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¿Hay plan para la hemorragia?

- JOAQUIM PIERA

Xavi ha presentado una dimisión diferida por culpa del balón y, específica­mente, por la sangría defensiva que ha dejado al Barça sin opciones de títulos en tres frentes, después de encajar tres goleadas en cuestión de quince días. Cuando todo el barcelonis­mo había hecho un acto de fe esperando un clic que supusiera un cambio de rumbo, llegó un baño de realidad en forma de tres bofetones, que ha dejado muy tocada la autoestima colectiva y que ha expuesto las carencias estructura­les que se arrastran durante todo este curso.

La involución del equipo es palpable, en estadístic­as demoledora­s (por poner un ejemplo, entre el Girona de Míchel y el Villarreal han metido nueve goles en Montjuïc en Liga) y en el rastro sensitivo que perdura al ver la gran mayoría de partidos disputados por el Barcelona desde el mes de agosto. El problema es futbolísti­co y de fondo. El foco debe ponerse en cómo colectivam­ente el equipo se posiciona y evoluciona. Por lo menos en público, Xavi prefiere transitar más por el plano psicológic­o y considera que con su renuncia liberará a una plantilla demasiado presionada. Cuesta ser optimista y pensar que, en cuestión de cuatro días (desde la debacle del sábado a la visita esta noche de Osasuna), Xavi y su cuerpo técnico se abstraerán de la tormenta mediática y serán capaces de tocar la tecla adecuada que convierta al Barça en un bloque equilibrad­o, solvente y sin las grietas que han hecho tambalear todo el proyecto deportivo e institucio­nal. Sin ser catastrofi­stas, la viabilidad económica del club a corto y medio plazo pasa por clasificar­se, como sea, para la Champions League y este objetivo de mínimos solo se logrará recuperand­o las sensacione­s defensivas de un año atrás. El Barça no puede pensar que necesita ganar tiempo porque todo se arreglará con la vuelta de Ter Stegen, que está en la recta final del plan de recuperaci­ón. Que las lesiones han castigado a la plantilla es incuestion­able, pero, a estas alturas, no sirve de coartada.

Y aquí hay que mirar al eterno rival. Llevan toda la temporada sin contar con Courtois y Éder Militao (que es su mejor central) porque en agosto ambos sufrieron la misma lesión: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Y, en diciembre, en el Real Madrid-Villarreal también cayó por la misma situación David Alaba. Resulta que el equipo de Carlo Ancelotti , que juega con el teórico tercer portero porque Kepa les ha salido rana, es el menos goleado de toda la Liga con tan solo 14 tantos encajados en 21 partidos. El Barça lleva más del doble: 29. De hecho, hoy, en el ranking de mejores defensas, solo es el duodécimo. Así es casi inviable pensar en poder terminar entre los cuatro primeros.

O se mejoran los registros defensivos o el Barça no jugará la Champions en 2025

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