Hu­mi­di­fi­ca­do­res pa­ra bebé

Combaten la se­que­dad del am­bien­te y así ayu­dan al bebé a res­pi­rar me­jor y a pre­ve­nir ca­ta­rros. Por eso, es muy re­co­men­da­ble co­lo­car uno en su ha­bi­ta­ción.

Ser Padres - - Shopping - Por Kar­men Pas­cual

Con la ca­le­fac­ción en in­vierno y el aire acondicion­ado en ve­rano tu piel y tu gar­gan­ta es­tán más re­se­cas. Y, por su­pues­to, tam­bién las de tu bebé (aun­que no sea ca­paz de de­cír­te­lo) lo que le ha­ce más vul­ne­ra­ble a los ca­ta­rros. Pa­ra que el aire que res­pi­ra­mos en ca­sa sea sa­lu­da­ble tie­ne que te­ner una hu­me­dad de­ter­mi­na­da (en­tre un 25 y un 30 por cien­to), al­go que se pue­de lo­grar sen­ci­lla­men­te con un hu­mi­di­fi­ca­dor. Su fun­ción es crear una es­pe­cie de mi­cro­cli­ma sano y con­for­ta­ble. Al­gu­nos mo­de­los, ade­más, in­clu­yen io­ni­za­dor pa­ra eli­mi­nar las bac­te­rias, luz de com­pa­ñía o per­mi­ten am­bien­tar con esen­cias.

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