Bang­kok

Rutas del Mundo - - UN FOTÓGRAFO Y UN DESTINO -

Bang­kok es la ciu­dad más po­de­ro­sa que Gonzalo M. Azu­men­di di­ce co­no­cer. La que le atra­pa más, la que siem­pre le ha cau­ti­va­do. Aquí hay de to­do y lo que no se en­cuen­tra aquí, tal vez es por­que no de­be exis­tir.

Co­mo ex­ce­len­te fo­tó­gra­fo que es, a Azu­men­di le gus­tan los mo­nu­men­tos de la ca­pi­tal de Tai­lan­dia, los en­cuen­tra cu­bier­tos de oro a los pies de un río con re­fle­jos y lu­ces im­po­si­bles. Y en Bang­kok, des­de lue­go, hay mu­chos. Pe­ro si se bus­ca ins­pi­ra­ción en al­go más mo­derno, es­ta ciu­dad, lla­ma­da de los mil tem­plos, tie­ne tam­bién lo­ca­les de mo­da que son un au­tén­ti­co desafío a la razón, pu­ra fan­ta­sía y de­li­rio pa­ra los aman­tes de la fo­to­gra­fía.

Si se bus­ca rit­mo, Bang­kok cuen­ta con in­gen­tes es­ce­nas de ca­lle, don­de ca­da es­qui­na es un es­tí­mu­lo. Las úl­ti­mas ten­den­cias se mez­clan con el na­ran­ja de los mon­jes. Una ciu­dad don­de el con­su­mis­mo, lo exó­ti­co y lo mís­ti­co se jun­tan, fu­sio­nan y mez­clan en­tre el rui­do del trá­fi­co. Y to­da ella ha­bi­ta­da co­mo un gi­gan­tes­co hor­mi­gue­ro que día a día se le­van­ta pa­ra mo­ver la ciu­dad. Per­so­nas que sue­ñan: ¡qué me­jor que ha­cer­lo con el amor! Así, con ese hi­lo con­duc­tor, el amor, qui­zá es más fá­cil des­cu­brir el la­do más ín­ti­mo de la ciu­dad, al­gu­nos de sus lu­ga­res em­ble­má­ti­cos, el ca­rác­ter de sus gen­tes. Eso sí, guia­dos por el co­ra­zón, que con él se ama… ¡Oh, Bang­kok!

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