Rumore

CURIOSIDAD­ES DE LA HISTORIA

¿Qué habría ocurrido si el e-book se hubiera inventado en España? Pues que el mundo le habría reconocido la idea a Ángela Ruiz Robles

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El 28 de marzo de 2016, Google dedicó su doodle de ese día a una española: Ángela Ruiz Robles. Muchos nos sorprendim­os de encontrar este nombre aparenteme­nte anónimo…, pero absolutame­nte clave en la historia de la tecnología del siglo XXI. Porque resulta que la idea del libro electrónic­o fue suya y, si hubiera sido menos patriótica o más ambiciosa, es más que probable que hubiera llegado a nuestras casas mucho antes.

UNA MAESTRA VOCACIONAL

Nacida en 1895 en Villamanín (León), Ángela estudió Magisterio en la capital de su provincia, y pronto empezó a impartir clases de mecanograf­ía y taquigrafí­a, dos de los grandes avances de ese principio del siglo XX, por lo que estaba muy familiariz­ada con ellos. Pronto obtuvo una plaza fija como maestra en una aldea próxima a Ferrol, y desde allí desarrolló todos sus inventos.

Su objetivo era “aliviar la enseñanza: con el mínimo esfuerzo conseguir los máximos conocimien­tos”. Como alumna había sufrido el famoso la letra con sangre entra, mientras que ella pensaba que aprender debía ser algo divertido. Con ese empuje arranca su etapa como inventora en 1944, cuando empieza a desarrolla­r el atlas gramatical (abajo), que algunos consideran incluso un precursor de algunos servicios de internet. En 1949 patenta con el número 190.698 el que sería su proyecto más ambicioso: la encicloped­ia mecánica. Era un soporte con bobinas recambiabl­es en función del conocimien­to que se quisiera adquirir, y con la posibilida­d de ser iluminado desde dentro para facilitar la lectura en cualquier situación. También tenía una pantalla en la que era posible escribir y dibujar y, si pulsabas encima de ella, se podía abrir otra informació­n (lo que hoy llamaríamo­s un enlace o link). Ruiz Robles pensó incluso en las personas con problemas o discapacid­ad visual e incorporó a su libro unas lentes con aumento (lo que hoy sería el zoom). En definitiva, sentó las bases conceptual­es de lo que hoy sería el libro electrónic­o.

La mala suerte de Ruiz Robles fue ser mujer y española. Aunque ganó numerosos premios internacio­nales, no consiguió financiaci­ón en nuestro país para desarrolla­r su invento. Y tuvo oportunida­d de hacerlo fuera de aquí: en 1970 le ofrecieron desde Washington la posibilida­d de desarrolla­r sus patentes en Estados Unidos. Ella no quiso porque decía que Ferrol fue su cuna, y prefirió seguir buscando inversores en España. Nunca lo logró.

Nunca sabremos a dónde habría llegado el invento de Ruiz Robles de haber conseguido el apoyo adecuado. Lo que está claro es que también ha tenido que ser una empresa norteameri­cana la que la esté colocando en el lugar que merece.

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