¿Cre­ce bien?

Los pediatras con­sul­tan las tablas de per­cen­ti­les pa­ra eva­luar el desa­rro­llo del ni­ño. ¿Qué son y qué nos in­di­can? ¿Có­mo hay que in­ter­pre­tar­las?

Ser Padres - - EN PORTADA/FEBRERO -

Ni­ños, ni­ñas, ta­lla, pe­so... Los pediatras uti­li­zan las tablas de per­cen­ti­les

pa­ra com­pro­bar que to­do va bien. ¿Có­mo fun­cio­nan y qué in­di­can?

Es­toy

preo­cu­pa­da por­que me han di­cho que mi hi­jo de seis me­ses va jus­to de pe­so», nos cuen­ta Pa­lo­ma vía co­rreo elec­tró­ni­co. «Des­de la úl­ti­ma re­vi­sión, mi hi­ja Ma­ría de un año ha ba­ja­do de per­cen­til, es­ta­ba en el 90 de al­tu­ra y aho­ra es­tá en el 50 ras­pa­do. ¿A qué pue­de de­ber­se?», nos pre­gun­ta Mar­ga. «Soy pa­dre de un be­bé de nue­ve me­ses, nos es­cri­be Héc­tor; el pe­dia­tra nos ha di­cho que su pe­rí­me­tro cra­neal es­tá en el per­cen­til 97, y nos ha pe­di­do que le ha­ga­mos una ra­dio­gra­fía. ¿Es que al­go no va bien?». Los per­cen­ti­les, es­tá cla­ro, traen a mu­chos pa­pás de ca­be­za. Ca­da mes re­ci­bi­mos va­rias con­sul­tas de pa­dres preo­cu­pa­dos por­que su hi­jo ha ba­ja­do de «ra­yi­ta», no lle­ga al per­cen­til 3 de pe­so o ta­lla o por­que es tan gran­de (sí, los hay) que «se sa­le de las grá­fi­cas». Pe­ro, ¿qué son exac­ta­men­te los per­cen­ti­les? ¿Có­mo hay que in­ter­pre­tar­los? ¿Has­ta qué pun­to de­be­mos alar­mar­nos si nues­tro hi­jo se ale­ja del per­cen­til 50?

¿Qué es un per­cen­til?

Es una me­di­da que se usa pa­ra eva­luar el cre­ci­mien­to del ni­ño en com­pa­ra­ción con otros ni­ños de su mis­mo se­xo y su mis­ma edad. Hay tablas de per­cen­ti­les (o de cre­ci­mien­to) de pe­so, al­tu­ra y pe­rí­me­tro cra­neal, y tablas de ni­ños y de ni­ñas.

¿Có­mo se ha­cen las tablas de per­cen­ti­les?

Las tablas Es­tu­dio Lon­gi­tu­di­nal y Trans­ver­sal de Cre­ci­mien­to (http://www.ae­pap.org/pdf/f_or­be­go­zo_04.pdf) son las más uti­li­za­das en Es­pa­ña. Las reali­zó el doc­tor Ma­nuel Her­nán­dez Ro­drí­guez a par­tir de 1978, si­guien­do la evo­lu­ción de ni­ños y ni­ñas de 0 años a 2, de 0 años a 14 y de 0 años a 18. Se co­no­cen tam­bién co­mo tablas de la Fun­da­ción Or­be­go­zo Ei­za­gui­rre.

¿Pa­ra qué sir­ven?

Las tablas de cre­ci­mien­to per­mi­ten com­pa­rar a un ni­ño con otros de su mis­ma edad y se­xo pa­ra sa­ber si es­tá cre­cien­do bien. Se con­si­de­ran ha­bi­tua­les las me­di­das com­pren­di­das en­tre los per­cen­ti­les 3 y 97; es de­cir, el 94 por cien­to de los ni­ños es­tá en es­tos per­cen­ti­les y el 6 por cien­to mi­den o pe­sa me­nos o más (un 3 por cien­to mi­den me­nos de lo ha­bi­tual y un 3 por cien­to mi­den más). Pe­ro hay que ser cau­te­lo­so y no in­ter­pre­tar los per­cen­ti­les de ma­ne­ra ais­la­da. Una me­di­da úni­ca no di­ce na­da, hay que com­pa­rar­la con las me­di­das que el ni­ño ha te­ni­do an­tes; tam­po­co se de­be in­ter­pre­tar la ta­bla de pe­so de for­ma ais­la­da, sin te­ner en cuen­ta la de la al­tu­ra, y al re­vés. Las tablas de cre­ci­mien­to son im­por­tan­tes co­mo in­di­ca­dor de la sa­lud del ni­ño. Si mues­tran un cre­ci­mien­to anor­mal, el pe­dia­tra es­ta­rá más pen­dien­te de la evo­lu­ción del pe­que­ño pa­ra ave­ri­guar si tie­ne al­gún pro­ble­ma mé­di­co. Pe­ro hay que in­sis­tir: no de­be­mos alar­mar­nos si el cre­ci­mien­to de nues­tro hi­jo es más len­to que el del res­to.

¿Qué gru­po de edad mi­den?

Las tablas de cre­ci­mien­to mi­den des­de el na­ci­mien­to has­ta los 18 años, que es apro­xi­ma­da­men­te la edad en que de­ja­mos de cre­cer.

¿Ca­da cuán­to tiem­po se ac­tua­li­zan?

Ca­da país y ca­da co­mu­ni­dad au­tó­no­ma tie­ne sus pro­pios ca­len­da­rios de ac­tua­li­za­ción. En el mun­do es la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud (OMS) quien es­ta­ble­ce las ten­den­cias. Has­ta ha­ce po­cos años, es­ta en­ti­dad ma­ne­ja­ba unas tablas ela­bo­ra­das en Es­ta­dos Uni­dos en­tre los años 1930 y 1970 que es­ta­ban ba­sa­das en una po­bla­ción muy li­mi­ta­da: 800 ni­ños blan­cos de fa­mi­lias aco­mo­da­das ali­men­ta­dos ca­si to­dos con bi­be­rón. Pe­ro ha­cia 1990, pediatras, nu­tri­cio­nis­tas y ex- per­tos de la OMS ad­vir­tie­ron de que el desa­rro­llo de los ni­ños de hoy en día –so­bre to­do si se ali­men­ta­ban con le­che ma­ter­na– no en­ca­ja­ba bien en esas vie­jas tablas. Así, en­tre 1997 y 2003 se reali­zó un es­tu­dio de 9.000 ni­ños sa­nos y ali­men­ta­dos al pe­cho, hi­jos de ma­dres no fu­ma­do­ras, de zo­nas con bue­na asis­ten­cia sa­ni­ta­ria de seis paí­ses si­tua­dos en dis­tin­tos con­ti­nen­tes: Bra­sil, EEUU, Gha­na, In­dia, No­rue­ga y Omán. Esas tablas (http://www.who.int/child­growth/stan­dards/ es/) se con­si­de­ran hoy el pa­trón pa­ra com­pa­rar a los ni­ños de to­das las so­cie­da­des.

Los per­cen­ti­les son orien­ta­ti­vos, ayu­dan al pe­dia­tra a sa­ber si el ni­ño cre­ce bien. No son una no­ta de un exa­men. Si el pe­que­ño es­tá sano, tan nor­mal es que es­té en los per­cen­ti­les más ba­jos co­mo que es­té en los más al­tos.

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