Ec­to­pa­rá­si­tos

Las pul­gas y áca­ros: los in­vi­ta­dos no desea­dos

Todo Perros - - Salud -

Si el pe­rro se ras­ca más de lo ha­bi­tual, sus pen­sa­mien­tos se di­ri­gen a las pul­gas que se ali­men­tan de la san­gre del pe­rro y otros ani­ma­les.

Sus pi­ca­du­ras son muy mo­les­tas, y los pe­rros afec­ta­dos tie­nen un pi­cor in­ten­so y brus­co. No es di­fí­cil lo­ca­li­zar­las en el cuer­po de nues­tros ami­gos, ya que son bien vi­si­bles a sim­ple vis­ta. Pa­ra evi­tar el pro­ble­ma debe ser tra­tar re­gu­lar­men­te al pe­rro con me­di­ca­men­tos an­ti-pul­gas, así co­mo ccon­tra las ga­rra­pa­tas, que debe ser ad­mi­nis­tra­do una vez por tri­mes­tre. Y es que la me­jor so­lu­ción es la pre­ven­ción. Pe­ro, apar­te de las pul­gas, tam­bién hay que te­ner en cuen­ta a los áca­ros otros ec­to­pa­rá­si­tos ha­bi­tua­les en el pe­rro que pue­den des­en­ca­de­nar cri­sis muy in­ten­sa pi­ca­zón. Los áca­ros son res­pon­sa­bles de la de­no­mi­na­da sar­na, in­clu­yen­do la sar­cóp­ti­ca que me­re­ce una men­ción es­pe­cial. La pri­me­ra es el prin­ci­pal res­pon­sa­ble de la se­que­dad de la piel y la for­ma­ción de cos­tras, mien­tras que la se­gun­da afec­ta so­bre to­do a la ca­be­za y se pre­sen­ta co­mo una ten­den­cia ex­ce­si­va y com­pul­si­va de ras­car­se las ore­jas.

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