Pa­tri­cia Montero: “No he te­ni­do una vi­da fá­cil”

La pre­sen­ta­do­ra y ac­triz per­dió a su ma­dre muy pron­to y aho­ra que ella tie­ne dos ni­ñas, la echa de me­nos ca­da día

QMD - - SUMARIO -

Pa­tri­cia Montero sa­ca tiem­po pa­ra su fa­mi­lia – es ma­má de dos ni­ñas– y pa­ra su tra­ba­jo. Se or­ga­ni­za bien y no pier­de la son­ri­sa, co­mo de­mos­tró en la pre­sen­ta­ción de la nueva lí­nea de tra­ta­mien­to Cet­ha­pil: “Una mar­ca que me gus­ta por­que ten­go la piel muy sen­si­ble y no me pro­vo­ca reac­ción, y ade­más sus cre­mas no tie­nen aro­ma”, nos ex­pli­có.

Pa­tri­cia, ¿có­mo es el día a día con tus ni­ñas?

Muy caó­ti­co, co­mo el de to­da ma­má con más de un hi­jo. Si con la pri­me­ra no dá­ba­mos a bas­to, aho­ra te­ne­mos que ha­cer ma­la­ba­res. Nos fal­ta tiem­po pa­ra no­so­tros.

¿Álex y tú bus­cáis mo­men­tos a so­las? De mo­men­to no, por­que es­toy con lac­tan­cia ma­ter­na a de­man­da y voy con la be­bé a to­das par­tes. Soy una ma­má can­gu­ro. ¿Es di­fí­cil con­ci­liar? Es com­pli­ca­do. De­be­ría­mos es­tar más apo­ya­das pa­ra no te­ner mie­do a que­dar­nos em­ba­ra­za­das por te­mor a no vol­ver a tra­ba­jar, es­pe­cial­men­te en es­te tra­ba­jo tan ines­ta­ble en el que nun­ca sa­bes qué te de­pa­ra el fu­tu­ro. ¿Cuál es la so­lu­ción? Yo lo que ha­go es que el ni­ño se adap­te a mi tra­ba­jo, a mis ho­ra­rios, y si hay que ser caó­ti­co, pues lle­va­re­mos una vi­da caó­ti­ca pe­ro lle­na de amor, que al fi nal es lo im­por­tan­te.

“Soy de­ma­sia­do exi­gen­te con­mi­go mis­ma, y eso no siem­pre es bueno”

Y me lle­vo al be­bé al tra­ba­jo des­de el prin­ci­pio. Que­rer es po­der.

¿Has per­di­do tra­ba­jos por tus em­ba­ra­zos?

Per­der no, pe­ro no te lla­man tan­to, y es nor­mal. Con mi pri­mer em­ba­ra­zo tra­ba­jé en la pe­li ‘La No­che que maté a mi pa­dre’, con Be­lén Rue­da, y ter­mi­né con cin­co me­ses y me­dio. No te­nía tri­pi­ta, pe­ro sí dos ta­llas más de pe­cho. ¿Qué pro­yec­tos tie­nes? Voy a ha­cer tea­tro de enero a ma­yo, una co­me­dia en Ma­drid, que me ha­ce mu­cha ilu­sión. ¿Si­gues ha­cien­do de­por­te?

Ha­go lo que pue­do cuan­do pue­do. En­treno en ca­sa, ca­mino con la pe­que en el ca­rri­to y, cuan­do el pa­pá pue­de, se la de­jo dos ho­ri­tas y me voy a en­tre­nar. ¿En qué te ha cam­bia­do la vi­da?

To­do pa­ra bien. Ser ma­má es co­mo ce­rrar un círcu­lo y te sien­tes lle­na. Al me­nos así me sien­to yo. Siem­pre he si­do una per­so­na muy fe­liz, me bas­ta cual­quier co­sa pa­ra dis­fru­tar y son­reír­le a la vi­da, por­que no he te­ni­do una vi­da fá­cil, he su­fri­do mu­cho. Mi ma­má me de­jó muy pron­to, y qui­zá por eso soy una gran de­fen­so­ra de que hay que dis­fru­tar el mo­men­to y ser agra­de­ci­do. Ser ma­má me ha con­ver­ti­do en la per­so­na que siem­pre he so­ña­do ser. ¿ Echas de me­nos a tu ma­dre es­pe­cial­men­te aho­ra?

Sí, la ten­go pre­sen­te ca­da día. Ade­más, me veo re­fle­ja­da en mi hi­ja pe­que­ña y me di­cen que ca­da vez me pa­rez­co yo más a mi ma­dre. Yo creo que ella es­ta­ría muy or­gu­llo­sa y muy con­ten­ta de có­mo lo es­toy ha­cien­do. ¿Cam­bia­rías al­go de ti? Soy de­ma­sia­do exi­gen­te, y eso só­lo es bueno si es do­si­fi­ca­do.

Tu ma­ri­do, Álex Adro­ver, ¿es el hom­bre de tu vi­da?

Va­mos a ha­cer on­ce años jun­tos, y es ami­go, pa­re­ja, pa­dre, com­pa­ñe­ro... Lo co­no­cí con 17. Yo era muy jo­ven, pe­ro su­pe que era el hom­bre de mi vi­da y el pa­dre de mis hi­jos.

“Ser ma­má me ha con­ver­ti­do en la per­so­na que siem­pre so­ñé ser” No soy muy co­que­ta, pe­ro veo un espejo y se me van los ojos

Aho­ra me pon­go el mun­do por ‘montero’ Pa­tri­cia, du­ran­te la pre­sen­ta­ción de la lí­nea de cre­mas de tra­ta­mien­to Cet­ha­pil, de la que es ima­gen. Cru­za­do má­gi­co

La pre­sen­ta­do­ra tie­ne dos hi­jas: Laia, de cua­tro años, y Lys, de po­co más de seis me­ses.

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