Co­rre, sal­ta... jue­ga

La mo­tri­ci­dad del ni­ño evo­lu­cio­na muy rá­pi­do du­ran­te su pri­mer año de vi­da. Ade­más, hay jue­gos y ju­gue­tes pa­ra es­ti­mu­lar­la.

Ser Padres - - Estimulaci­ón - Por Ma­ría Pei­ro

Con es­tas ma­ni­tas

Cuan­do se ha­bla de mo­tri­ci­dad fi­na nos re­fe­ri­mos a la ha­bi­li­dad que el ni­ño ad­quie­re con las ma­nos. Cuan­to más prac­ti­que con ellas, más ági­les se­rán pe­ro, en lí­neas ge­ne­ra­les, es­tos son los hi­tos en su desa­rro­llo du­ran­te el pri­mer año:

Con 3 me­ses. Jun­ta las ma­nos so­bre el pe­cho. Con 6 me­ses. Pa­sa co­sas de una a otra mano. Con 9 me­ses. Su­je­ta ob­je­tos ca­da vez más pe­que­ños con una o am­bas ma­nos.

Con 12 me­ses. Aga­rra co­sas pe­que­ñas con el de­do ín­di­ce y el pul­gar (ha­ce la “pin­za”).

A par­tir del año. Co­ge ob­je­tos con pre­ci­sión, amon­to­na co­sas, me­te unas den­tro de otras...

Las po­si­bi­li­da­des que las ma­nos brin­dan al ni­ño pa­ra ex­plo­rar el mun­do son úni­cas. Pa­ra ejer­ci­tar es­ta des­tre­za pue­des ani­mar­le a co­ger ob­je­tos gran­des, me­dia­nos y pe­que­ños, api­lar­los o lle­var­los de un lu­gar a otro; me­ter co­sas en una ca­ja, sa­car­las y vol­ver­las a guar­dar; pa­sar las pá­gi­nas de un cuen­to; ha­cer puz­les y cons­truc­cio­nes; pul­sar los bo­to­nes de sus ju­gue­tes “a ver qué rui­di­to o qué can­ción es­cu­cha­mos”; in­ter­pre­tar los Cin­co lo­bi­tos mo­vien­do ca­da de­do de for­ma in­de­pen­dien­te; se­ña­lar dón­de es­tá su na­riz, sus ojos, su bo­ca ¡y los tu­yos!; ga­ra­ba­tear con ce­ras y pin­tu­ra de de­dos; ras­gar pa­pel; tra­tar de co­ger el agua mien­tras se ba­ña y ver có­mo se es­cu­rre en­tre los de­di­tos y un mon­tón de co­sas más.

Pies, ¡pa­ra qué os quie­ro!

La mo­tri­ci­dad grue­sa tie­ne que ver con el mo­vi­mien­to glo­bal; es de­cir, con los cam­bios de po­si­ción del cuer­po, el arras­trar­se, el equi­li­brio, el ga­teo, la ca­pa­ci­dad de gi­rar so­bre sí mis­mo, etc. Al­gu­nos lo­gros que ob­ser­va­rás en sus pri­me­ros me­ses son es­tos:

Con 3 me­ses. Le­van­ta la ca­be­za cuan­do es­tá bo­ca aba­jo, apo­yán­do­se en los an­te­bra­zos.

Con 6 me­ses. Sos­tie­ne la ca­be­za. Se gi­ra en la ca­ma o el sue­lo ha­cien­do “la cro­que­ta”.

Con 9 me­ses. Se sien­ta so­lo con la es­pal­da rec­ta y con­tro­la la ca­be­za. Se arras­tra y ga­tea.

Con 12 me­ses. Se man­tie­ne de pie aga­rrán­do­se a mue­bles, apo­yán­do­se en la pa­red o de tu mano.

A par­tir del año. Se lan­za a an­dar. A par­tir de aho­ra ¡ya no ha­brá quien le pa­re!

Po­co a po­co el ni­ño ga­na to­ni­ci­dad mus­cu­lar, agi­li­dad y ve­lo­ci­dad en sus mo­vi­mien­tos. La evo­lu­ción es pro­gre­si­va y nun­ca hay que for­zar­le a avan­zar más rá­pi­do de lo que pi­de su rit­mo. Hay ejer­ci­cios pa­ra ca­da eta­pa y, en su mo­men­to ade­cua­do, es­tos no pue­den fal­tar: po­ner­le a ra­ti­tos bo­ca aba­jo; de­jar­le tum­ba­do bo­ca arri­ba so­bre una manta de ac­ti­vi­da­des pa­ra que dé pa­ta­di­tas a los mu­ñe­cos; des­pe­jar el pa­si­llo y ani­mar­le a ga­tear; su­bir y ba­jar es­ca­le­ras de tu mano; ju­gar a la pe­lo­ta; sal­tar y pa­sear de tu mano; echar ca­rre­ras, ir a la pa­ta co­ja, ju­gar al es­con­di­te in­glés, a la za­pa­ti­lla por de­trás, mon­tar en tri­ci­clo y to­do lo que se os ocu­rra.

Du­ran­te su pri­mer año desa­rro­lla­rá, mes a mes, si­co­mo­tri­ci­dad fi­na y grue­sa

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