“A TO­DOS NOS GUS­TA TE­NER AMOR, PE­RO NO HA­BLAR DE ÉL”

Con al­gu­nas tra­duc­cio­nes a va­rios idio­mas y una exi­to­sa aco­gi­da, las no­ve­las de Mà­xim Huer­ta res­pi­ran la ma­gia de su ha­bi­li­dad con las le­tras. Aho­ra re­gre­sa con Fir­ma­men­to, otra ex­ce­len­te obra con la que abun­da en la men­ti­ra y el amor y con­du­ce al lec­tor

Objetivo Bienestar - - EL BLOC - It­ziar Or­te­ga Errasti

Fue an­tes del re­vue­lo sus­ci­ta­do en los úl­ti­mos días cuan­do tu­vi­mos la opor­tu­ni­dad de com­par­tir una char­la con Mà­xim Huer­ta. Aca­ba­ba de pu­bli­car su úl­ti­mo li­bro, Fir­ma­men­to, y tan­to de sus pá­gi­nas co­mo de sus pa­la­bras se des­pren­día su pa­sión por la li­te­ra­tu­ra. Es­cri­tor y pe­rio­dis­ta, es­ta nue­va obra su­pu­so un so­plo de ai­re fres­co, des­pués de la ín­ti­ma y per­so­nal La par­te es­con­di

da del ice­berg.

¿ Por qué es­ta no­ve­la?

Sur­gió de un fin de se­ma­na en el que fui a For­men­tor por­que aca­ba­ba de rom­per. El lu­gar me pa­re­ció un pa­raí­so. Un te­so­ro. Me fas­ci­nó. Y qui­se cons­truir allí una his­to­ria, en la que el pai­sa­je fue­se pro­ta­go­nis­ta tan­to co­mo los dos per­so­na­jes. Sen­tí que de­bía es­cri­bir una no­ve­la de agua sa­la­da. Por­que to­das las co­sas que lle­van agua sa­la­da cu­ran; el mar, las lá­gri­mas y el su­dor.

¿Una cu­ra a tu si­tua­ción de en­ton­ces?

Creo que las no­ve­las siem­pre sa­len de una si­tua­ción per­so­nal, de al­go que ves, de al­go que lees, de un im­pac­to, de una fra­se que oyes... En mi ca­so, sí que na­ció de una ne­ce­si­dad de agua sa­la­da pa­ra cu­rar. Yo cons­tru­yo a los per­so­na­jes con to­do lo que ob­ser­vo y es­cu­cho, co­mo ha­ce Ma­rio, que es­tá to­do el día apun­tan­do frases.

Y la na­rra­ción en pri­me­ra per­so­na...

El ob­je­ti­vo era que el li­bro fue­se co­mo el mar, por eso los ca­pí­tu­los son AnaMa­rio-Ana-Ma­rio. Los na­rra­do­res son ellos, por­que la mis­ma his­to­ria de amor nun­ca se ve igual des­de dos ha­bi­ta­cio­nes dis­tin­tas.

La por­ta­da ya es to­da una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes.

Sí, por­que el mar es relax, di­ver­sión, sen­sua­li­dad, bru­ta­li­dad... El mar es co­mo si fue­se hu­mano. Ex­pe­ri­men­ta lo mis­mo que tú. Por eso me em­pe­ñé en que la cu­bier­ta in­vi­ta­se al lec­tor a bu­cear en la his­to­ria de Ma­rio y Ana. Por­que am­bos se des­nu­dan.

¿Por qué la figura del negro li­te­ra­rio?

Es un li­bro que ha­bla de la men­ti­ra en las re­des so­cia­les, en las re­la­cio­nes per­so­na­les, en la vi­da... Y la men­ti­ra de Ma­rio es que es crea­dor de fic­ción. Es ca­paz de crear no­ve­las pa­ra otros, pe­ro in­ca­paz de aca­bar su vi­da. Por eso ne­ce­si­ta el agua sa­la­da del mar, pa­ra aca­bar la no­ve­la y, so­bre to­do, aca­bar lo más im­por­tan­te: los ca­pí­tu­los de su vi­da.

¿Nues­tra his­to­ria es co­mo una no­ve­la?

Sí, pe­ro sin ta­pas. Creo que to­dos vi­vi­mos ex­pe­rien­cias de no­ve­la. Aun­que lo im­por­tan­te no es lo que vi­ves, sino ser ca­paz de dar­te cuen­ta de que lo que has vi­vi­do, ese ca­pí­tu­lo más tris­te o más ale­gre, po­dría for­mar par­te de una no­ve­la.

¿Có­mo has sen­ti­do el pro­ce­so de crea­ción de Fir­ma­men­to?

Ha si­do un pro­ce­so fe­liz, por­que co­mo la an­te­rior no­ve­la fue du­ra de es­cri­bir, con es­ta otra que­ría dis­fru­tar. Del te­dio del ve­rano, de los per­so­na­jes... Y com­po­ner una his­to­ria que fue­ra co­mo el mar; unas ve­ces bra­vo, otras re­la­ja­do. Mi ob­je­ti­vo era que el lec­tor tu­vie­se la sen­sa­ción del tem­po del mar, que va y que vie­ne.

¿Es es­te el li­bro que más te ha mar­ca­do?

Fir­ma­men­to es un li­bro que ne­ce­si­ta­ba es­cri­bir por­que me pa­re­ce que es a prio­ri más li­ge­ro, pe­ro que es­con­de de­trás mu­cha his­to­ria. A mí me ape­te­cía mu­cho ba­ñar­me en él, aun­que lue­go ten­ga mu­cha pro­fun­di­dad y no se­pas lo que va a pa­sar nun­ca cuan­do te enamo­ras. Pri­me­ro es una ci­ta, y lue­go no sa­bes qué mar te es­pe­ra. Sí que es el li­bro que más he dis­fru­ta­do es­cri­bien­do.

Ade­más, la na­rra­ti­va es has­ta poé­ti­ca.

Sí. Es que no que­ría que fue­ra vo­lu­mi­no­so, sino más bien in­ten­so. Que una fra­se te hi­cie­ra pa­rar­te.

¿Por qué un fir­ma­men­to om­ni­pre­sen­te?

Por­que cuan­do dos per­so­nas se cono-

“El leer me ge­ne­ra mu­chas pre­gun­tas, por­que me gus­ta que una no­ve­la me tras­to­que. Y crear fic­ción es má­gi­co”

cen es co­mo si hu­bie­sen en­con­tra­do su cie­lo. Allí pa­re­ce que es­tá to­do es­cri­to, con cons­te­la­cio­nes que son el des­tino. Pe­ro a ve­ces uno pue­de rom­per su des­tino y enamo­rar­se in­clu­so de la per­so­na que me­nos es­pe­ra­ba. El fir­ma­men­to es ese que de pron­to su­ce­de en­tre dos per­so­nas. Pa­re­ce que no exis­ta na­da más. Esa sen­sa­ción de que to­do el mun­do so­bra. Por eso en la no­ve­la es­tán so­lo Ma­rio y Ana.

Es una no­ve­la que trans­mi­te amor.

La gen­te tie­ne mie­do a ha­blar de él. Creo que a to­dos nos gus­ta ha­cer­lo, te­ner­lo, pe­ro no nos gus­ta ha­blar, nos da ver­güen­za. En cam­bio, nos fas­ci­na ha­blar de su­ce­sos, nos im­pac­ta ha­blar de ac­ci­den­tes y de ma­las no­ti­cias. Creo que no es­ta­mos acos­tum­bra­dos a ges­tio­nar la fe­li­ci­dad. De­be­ría­mos for­zar­nos a ha­blar más de amor, que se ha­bla muy po­co.

Y no mues­tras pu­dor a la ho­ra de de­ta­llar las es­ce­nas de se­xo.

Cues­ta mu­cho más es­cri­bir de se­xo que ha­cer­lo. Es com­pli­ca­do, pe­ro Fir­ma­men­to ne­ce­si­ta­ba tan­to lá­gri­mas co­mo su­dor.

¿Ha­brá se­gun­da par­te?

No, no creo. Las se­gun­das par­tes me­jor que no [ri­sas].

¿Siem­pre has que­ri­do ser es­cri­tor?

Cuan­do era pe­que­ño, es­cri­bía cuen­tos, les ha­cía di­bu­jos, los gra­pa­ba y me pre­sen­ta­ba a un mon­tón de con­cur­sos li­te­ra­rios. Yo que­ría con­tar his­to­rias. Por eso tam­bién me hi­ce pe­rio­dis­ta. Em­pe­cé en pren­sa, lue­go se­guí en ra­dio y des­pués vino la te­le. Es bueno ir ha­cien­do mil co­sas.

Pe­ro es­cri­bir es lo prin­ci­pal...

Sí. Se ha con­ver­ti­do en pa­sión. La es­cri­tu­ra for­ma par­te del eje prin­ci­pal de mi vi­da. El leer me ge­ne­ra mu­chas pre­gun­tas, por­que me gus­ta que una no­ve­la me tras­to­que. Y crear fic­ción es má­gi­co, una eva­sión ma­ra­vi­llo­sa. Es­cri­bir es una for­ma de viajar.

¿Có­mo son tus per­so­na­jes?

Me gus­tan los que de­jan hue­lla, los que con­ti­núan vi­vos en el lec­tor. Que aca­ben te­nien­do más im­por­tan­cia que la propia his­to­ria.

Co­mo lec­tor, ¿cuá­les son tus autores de re­fe­ren­cia?

Siem­pre me ha gus­ta­do mu­cho Ana Ma­ría Ma­tu­te, Car­men Mar­tín Gai­te o clá­si­cos co­mo De­li­bes o Juan Ra­món Jiménez. Pe­ro tam­bién Paul Aus­ter, Ro­sa Mon­te­ro, Vila-Ma­tas...

¿Al­gún li­bro pre­fe­ri­do?

Los de Ana Ma­ría Ma­tu­te son los que más he leí­do, y des­de pe­que­ño, Pla­te­ro y yo. Tal vez es la pro­sa poé­ti­ca que me en­gan­chó des­de ado­les­cen­te.

¿Có­mo va­lo­ras la re­la­ción ac­tual de la so­cie­dad con la lec­tu­ra?

Yo con­fío mu­cho en el ser hu­mano. Es cier­to que a ve­ces ba­ja, pe­ro por­que hay de­ma­sia­dos in­puts; mó­vi­les, te­le­vi­so­res, ví­deos, re­des so­cia­les... A la gen­te jo­ven aho­ra le cues­ta más pres­tar aten­ción a una his­to­ria lar­ga, por­que se dis­trae. Pe­ro hay que acos­tum­brar­se a los tiem­pos y, a lo me­jor, es­cri­bir de una ma­ne­ra vi­sual que ayu­de. Hay que con­quis­tar al lec­tor de otra for­ma.

¿Al­gún pro­yec­to en men­te?

Sí. En oc­tu­bre sal­drá un li­bro ilus­tra­do. Muy in­tere­san­te. No pue­do de­cir na­da más, pe­ro es­tá muy bien.

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