Al­ma deı Do­rothy s red shoes

Hay que ser muy es­pe­cial y creer en la ma­gia pa­ra lla­mar a tu blog Do­rothy's red shoes. Y es que es­ta ma­má de dos ni­ños y pro­fe­so­ra de uni­ver­si­dad, es pu­ra pa­sión por la vi­da. Lee y co­no­ce a una mu­jer real.

Ser Padres - - Tras La Pista - Por Ve­ra Al­der

Co­no­ci­da co­mo Do­rothy, su nom­bre real es Ra­quel Can­se­co. Y no pa­ra. Es tan bri­llan­te co­mo los za­pa­ti­tos ro­jos de Do­rothy. Li­cen­cia­da en De­re­cho y Ad­mi­nis­tra­ción y Di­rec­ción de Em­pre­sas y Más­ter en Mar­ke­ting, Pu­bli­ci­dad y Co­mu­ni­ca­ción, des­de ha­ce unos años es­tá al fren­te de su blog Do­rothy’s Red Shoes. En él co­men­zó com­par­tien­do su vi­sión de las bo­das (bo­das en las que pri­ma la com­pli­ci­dad, la ri­sa, el dis­fru­te y no 'lle­var el ves­ti­do del año') y en el que aho­ra de­jar ver su vi­sión de la vi­da y to­do lo que ser ma­dre ha cam­bia­do su mun­do. Un mun­do que, si an­tes era ri­co, hoy lo es mu­cho más. Ra­quel es ma­dre de dos tor­be­lli­nos de ale­gría: Ju­lia y Ni­co. Con ella con­ver­sa­mos de ese ri­co mun­do que de­ja ver en su blog.

¿Qué es Do­rothy?

Es mi for­ma de co­mu­ni­car­me. El es­pa­cio en el que ha­go las co­sas que me gus­tan e in­ter­ac­túo con per­so­nas que me in­quie­tan y mo­ti­van.

¿Por qué y có­mo co­men­zas­te?

Era una épo­ca di­fí­cil en mi tra­ba­jo: pa­sé de una agen­cia de pu­bli­ci­dad al de­par­ta­men­to de mar­ke­ting de un clien­te. Y me to­pé con una vi­sión dis­tin­ta. Es­ta­ba acos­tum­bra­da a un tra­ba­jo crea­ti­vo, di­ná­mi­co, que me apa­sio­na­ba, y de pron­to me vi en un am­bien­te que no era el mío; de­ma­sia­do gris y téc­ni­co, 'muy de da­tos'. En­ton­ces, pa­ra mo­ti­var­me a mí mis­ma, de­ci­dí abrir un blog en el que dar rien­da a mi crea­ti­vi­dad y re­cu­pe­rar esa par­te de mí que echa­ba de me­nos. Em­pe­cé ha­blan­do de co­sas muy di­fe­ren­tes, pe­ro a los me­ses mi no­vio, hoy mi ma­ri­do, me pi­dió ma­tri­mo­nio y, cla­ro es­tá, me cen­tré en las bo­das. De ese mo­do, el blog co­men­zó a ha­cer­se gran­de. Em­pe­cé a ir a even­tos, a ha­cer con­tac­tos y el pro­yec­to co­men­zó a iden­ti­fi­car­se con el mun­do bo­das.

Lue­go, co­mo en el blog al fi­nal hay mu­cho per­so­nal, ha ido evo­lu­cio­na­do con­mi­go: aho­ra hay con­te­ni­dos de ma­ter­ni­dad y de es­ti­lo de vi­da.

¿Qué opi­nas de las in­fluen­cers, del 'po­der' tan tre­men­do que mu­chas per­so­nas han ad­qui­ri­do con las re­des so­cia­les?

A mí per­so­nal­men­te no me gus­ta na­da y ni si­quie­ra el tér­mino. Hay mu­cha des­in­for­ma­ción y fal­ta de in­for­ma­ción en es­te mun­do, pe­ro re­co­noz­co que a la gen­te le en­can­ta que la con­si­de­ren una in­fluen­cer. No obs­tan­te, tam­bién es cier­to que hay per­so­nas que sí se lo cu­rran mu­cho. Ade­más, hay mu­cha in­fluen­cer que aca­ba per­dien­do el con­tac­to con la reali­dad, que crean al­go ar­ti­fi­cial des­de su pe­que­ña par­ce­la. A mí me gus­ta se­guir a gen­te real, au­tén­ti­ca; gen­te a la que le pa­sen co­sas que a mí me pue­dan pa­sar y que se in­te­rro­gue por lo que yo me cues­tiono. Yo aho­ra me río, pe­ro -re­co­noz­co- que tu­ve tam­bién mi ´peo­ca de que­rer colgar fo­tos per­fec­tas, es­tar siem­pre mo­na. Pe­ro ¡no me da­ba la vi­da! Y me frus­tra­ba mu­cho. Me­nos mal que me di cuen­ta de que lo que ha­ce fal­ta es más reali­dad y me­nos per­fec­ción. El postureo so­bra en es­te mun­do y, so­bre to­do, cuan­do eres ma­dre. A mí mis hi­jos me re­cuer­dan que soy de car­ne y hue­so: por eso, por ejem­plo, soy ho­nes­ta y nun­ca re­co­men­da­ría una mar­ca que no con­su­ma en mi día a día. No va­le to­do.

¿Qué pro­yec­tos tie­nes aho­ra? Por­que no pa­ras...

Es­toy muy ilu­sio­na­da con la do­cen­cia en la uni­ver­si­dad. Me en­can­tan las cla­ses con mis alum­nos, son una es­pon­ja, y me sa­tis­fa­cen mu­cho. No sé, la ver­dad, quién apren­de más; si ellos o yo. He pa­sa­do mo­men­tos du­ros, des­pués de mi re­gre­so a Ma­drid y es­tan­cia en pa­rís, con un be­bé y una ni­ña tan pe­que­ña, pe­ro aho­ra to­do es­tá más asen­ta­do y dis­fru­to mu­cho con to­do. ¿Sa­bes? ese es el me­jor pro­yec­to: apa­sio­nar­nos por las pe­que­ñas co­sas que ha­ce­mos a dia­rio y que, en el fon­do, son lo que nos ha­cen per­so­na. Mis ni­ños, mi ma­ri­do, mis pa­dres... To­dos aque­llos que ha­cen que Do­rothy sea real.

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