Cien días sin ver a los hi­jos

Ser Padres - - TUS CARTAS - Ma­rio Pé­rez (Bar­ce­lo­na)

Soy pa­dre de dos pre­cio­sos me­lli­zos de un añi­to, Jan y Pol, y al leer el ar­ticu­lo ti­tu­la­do «Soy un buen pa­dre», me emo­cio­né de verdad. Qué en­vi­dia los pa­dres que pue­den ver a sus hi­jos todos los días. Yo no pue­do, no por­que no quie­ra, sino por­que no me de­jan. Cuan­do te­nían cin­co me­ses mi mu­jer se fue de ca­sa lle­ván­do­se­los y es­tu­ve 115 días sin ver­los. El pa­sa­do di­ciem­bre em­pe­za­mos el ré­gi­men de vi­si­tas, mis hi­jos ni me re­co­no­cían; aho­ra me ven y le­van­tan los bra­zos, qué bo­ni­to. Los dis­fru­to una tar­de a la se­ma­na y ca­da dos fi­nes de se­ma­na, muy po­co tiem­po pa­ra que ha­ya una bue­na re­la­ción y crez­can emo­cio­nal­men­te se­gu­ros. Es una pe­na, pe­ro es la reali­dad que mu­chos pa­dres su­fri­mos a dia­rio.

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