Las ma­más en Bir­ma­nia en­vuel­ven a sus hi­jos co­mo gu­sa­ni­tos. Así se sien­ten pro­te­gi­dos y ca­len­ti­tos

Ser Padres - - GRÁFICO -

¿Qué sien­tes al mi­rar es­ta fo­to? Una ma­má abra­za a su hi­jo y acer­ca su ca­ri­ta pa­ra sen­tir su ca­lor y su olor. El be­bé la mi­ra con arro­bo. Es muy pe­que­ñi­to, ca­si re­cién na­ci­do, aún tie­ne los pár­pa­dos hin­cha­dos. Es­ta ima­gen ha si­do to­ma­do en Myan­mar, tam­bién lla­ma­da Bir­ma­nia. Allí na­cen 19 ni­ños por 1.000 ha­bi­tan­tes (en Es­pa­ña 11) y su ta­sa de mor­ta­li­dad neo­na­tal su­pera con cre­ces a la nues­tra (si en Bir­ma­nia mueren 112 me­no­res de cin­co años en un so­lo año, en Es­pa­ña 11).

Las­ma­dres hu­ma­nas so­mos co­mo el res­to de las ma­dres del mun­do ani­mal: nues­tra mi­sión es en­se­ñar a los ca­cho­rros a va­ler­se por sí mis­mos. La edu­ca­ción con­sis­te en eso, en dar a los ni­ños las he­rra­mien­tas ne­ce­sa­rias pa­ra po­der se­pa­rar­se de no­so­tras, aun­que nos cueste.

Pe­ro es­ta se­pa­ra­ción se ha­ce po­co a po­co, de ma­ne­ra gra­dual. Y pa­ra que no sea trau­má­ti­ca, los pe­que­ños han de sa­ber que ma­má es­tá ahí pa­ra ellos, aun­que se ale­jen. La ima­gen de un ca­cho­rro hu­mano en el par­que bien se pa­re­ce a la de un ca­cho­rri­to de un león en la sel­va. Am­bos se ale­jan un po­co de sus ma­dres, ju­gue­tean y vuel­ven a ella en cuan­to ad­vier­ten un pe­li­gro. Ellos aún no sa­ben có­mo afron­tar los pro­ble­mas, por eso ne­ce­si­tan los bra­zos se­gu­ros de ma­má. Des­de esa pro­tec­ción se lan­za­rán a con­quis­tar el mun­do.

En Irán las ma­dres tie­nen de­re­cho a 24 se­ma­nas de ba­ja ma­ter­nal.

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