Cuen­to

Ser Padres - - Sumario -

A lo­mos te Ti­na.

Pe­dro era un ni­ño muy tra­vie­so al que le en­can­ta­ba ha­cer to­do ti­po de fe­cho­rías en cuan­to sus pa­dres no le mi­ra­ban: pin­ta­ba las pa­re­des de su ca­sa con lá­pi­ces de co­lo­res, lle­na­ba un cu­bo con agua pa­ra ba­ñar a sus co­ches de ju­gue­te y em­pa­pa­ba to­do el sue­lo del sa­lón y de­ja­ba su sli­me ol­vi­da­do en cual­quier par­te man­chan­do so­fás y si­llas.

Sus pa­dres no pa­ra­ban de in­sis­tir­le en que te­nía que cui­dar las co­sas y ser or­de­na­do por­que si no lle­ga­ría un día en que to­dos sus ju­gue­tes es­ta­rían ro­tos o es­tro­pea­dos y no ten­dría con qué di­ver­tir­se. Pe­ro él no les ha­cía ni ca­so y se­guía uti­li­zán­do­los sin nin­gún cui­da­do.

Una ma­ña­na, Pe­dro y su fa­mi­lia se fue­ron a pa­sar el día al cam­po. El ni­ño es­ta­ba emo­cio­na­do por­que le en­can­ta­ba ha­cer pla­nes di­fe­ren­tes. Aun­que sus pa­dres le in­sis­tie­ron en que no se ale­ja­ra mu­cho de don­de ha­bían ins­ta­la­do el pic­nic, Pe­dro no les hi­zo ca­so y en po­cos mi­nu­tos se en­con­tró per­di­do en me­dio de un bos­que. El pe­que­ño es­ta­ba muy asus­ta­do sin sa­ber qué ha­cer cuan­do de re­pen­te se en­con­tró con un ca­ra­col gi­gan­te que le ha­bló y le di­jo:

- Ho­la, me lla­mo Ti­na, ¿tú quién eres?

- Yo soy Pe­dro -con­tes­tó el ni­ño.

- ¿Y qué ha­ces aquí en me­dio del bos­que tan so­lo? -pre­gun­tó Ti­na.

- Es que me he per­di­do por­que he des­obe­de­ci­do a mis pa­dres cuan­do me han di­cho que no me fue­ra muy le­jos -le di­jo Pe­dro.

- ¿Y siem­pre ha­ces esas co­sas?-se in­tere­só Ti­na.

- Sí, soy bas­tan­te tra­vie­so y ha­go lo que quie­ro aun­que mu­chas ve­ces no es­té bien -se aver­gon­zó Pe­dro. - ¡Sú­be­te a mi con­cha y ven con­mi­go! -le ani­mó Ti­na. El ca­ra­col Ti­na lle­vó a Pe­dro has­ta un lu­gar del bos­que lleno de ba­su­ra.

-¿Qué es to­do es­to? -pre­gun­tó Pe­dro.

- Son los pla­tos, va­sos, bol­sas y de­más por­que­rías que de­jan los hu­ma­nos cuan­do ter­mi­nan de co­mer. No lo re­co­gen ni lo ti­ran a la ba­su­ra. Nos lo de­jan aquí y mu­chas ve­ces pro­vo­can in­cen­dios, con lo que mue­ren los ár­bo­les, o son pro­duc­tos tó­xi­cos que ma­tan a los ani­ma­les. Por eso es tan im­por­tan­te que seas or­de­na­do y que cui­des y re­co­jas to­das tus co­sas. Si no lo ha­ces, tus des­cui­dos te afec­ta­rán no so­lo a ti sino tam­bién a to­do lo que te ro­dea.

- No lo ha­bía pen­sa­do así -le di­jo Pe­dro-. Tie­nes ra­zón, a par­tir de aho­ra me es­for­za­ré por ser lim­pio y or­de­na­do.

- ¡Gra­cias Pe­dro! -le di­jo Ti­na-. Ven, te lle­va­ré de nue­vo adón­de es­tán tus pa­dres. ¡Y pro­mé­te­me que se­rás más obe­dien­te a par­tir de aho­ra!

Macarena Or­te, re­dac­to­ra de Ser Pa­dres

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.