THE PORTER:

Vi­cen­te To­do­lí

PORT Magazine España - - SUMARIO -

Na­ran­jas y li­mo­nes. John Ber­ger. Se­ven Pi­nes. Ins­pi­ra­ción an­ti­gua. Para ser pre­ci­sos. Hie­lo vi­vo. Re­co­lec­ción. Abc de la mo­da. Ja­mes Fran­co. Y las co­lum­nas de Anabel Váz­quez y Juan So­to Ivars.

Mi abue­lo era un agri­cul­tor es­pe­cia­li­za­do en cí­tri­cos. Jun­to con mi pa­dre, desa­rro­lló nue­vas for­mas de po­dar los ár­bo­les y creó un vi­ve­ro cer­ca de Va­len­cia en el que ven­día es­que­jes a los agri­cul­to­res lo­ca­les. En 1985, cuan­do re­gre­sé tras fi­na­li­zar mis es­tu­dios en Nue­va York, me vol­ví a enamo­rar de la cul­tu­ra y el pai­sa­je del lu­gar en el que cre­cí y com­pré un te­rreno al la­do del de mi pa­dre para em­pe­zar mi pe­que­ña co­lec­ción de cí­tri­cos. Unos años des­pués, en­con­tré por ca­sua­li­dad un vi­ve­ro en el sur de Fran­cia que cul­ti­va­ba una sor­pren­den­te va­rie­dad de cí­tri­cos pe­ro que plan­ta­ba los ár­bo­les en ma­ce­tas, para así poder lle­var­los a una es­tan­cia interior en­tre los me­ses de oc­tu­bre y mar­zo. Me hi­zo pen­sar so­bre có­mo en Va­len­cia te­ne­mos una de las me­jo­res zo­nas del mun­do para cul­ti­var es­tas plan­tas (cuan­do los ára­bes es­ta­ban aquí en la Edad Media se re­fe­rían a sus huer­tos de cí­tri­cos co­mo el pa­raí­so en la Tie­rra), pe­ro no te­ne­mos un lu­gar para cul­ti­var y ce­le­brar la diversidad de la fru­ta. Así que, en 2010, am­plié mi te­rreno y el de mi pa­dre y creé una fun­da­ción. Aho­ra con­ta­mos con más de 400 ejem­pla­res del gé­ne­ro y ha­ce po­co que han re­co­no­ci­do nues­tra la­bor para pre­ser­var el me­dio am­bien­te a tra­vés del desa­rro­llo. Nues­tro ob­je­ti­vo es cen­trar­nos en la his­to­ria de los cí­tri­cos. La ma­yo­ría de bio­in­ge­nie­ros y uni­ver­si­da­des que se es­pe­cia­li­zan en es­te campo tra­ba­jan para fi­nes co­mer­cia­les y so­lo co­no­cen los ti­pos que se ven­den en los su­per­mer­ca­dos (na­ran­jas, li­mo­nes y li­mas) pe­ro la diversidad de la fru­ta y la ma­ne­ra en la que ha evo­lu­cio­na­do y mu­ta­do es fas­ci­nan­te. Las va­rie­da­des que exis­tían ha­ce cien años, por ejem­plo, eran di­fe­ren­tes a las que te­ne­mos hoy en día por­que los agri­cul­to­res cul­ti­va­ban plan­tas me­nos co­mer­cia­les. Si se es­tu­dia la esen­cia de los ár­bo­les, se pue­de des­cu­brir es­ta his­to­ria; tra­ba­jan­do así, des­cu­brí una va­rie­dad bio­ló­gi­ca de cí­tri­co en for­ma de pe­ra que no se ha­bía re­gis­tra­do has­ta el mo­men­to. La fun­da­ción se de­di­ca a la in­ves­ti­ga­ción y pre­ser­va­ción de ti­pos me­nos co­no­ci­dos, pe­ro tam­bién es un lu­gar en el que la gen­te pue­de des­cu­brir la be­lle­za de la fru­ta y sus po­si­bi­li­da­des cu­li­na­rias. He rea­li­za­do pro­yec­tos en torno al ar­te y la co­mi­da, co­mo, por ejem­plo, con Fe­rran Adrià, de El Bu­lli, y el ar­tis­ta Ri­chard Prin­ce, y es­pe­ra­mos con­ti­nuar es­te tra­ba­jo en la fun­da­ción, in­vi­tan­do a los chefs a co­no­cer las di­fe­ren­tes va­rie­da­des y, en úl­ti­ma ins­tan­cia, a ce­le­brar una ce­na con cí­tri­cos. Cu­rio­sa­men­te, exis­te una re­la­ción muy con­so­li­da­da en­tre los cí­tri­cos y el ar­te. Co­si­mo de’ Me­di­ci, uno de los gran­des me­ce­nas de las ar­tes en la Flo­ren­cia re­na­cen­tis­ta, co­lec­cio­na­ba es­tas fru­tas y en­car­ga­ba pin­tu­ras de ellas. Se con­vir­tió en una ac­ti­vi­dad de mo­da para la aris­to­cra­cia, que cons­truía ela­bo­ra­dos in­ver­na­de­ros de na­ran­jos jun­to con sus ga­le­rías de ar­te. En mu­chos as­pec­tos, es­toy vol­vien­do a esa tra­di­ción.

En­tre­vis­ta de Geor­ge Up­ton. Vi­cen­te To­do­lí fue director del Ta­te Mo­dern en Lon­dres en­tre 2003 y 2010. Ade­más de fun­dar la Fun­da­ció To­do­lí Ci­trus, ac­tual­men­te es director ar­tís­ti­co de Pi­re­lli Han­ga­rBi­coc­ca en Mi­lán y ase­so­ra al director del Mu­seo de Ar­te Con­tem­po­rá­neo de Bar­ce­lo­na.

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