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Hacer caja con lo de dentro

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Que se miren a la cara y se lo digan todo”, me decía ayer un exjugador blaugrana. Las cartas boca arriba. Que no valga el ‘esto es lo que hay’ y se acomoden todos a lo de siempre. Que demuestren que, cuando pintan bastos en un club como el Barça, pasar a la historia no sólo es hacerlo como Cruyff, como Messi o con ‘sextetes’. Que se les remuevan las tripas con las críticas y que el orgullo profesiona­l sea lo que les mueva. Al que manda, al que entrena y al que juega. Esto no es una familia. Esto es una entidad cuyos socios pagaron su cuota el lunes y, ni que sea por eso, debe motivarles no ser arte y parte de un negocio que, por desgracia, se aleja de este modelo. Todos los integrante­s de la plantilla del FC

Barcelona, desde Xavi hasta el último utillero que ha entrado en plantilla, saben de qué va esta película y como trabajador­es bien pagados que son, seguro que tienen muy claro que son unos privilegia­dos no sólo por lo que cobran sino por lo que representa­n. O eso quiero pensar.

Para mantener el nivel hay que darlo. Todos. Los de arriba y los de abajo. Y en momentos complicado­s, el colectivo profesiona­l debe dar un paso adelante y el que ha llegado sin cobrar gracias a los votos de una masa social dar ejemplo de ‘seny’ y profesiona­lidad aún cuando el traje sea de ‘amateur’. El FC Barcelona se juega mucho más que unos puntos o un título. No miremos con las gafas ‘de cerca’. Por favor.

Me preocupa, y mucho, el ‘meme’ en el que quieren convertir al club con el que me he criado en las faldas y en los pantalones de mi madre, de mi padre y de mi abuela. Me cuesta encajar (por decirlo fino) las pseudo-publicidad­es de empresas que suman ‘clics’ a costa de una derrota. Por muy dolorosa que sea y ante el eterno rival, no deja de ser eso: perder un partido o una final. Ni el club ni sus socios y aficionado­s merecen ser carne de aprovechad­os. No soy una romántica que vive en las nubes. Soy absolutame­nte consciente de las carencias, de los problemas económicos, de los intereses de dentro y de fuera a los que siempre empujan lo de siempre. Lo soy. Pero me duele la falta de respeto a una institució­n que es arte y parte del fútbol con mayúsculas y sí, aunque fastidie a muchos y otros tantos no sepan gestionar, es ‘més que un club’.

Quienes deben mantener el estandarte bien alto son los que dirigen -gracias a los votos- y los profesiona­les -fichados por éstosque, cuando firman sus contratos, han de tener en cuenta que supone ser jugador o jugadora del Barça en cualquiera de sus secciones. Ver a Aitana Bonmatí levantar un ‘The Best’, a una jovencísim­a Cata

Coll en la platea y a un Jonatan Giráldez entre los mejores entrenador­es del mundo debe servir para algo. Hacia dentro, un orgullo. Hacia afuera, una forma de ser y de sentir que quizá se haya perdido entre facturas reales y personales.

Un hombre de club como Pep Guardiola, al que respetan presidente, entrenador y profesiona­les del primer equipo de fútbol, pidió que los jugadores dieran un paso adelante. Sabe de lo que habla. Sabe que cuando hay un tipo de carencias hay que apelar al orgullo. Al personal y al de pertenenci­a. Y dejarse la piel. Y dejar de lado, ni que sea unas semanas, los intereses que vayan más allá de ‘lo de dentro’. Da igual si no vende. Ahora no toca hacer caja.

En momentos complicado­s el colectivo profesiona­l es el que debe dar un paso adelante

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VALENTÍ ENRICH
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