Ana Obre­gón: “He es­ta­do un año sin mi­rar­me al es­pe­jo”

La ac­triz pre­sen­tó una lí­nea de am­po­llas de be­lle­za y con­cur­sa­rá en­tre fo­go­nes, aun­que con­fie­sa que só­lo sa­be ha­cer hue­vos re­vuel­tos

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Ana Obre­gón ha vuel­to al tra­ba­jo. Atrás han que­da­do los du­ros sie­te me­ses vi­vi­dos en Es­ta­dos Uni­dos mien­tras su hi­jo, Álex, re­ci­bía tra­ta­mien­to con­tra el cán­cer que pa­de­cía. Me­ses ale­ja­da de su país y de los su­yos, de los que di­ce: “He he­cho de pa­dre y de ma­dre. Pe­ro no he echa­do de me­nos a un hom­bre a mi la­do. Las ma­dres cuan­do nos pa­sa al­go así no pen­sa­mos en na­da más. Era tal la fuerza in­te­rior, tan le­jos y con tan­tos días de hos­pi­tal, que no sé có­mo lo hi­ce. Aho­ra lo veo to­do co­mo una pe­sa­di­lla, co­mo si no hu­bie­ra ido con­mi­go, pe­ro, co­mo di­ce mi hi­jo, dra­ma­tis­mo fue­ra.” La ac­triz nos lo cuen­ta en la pre­sen­ta­ción de una lí­nea de am­po­llas de be­lle­za, La Cabina, aun­que de be­lle­za no ha que­ri­do sa­ber na­da en los úl­ti­mos tiem­pos, co­mo co­men­ta: “He es­ta­do un año en­te­ro sin mi­rar­me al es­pe­jo.”

¿Có­mo te cui­das? No me cui­do na­da. Nun­ca me ha preo­cu­pa­do el fí­si­co y me da mie­do el bó­tox, a una ami­ga se lo pu­sie­ron y se le ce­rró el ojo, me da pá­ni­co, co­mo las in­yec­cio­nes. En Es­ta­dos Uni­dos me cui­da­ba la ca­ra con los body lo­tion que dan en los ho­te­les, me ol­vi­dé has­ta de lle­var­me mi ne­ce­ser. Aho­ra me pon­go mi am­po­lli­ta Glo­bal An­tie­dad y, en­ci­ma, Ni­vea de la la­ta azul. Pues se te ve ra­dian­te. ¿Lo peor ya ha pa­sa­do? Sí, to­do va bien, fe­no­me­nal.

Mi hi­jo es­tá bien. Aun­que en es­tas en­fer­me­da­des te dan el al­ta a los diez años. Aho­ra le que­dan sus re­vi­sio­nes. ¿Y có­mo cui­das el áni­mo? Con yo­ga y me­di­ta­ción, y me ha ve­ni­do muy bien. Cam­bian­do de te­ma, es­tá con­fir­ma­da tu par­ti­ci­pa­ción en ‘Mas­ter­chef’.

Sí, soy la peor co­ci­ne­ra del mun­do, me en­can­ta co­mer y co­mer bien, pe­ro co­ci­nar no lo ha­go bien. Me he pa­sa­do la vi­da tra­ba­jan­do y cui­dan­do a mi hi­jo y cuan­do lle­ga­ba a ca­sa lo que que­ría era co­mer y no me­ter­me en la co­ci­na.

¿ Cuál es tu es­pe­cia­li­dad cu­li­na­ria?

Los hue­vos re­vuel­tos, va­mos echar el hue­vo y dar­le vuel­tas. De he­cho, es­tos sie­te me­ses que he pa­sa­do con Álex en Es­ta­dos Uni­dos he­mos to­ma­do ca­si siem­pre hue­vos re­vuel­tos.

So­mos lo que comemos...

Yo sé dón­de es­tán las vi­ta­mi­nas y los nu­trien­tes, por mi ca­rre­ra de bió­lo­ga, pe­ro no sé co­ci­nar.

¿Qué di­jo Álex cuan­do se lo co­men­tas­te?

Me di­jo: “Pe­ro, ma­má, si no sa­bes co­ci­nar.” Y mi ma­dre aña­dió: “Los vas a en­ve­ne­nar a to­dos.” Yo le di­je que da­ré Omeprazol a los chefs an­tes de pro­bar mis pla­tos.

“Lo peor ya ha pa­sa­do. Mi hi­jo es­tá bien. Aho­ra le que­dan sus re­vi­sio­nes”

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