EQUI­LI­BRIO EN LA FLE­XIÓN PLAN­TAR

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Una vez com­pren­di­do el ori­gen del des­equi­li­brio y las ca­de­nas mus­cu­la­res afec­ta­das es el mo­men­to de ha­cer par­ti­ci­par a los pies, so­bre to­do el iz­quier­do en la an­ti­ci­pa­ción de los mo­vi­mien­tos. Es muy im­por­tan­te man­te­ner la se­pa­ra­ción en­tre los pies y res­pe­tar la lí­nea rec­ta de apo­yo to­bi­llo-ro­di­lla-ca­de­ra (plano D (De­re­cho) y plano I (Iz­quier­do)). A mu­chas per­so­nas les mo­les­ta el apo­yo de la ro­di­lla por no re­par­tir bien los pe­sos (se les pue­de en­se­ñar re­po­san­do las ro­di­llas so­bre una su­per­fi­cie blan­da). Con­for­me se van al­ter­nan­do es­tos cua­tro ejer­ci­cios se irá guian­do el equi­li­brio has­ta ver có­mo se re­la­ja la lí­nea en­tre los hom­bros y los bra­zos, y se van per­ci­bien­do los mi­cro mo­vi­mien­tos de los de­dos y de las ro­di­llas.

Juan­ma ya es­tá pre­pa­ra­do pa­ra sen­tir los dos pla­nos la­te­ra­les del cuer­po, las se­cuen­cias de los 4 ejes trans­ver­sa­les que van sin­cro­ni­za­dos des­de la pe­ri­fe­ria, la sol­tu­ra de la ca­be­za y la gran fuer­za res­pi­ra­to­ria que, co­mo si fue­ra un rit­mo mu­si­cal, da pro­pul­sión a to­do el cuer­po de for­ma glo­bal e ín­te­gra y lan­za los co­dos y las ro­di­llas co­mo si fue­ra un lá­ti­go. Em­pie­zan los sprints cor­tos, los cam­bios de rit­mo, la ace­le­ra­ción, la ex­plo­si­vi­dad y las se­ries de un mi­nu­to. ¡ Juan­ma em­pie­za a no­tar las iner­cias pe­ri­fé­ri­cas en la oscilación!

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