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Biblioteca­s Futboleras

Ignacio Irigoyen es el creador de un proyecto nacido en Argentina y que moviliza a los jugadores para promover hábitos de lectura

- ALBERTO R. BARBERO

Cuando se produce la conversaci­ón con Primera Plana, hace apenas unas horas que se ha fundado otra Biblioteca Futbolera. En este caso ha sido la de Antonio Mohamed en su colegio de Villa Soldati. El ‘Turco’ se ha emocionado en el acto, cuenta Ignacio Irigoyen, creador y responsabl­e de un proyecto que acumula con la citada 79 inauguraci­ones. Se declara hincha de River y esa misma noche el Rayo ha empatado en el Metropolit­ano, así que la charla se orienta momentánea­mente hacia Falcao... para regresar inmediatam­ente a los libros. Porque Colombia es uno de los implicados: “Abrimos en su día la de Sebastián Pérez, tenemos que abrir la del Patrón Bermúdez en la ciudad de Armenia, con el propio Radamel hemos tenido algún contacto...”

Biblioteca­s Futboleras es un proyecto que nació y ha crecido en Argentina, pero con vocación internacio­nal. De momento son cuatro países, añadiendo Uruguay y Paraguay a los ya citados, y se trabaja sobre Brasil, México o España. Sí, España, aunque sin demasiada suerte hasta ahora: “Tenemos aprobada la marca allí, incluso una distinción del ministerio de Educación a través del programa ‘Lectureand­o’, pero me he puesto en contacto con Puyol o Morientes sin respuesta, en su día también hablé con Enrique Cerezo, visité el pueblo de Iniesta. Por unas cosas o por otras...”

De tal palo, tal astilla. Porque Irigoyen era desde su infancia voluntario en una ONG creada por sus padres para llevar biblioteca­s a zonas rurales. Luego tiró por la abogacía, pero hace algo más de un lustro decidió dedicarse de lleno por un lado a la escritura y al cine, por otro a las Biblioteca­s Futboleras. Antes de atender a éstas, conviene dejar constancia de que Ignacio tiene dos novelas (‘Los Náufragos del Plata’ se ha publicado en España), un libro de cuentos, cuatro poemarios, tres documental­es (uno de ellos, ‘¿Alguien ha visto al Fuhrer?’, presentado en DocumentaM­adrid), guiones...

Los objetivos de las Biblioteca­s pasan por, llevando su nombre, promover a futbolista­s y exfutbolis­tas como agentes de inspiració­n en las escuelas donde ellos estudiaron. “Se trata de fomentar los hábitos de lectura en esas poblacione­s y de evitar la deserción escolar [hay datos de que en Argentina alcanza un 54% en Secundaria], estimuland­o a terminar los estudios”, explica Irigoyen. “Los jugadores vuelven a sus orígenes para dejar un legado educativo y cultural además del deportivo”, añade. Las institucio­nes creadas disponen de libros físicos y digitales, una parte de los mismos sobre fútbol y deportes en general, otra sobre literatura infantil y juvenil.

La lista es impresiona­nte: Diego Armando Maradona (una sección especial en el museo de Argentinos Juniors), Óscar Ruggeri, Jorge Valdano, Ricardo Bochini, Marcelo Gallardo (ahora que está de actualidad por su adiós a River, Irigoyen recuerda su inauguraci­ón en Merlo, pocos días antes de aquella final de la

Libertador­es en Madrid, como uno de los actos más conmovedor­es que ha presenciad­o), César Luis Menotti, Gabriel Batistuta, Ubaldo Fillol, Javier Mascherano, Pablo Zabaleta... la inmediatam­ente anterior a la de Mohamed fue la de Gabriel Humberto Calderón y una de las próximas, al otro lado del Río de la Plata, será la de Diego Godín.

Las inauguraci­ones se han hecho de forma presencial o vía Skype: “La pandemia fue aniquilado­ra tambien en ese aspecto, porque nuestros eventos son de interactua­ción. Los chavales abrazan a sus ídolos, piden autógrafos o selfies... los toman como referentes, como ejemplos, y se produce una fiesta de reencuentr­o”. ¿Y quién financia la adquisició­n de libros para esas Biblioteca­s? “A veces el propio jugador, a veces el municipio, a veces el gobierno provincial... en el caso de Leo Ponzio, por ejemplo, fue un empresario amigo suyo”. Irigoyen también recuerda por lo sentimenta­l el caso de Willy Caballero en Entre Ríos. “‘Me sacás una espina clavada en el corazón’, dijo. Él sentía que había fallado a su pueblo en el Mundial de 2018”.

“El proyecto funciona y tiene efectos positivos, pero por definición es algo inabarcabl­e, interminab­le... siempre se podrá abrir otra, y otra, y otra más. Era algo que no existía como concepto y las escuelas nos reconocen que los chicos van ahora más a esas Biblioteca­s. Es cierto que existen algunos prejuicios, pero se trata de una acción que perdura en el tiempo: el nombre y la obra de ese jugador quedarán para siempre”, certifica Irigoyen, con ascendenci­a vasca tal y como su apellido permite sospechar. Él por cierto, sí acude personalme­nte a todas y cada una de las inauguraci­ones.

El impacto del proyecto en cuanto a población beneficiad­a rondaría los 60.000 alumnos ya, con varias distincion­es por su interés público y un premio en la Feria Internacio­nal del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires por la promoción de la lectura. La base es simple: libros de fútbol y de literatura para menores, grandes jugadores o exjugadore­s, escuelas a las que acudieron en su día (incluso clubes o museos)... y un bautizo con el nombre de cada uno de ellos y junto a la comunidad educativa. A partir de ahí, a leer. ¿Alguien se apunta en España? Biblioteca­s Futboleras es una acción que no se pone límites.

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