda ganada para desesperac­ión de Taylor Swift y de toda la Chiefs Nation.

En la reanudació­n la intensidad defensiva se mantuvo pero el cansancio hizo que sus costuras se fueran deshilacha­ndo poco a poco. Y de eso se aprovechó Kelce para ganar al fin protagonis­mo (y yardas). Los Chiefs encadenaro­n un nuevo field goal de Butker y un touchdown de Valdes-scantling, aprovechan­do una jugada desafortun­ada de los Niners, para ponerse por delante finalizado el tercer cuarto (13-10).

Y más intercambi­o de fuego en el último parcial: touchdown de Jennings para San Francisco, extra point bloqueado por la zaga de Missouri (13-16) y, tras dos nuevas patadas a palos, una por bando (1619), drive apresurado de los Chiefs que desembocó en un nuevo field goal a diez segundos del final. 1919. Prórroga.

Los 49ers arrancaron atacando y sólo pudieron arañar un field goal (19-22). A Kansas City le quedaban poco más de dos minutos. Y eso es una vida si Mahomes conduce la ofensiva. Asumió la responsabi­lidad y se la jugó con sus piernas en situacione­s límite, hasta plantarse en la red zone y enviar un pase corto a Mecole Hardman para el touchdown definitivo ●

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FOTO: EFE Patrick Mahomes celebra el touchdown de Mecole Hardman en la prórroga que certificó el tercer anillo para él y confirmó la actual dinastía hegemónica de la NFL

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