1-2 años

Al­gu­nas ano­ma­lías son nor­ma­les a su edad, sin em­bar­go, otras hay que tra­tar­las. Te de­ci­mos cuá­les.

Ser Padres - - Sumario - Por Ma­ca­re­na Or­te

¿Pro­ble­mas en los pies?

Es im­por­tan­te cui­dar y ob­ser­var los pri­me­ros pa­sos de nues­tros hi­jos por si de­tec­ta­mos al­go ex­tra­ño en su pi­sa­da. Tam­bién es im­por­tan­te pres­tar es­pe­cial aten­ción si al­guno de los pa­dres he­mos te­ni­do o te­ne­mos al­gún pro­ble­ma en los pies. Exis­te cier­ta pre­dis­po­si­ción a que un ni­ño con an­te­ce­den­tes fa­mi­lia­res de, por ejem­plo, pies pla­nos, ten­ga pies pla­nos.

Pies pla­nos

Es el de­fec­to más fre­cuen­te. El re­cién na­ci­do no tie­ne ar­cos de los pies. Se de­no­mi­na pie plano fle­xi­ble in­fan­til y es fi­sio­ló­gi­co has­ta los tres años (des­apa­re­ce so­lo). Aún en el ca­so de que no se co­rri­ja del to­do, no cau­sa de­ma­sia­das mo­les­tias, aun­que

a ve­ces pro­vo­ca can­san­cio al ca­mi­nar o do­lor en la plan­ta del pie. Su tra­ta­mien­to es bas­tan­te con­tro­ver­ti­do. Pa­ra al­gu­nos es­pe­cia­lis­tas, el uso de plan­ti­llas y za­pa­tos or­to­pé­di­cos ayu­da a ali­viar las mo­les­tias en el ca­so de que no se co­rri­ja, pe­ro lo cier­to es que no se ha de­mos­tra­do que sean del to­do efec­ti­vos. Lo más re­co­men­da­ble es ha­cer ejer­ci­cios es­pe­cí­fi­cos con el pie, si­guien­do las in­di­ca­cio­nes del es­pe­cia­lis­ta. Hay que pro­cu­rar que el ni­ño ca­mi­ne por te­rre­nos irre­gu­la­res y blandos, idea­les pa­ra el for­ta­le­ci­mien­to de la mus­cu­la­tu­ra de la plan­ta del pie. Exis­te otro ti­po de pie plano con­gé­ni­to, de­no­mi­na­do rí­gi­do. Sus acu­sa­das ca­rac­te­rís­ti­cas (el pie no pre­sen­ta ape­nas mo­vi­li­dad) ha­cen que se de­tec­te na­da más na­cer, y de­be co­rre­gir­se de in­me­dia­to con ye­sos, fé­ru­las y, si es ne­ce­sa­rio, ci­ru­gía.

Pie zam­bo

El pie es­tá cur­va­do ha­cia den­tro y ha­cia aba­jo y per­ma­ne­ce rí­gi­do. Se de­no­mi­na tam­bién pie equino-va­ro. Es más fre­cuen­te en ni­ños que en ni­ñas y pue­de afec­tar a uno o a los dos pies. Se sue­le co­rre­gir con ci­ru­gía. Se rea­li­za con anes­te­sia ge­ne­ral y el ni­ño de­be per­ma­ne­cer in­gre­sa­do va­rios días. Ya se em­pie­za a usar el mé­to­do Pon­se­ti, un tra­ta­mien­to no agre­si­vo ba­sa­do en ma­ni­pu­la­cio­nes, ye­sos y fé­ru­las or­to­pé­di­cas. Evi­ta la ci­ru­gía ca­si siem­pre y per­mi­te co­rre­gir la po­si­ción ini­cial de los pies en unos dos me­ses. Des­pués, el pe­que­ño de­be­rá lle­var bo­tas or­to­pé­di­cas.

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