Abel Pérez Ga­bu­cio. Hablamos con el fun­da­dor del es­tu­dio Àbag,

ABEL PÉREZ GA­BU­CIO, DEL ES­TU­DIO BAR­CE­LO­NÉS ÀBAG, IMA­GI­NA, DI­SE­ÑA Y PRO­YEC­TA CON MINUCIOSIDAD Y SIN MIE­DO A EX­PE­RI­MEN­TAR. NA­DA ES CA­SUAL EN UNOS IN­TE­RIO­RES QUE MADURAN BIEN Y HA­CEN GA­LA DE ATEMPORALIDAD.

Nuevo Estilo - - SUMARIO / DICIEMBRE 2018 - Tex­to: Vir­gi­nia Se­rrano. Fo­tos: Aa­rón León

Em­pe­cé a tra­ba­jar des­de el sa­lón de ca­sa. Te­nía el es­cri­to­rio con vis­tas a un pe­que­ño pa­tio y las reunio­nes eran en el ca­fé ita­liano de aba­jo. Po­co a po­co con­se­guí más pro­yec­tos. Al­qui­lé una ofi­ci­na con ami­gos, lue­go cam­bié a una más gran­de, y has­ta aho­ra, que es­ta­mos en Ram­bla de Ca­ta­lun­ya». Así ex­pli­ca Abel Pérez Ga­bu­cio có­mo mon­tó su pro­pio es­tu­dio des­pués de años de ex­pe­rien­cia en el cam­po del in­terio­ris­mo. En­tre las má­xi­mas que le ins­pi­ran es­tán dar a ca­da es­pa­cio una dis­tri­bu­ción úni­ca y ade­cua­da, ma­ne­jar los ma­te­ria­les clá­si­cos de otra for­ma pa­ra traer­los a la ac­tua­li­dad con to­ques de co­lor, y lo­grar una ilu­mi­na­ción es­me­ra­da. La per­so­na­li­dad de sus am­bien­tes es una mez­cla de so­brie­dad for­mal, crea­ti­vi­dad con di­se­ños pro­pios y pa­sión por el mo­bi­lia­rio re­ci­cla­do. De­fi­ne tu fi­lo­so­fía de tra­ba­jo. Soy muy de­ta­llis­ta y me­ticu­loso. Per­si­go la ca­li­dad que se per­ci­be sin ser evi­den­te, la in­ten­cio­na­li­dad en la de­co­ra­ción, en la se­lec­ción de co­lo­res, te­ji­dos y tex­tu­ras. Me en­can­ta crear at­mós­fe­ras que sean cá­li­das y po­si­ti­vas.

¿Tu se­llo? Mi mé­to­do con­sis­te pre­ci­sa­men­te en no marcar un es­ti­lo con­cre­to. Bus­co que el pro­yec­to se rin­da al usua­rio, po­ten­ciar al má­xi­mo las po­si­bi­li­da­des de ca­da lu­gar. Siem­pre hay al­go que me­jo­rar. ¿Es­té­ti­ca o fun­ción? Las dos, se pue­den (y de­ben) com­bi­nar per­fec­ta­men­te. En una bue­na ilu­mi­na­ción... Ca­li­dez y ver­sa­ti­li­dad son cla­ves. Me gus­tan dis­tin­tas es­ce­nas de luz pa­ra di­ver­sas si­tua­cio­nes: des­de ilu­mi­nar un rin­cón a un am­bien­te ge­ne­ral pa­ra mo­men­tos más so­cia­les.

Un ma­te­rial. Mu­chos. Me fascina ex­pe­ri­men­tar y pre­sen­tar­los con un as­pec­to di­fe­ren­te al ha­bi­tual pa­ra sor­pren­der.

¿Qué pie­za no fal­ta nun­ca en tus pro­yec­tos? In­ten­to no re­pe­tir, pien­so que ca­da obra se de­be a sí mis­ma. Aun­que me en­can­ta com­prar mue­bles de se­gun­da mano y res­tau­rar­los pa­ra in­te­grar­los en am­bien­tes con­tem­po­rá­neos y pro­vo­car el contrapunto.

Tus co­lo­res fe­ti­che. Los blan­cos y ocres con con­tras­tes en to­nos vi­vos. Un im­pres­cin­di­ble en el sa­lón. Sin du­da, una bu­ta­ca có­mo­da.

El ar­te, ¿qué pa­pel cum­ple? Es real­men­te cru­cial, no sa­bría pro­yec­tar sin él en cual­quie­ra de sus for­mas. In­dis­pen­sa­bles pa­ra que una ca­sa fun­cio­ne. Un es­tu­dio im­pe­ca­ble de los re­co­rri­dos y la prac­ti­ci­dad; unos ma­te­ria­les que per­du­ren, al igual que la pa­le­ta cro­má­ti­ca es­co­gi­da; ilu­mi­nar con mu­cho ca­ri­ño y sol­tar­se el pe­lo en al­gún pun­to pa­ra crear sor­pre­sa. ¿Ha­cia dón­de va el in­terio­ris­mo? Qui­zá a po­ten­ciar lo que per­du­ra en el tiem­po, los di­se­ños que maduran bien, el lu­jo sin pre­ten­sio­nes... Al me­nos, es don­de me gus­ta­ría que fue­ra y es lo que prac­ti­co en mi es­tu­dio.

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