Las eta­pas de la ma­ter­ni­dad.

Ser Padres - - SUMARIO -

«La ma­ter­ni­dad es un ejer­ci­cio cons­tan­te de adap­tar­se a los cam­bios» Ri­ta Alon­so

Pri­me­ro los acu­na­mos, lue­go les co­ge­mos de la mano, des­pués les en­se­ña­mos el ca­mino. Mien­tras ellos cre­cen, nues­tras fun­cio­nes co­mo ma­dres van cam­bian­do. Por eso ca­da eta­pa es úni­ca y tan es­pe­cial co­mo to­das las de­más. Tres ma­más nos cuen­tan có­mo afron­tan ellas el pe­río­do que vi­ven ac­tual­men­te.

«Tu ex­pe­rien­cia es par­ti­cu­lar por­que tu ni­ño es dis­tin­to y por­que tú tam­bién eres di­fe­ren­te a las de­más ma­dres»

Creo que ca­da eta­pa del ni­ño es muy di­fe­ren­te. Cam­bian sus ne­ce­si­da­des, tus cir­cuns­tan­cias... Con el pri­me­ro, co­mo to­do es nue­vo, te vas adap­tan­do un po­co so­bre la mar­cha al rit­mo del ni­ño, que cam­bia ca­da mes. De re­pen­te em­pie­za a dor­mir un po­co más, a co­mer un po­co más, a co­mer so­lo... Ca­da mes van su­ce­dien­do dis­tin­tos hi­tos y te tie­nes que ir amol­dan­do a la nue­va reali­dad. Es un ejer­ci­cio cons­tan­te de aco­plar­te a los cam­bios. Lue­go, cuan­do na­ce otro, ya tie­nes dos reali­da­des que hay que com­pa­gi­nar. Aho­ra ya no es so­lo el ho­ra­rio de Isa­bel, es el de Isa­bel más el de Pa­blo, así que me voy adap­tan­do otra vez a es­te nue­vo es­que­ma.

Por eso veo la ma­ter­ni­dad co­mo un apren­di­za­je cons­tan­te. Lees li­bros y ar­tícu­los pa­ra in­for­mar­te, y te da más se­gu­ri­dad te­ner esas re­fe­ren­cias, pe­ro por mu­cho que te pre­pa­res, al fi­nal ca­da ni­ño es dis­tin­to. Tu ca­so es par­ti­cu­lar por­que tu ni­ño es dis­tin­to y por­que tú tam­bién eres dis­tin­ta a los de­más.

Creo que hay tres co­sas que pue­den ayu­dar a com­pa­gi­nar tra­ba­jo y fa­mi­lia. Lo pri­me­ro es te­ner las

prio­ri­da­des cla­ras. En es­ta eta­pa lo más im­por­tan­te es desa­rro­llar mi fa­mi­lia, es una apues­ta per­so­nal. Si he­mos que­ri­do te­ner hi­jos, ob­via­men­te ellos son mi prio­ri­dad. Y te­nien­do eso cla­ro, las co­sas son más fá­ci­les de or­ga­ni­zar. Tam­bién creo que es im­por­tan­te ma­ne­jar ex­pec

ta­ti­vas. No pue­des te­ner 20 prio­ri­da­des, y si vas a te­ner hi­jos no vas a po­der sa­lir co­mo an­tes ni vas a po­der te­ner tan­to tiem­po pa­ra ti co­mo an­tes. Si lo sa­bes y te lo re­cuer­das, no te frus­tras.

Y lo ter­ce­ro es bus­car ayu­da, tan­to de fa­mi­lia­res co­mo ayu­da ex­ter­na si te lo pue­des per­mi­tir. No creo que la ma­ter­ni­dad y la pa­ter­ni­dad ten­gan que ser caminos que de­ba­mos em­pren­der so­los. Con ayu­da tam­bién me re­fie­ro a he­rra­mien­tas que te ayu­den en el día a día a or­ga­ni­zar­te. Por esa ra­zón creé ha­ce unos años dom­muss.

com, una app gra­tui­ta que ayu­da a com­pa­gi­nar tra­ba­jo, fa­mi­lia y ese es­pa­cio que to­dos ne­ce­si­ta­mos pa­ra no­so­tros mis­mos. ¿Un con­se­jo pa­ra ma­dres re­cien­tes? Que lo in­ten­ten dis­fru­tar al má­xi­mo. Hoy en día vi­vi­mos muy rá­pi­do y ten­de­mos a es­tar cons­tan­te­men­te an­ti­ci­pán­do­nos a las co­sas. Es co­mo si que­má­ra­mos eta­pas ha­cien­do tic en las dis­tin­tos hi­tos: ya se po­ne el pa­ñal, ya co­ge el bi­be­rón, ya pue­de es­tar sin chu­pe­te... Es co­mo ir quemando la vi­da, y creo que es me­jor no ago­biar­se tan­to. Me lo apli­co tam­bién a mí mis­ma. De vez en cuan­do ten­go que re­cor­dar­me que no co­noz­co a nin­gún ni­ño de 18 años con chu­pe­te ni con pa­ñal. Es una for­ma de evi­tar ago­biar­se en ex­ce­so.

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