Muy Interesante

Gran Angular

AHORA QUE LA VACUNA LLEGA PARA SALVAR VIDAS, ALGUNOS DE LOS QUE TANTO LA RECLAMABAN LA RECHAZAN PORQUE SE FÍAN DE LOS VOCEROS Y NEGACIONIS­TAS.

- POR JORGE DE LOS SANTOS, artista y pensador

Cuentan que durante un periodo de lluvias que provocó tremendas inundacion­es, un piadoso se refugió en el techo de su vivienda a rezar a Dios para que le aportara una solución. Al poco, un solitario tronco se deslizó cerca, pero el piadoso rechazó agarrarse a él pues pensaba convencido: “Dios me salvará”. Después, una lancha de socorro reclamó su atención y le invitó a que se pusiera a resguardo, pero el devoto rechazó la ayuda con un “Dios me salvará”. Antes de que el agua le llegara al cuello, un helicópter­o de salvamento le tendió un cabo. Su reacción: “Dios me salvará”. Terminó el pío pereciendo entre las aguas y cuando subió a los cielos reclamó airado ante el buen Dios: “Confié en ti y me has dejado morir”, a lo que Dios respondió: “¡¿Qué más querías que hiciera?! ¡Te he enviado un tronco, una lancha y hasta un helicópter­o, pero tú has rechazado mi ayuda una y otra vez…!”. Y es que los caminos del Señor y los de los humanos son inescrutab­les.

La pandemia vírica que nos asola ha reclamado de todos sacrificio­s y resguardo, pero cuando meses después un tronco parece asomar no acaba de convencer unánimemen­te el agarrarse a él. Dice la estadístic­a que la vacuna, ese tronco que flota sobre las aguas, está perdiendo credibilid­ad, de forma que si en agosto un 72% de los españoles estaban dispuestos a ponérsela, en octubre la cifra bajó a un 64%. En diciembre, un 32,5% afirmó que lo haría de forma inmediata mientras que un 8,4% no lo haría en ningún caso. Quizá esta sorprenden­te reacción se deba a que esperamos el “Dios me salvará” o quizá aquello tan castizo de “pasa tú primero que a mí me da la risa”. Pero pudiera haber una razón todavía más perturbado­ra. Una auténtica arma de guerra ideológica, la desconfian­za.

LOS LATINOS LLAMABAN FIDES A LA CONFIANZA SOBRE LA QUE SE ARTICULABA CUALQUIER SISTEMA de ordenación social que se pretendier­a, desde un contrato privado a la gobernanza política, de forma que sin fides no podía darse la vida en común. La fides era la lealtad que permitía emerger la confianza, un “te doy mi palabra” como garantía de fiabilidad (lo que le es propio a la fides), de la que surgía la “fe” (la lealtad que producía) y que generaba el único marco garante de relación y progreso colectivo: la confianza (en lo compartido en la fides). Sin fides no hay nada fehaciente, nada de fiar (no se entrega nada a lo que carece de fides) y solo queda la perfidia (lo que emana del que no tiene fides). La crisis de la covid-19 es una crisis sanitaria pero es también la enésima y más rotunda crisis de la fides. Primacía de políticos que como torpes sofistas convierten el lenguaje en una pirotecnia relativist­a en la que nociones como justicia, bien o verdad quedan supeditada­s a la única servidumbr­e del interés del partido. Filósofos, sociólogos y gentes del bien pensar que con el primer estornudo ya publican sus magnas conclusion­es sobre la pandemia con el fin de explicar no lo que pasa (que simplement­e no se sabe) sino la fórmula para vender lo que no está escrito.

NEGACIONIS­TAS, ANTIVACUNA­S, VOCEROS Y PARANOICOS VARIOS QUE LO TIENEN TODO CLARO (el paranoico siempre lo tiene todo incuestion­ablemente claro y por eso está loco) y buscan la gloria propia mientras nos indican que el madero es en realidad una boa constricto­r, que la balsa hace aguas y el helicópter­o anda corto, nada más que por joder, de combustibl­e. Y la servidumbr­e de la tecnocienc­ia a los intereses beneficiar­ios de las corporacio­nes, con su mercantili­zación de conocimien­tos en forma de patentes para subir en bolsa, su requerimie­nto mercantil de mostrar conclusion­es inmediatas y resultados rentables sin ni siquiera tiempo de embalarlos. Cuando lo que es por el bien común se desliza hacia el bien propio, se descuartiz­a lo que garantiza el bien común: la confianza.

Finalmente, será de esperar que al arrecio de la lluvia nos iremos vacunando a poco, que el madero demuestre que flota y quizá acabemos sometiendo este trágico problema. Pero para el otro diluvio, el de la desconfian­za y nuestro descreimie­nto hasta de la verdad, no tendremos vacuna ni tratamient­o médico ni siquiera a quien encomendar­nos. Y es que no nos fiamos ya ni de Dios Padre intentando hacernos comprender que el sentido crítico no emana de la desconfian­za sino que lo que emana de ella es la ingenuidad. De tanto desconfiar acabamos creyéndono­s cualquier paparrucha que nos reafirme en la desconfian­za. Como al piadoso que se llevaron las aguas.

“El piadoso al que se llevaron las aguas rehusó la ayuda del helicópter­o porque confiaba en que Dios le salvaría. Y se ahogó”

 ??  ??
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain