A LA FE­LI­CI­DAD POR EL VER­MÚ

Una be­bi­da clá­si­ca pa­ra ce­le­brar los pe­que­ños mo­men­tos, por­que no so­mos más que ani­ma­les vol­vien­do a ca­sa, a los sa­bo­res de la in­fan­cia.

Vanity Fair (Spain) - - VANIDADES - Por JAVIER A ZNAR

Co­mo soy una per­so­na muy op­ti­mis­ta, a ve­ces pien­so en cuál se­ría mi úl­ti­ma ce­na. Un te­ma al que le doy vuel­tas des­de que vi una se­rie de ins­tan­tá­neas del fo­tó­gra­fo

Henry en las que re­tra­ta­ba las elec­cio­nes, Har­grea­ves al­gu­nas cu­rio­sas, otras ines­pe­ra­das, de los úl­ti­mos de­seos gas­tro­nó­mi­cos de los reos. Hay quien ele­gía ta­rri­nas de he­la­do de Af­ter-Eight. Hay quien pe­día po­llo fri­to del KFC con fre­sas. Ca­da uno dan­do rien­da suel­ta a sus vie­jos an­to­jos. Se po­drían es­cri­bir mon­ta­ñas de per­fi­les psi­co­ló­gi­cos des­ma­de­jan­do el ovi­llo de ca­da elec­ción. Yo ten­go cla­ro que ele­gi­ría to­mar unas ra­bas de ma­gano con un ver­mú. Al fi­nal no so­mos más que ani­ma­les vol­vien­do a ca­sa, a los sa­bo­res y a los olo­res de la in­fan­cia. Y esa, de al­gu­na for­ma, es la mía: el ape­ri­ti­vo cer­ca del mar y la sen­sa­ción de que tras unas ra­bas y un Mar­ti­ni siem­pre es­pe­ra al­go más.

Des­de pe­que­ño me han fas­ci­na­do los mis­te­rios, y el ver­mú es una be­bi­da mis­te­rio­sa. No sé si se­rá su hip­nó­ti­co co­lor ro­ji­zo o el he­cho de que la au­tén­ti­ca re­ce­ta de Mar­ti­ni so­lo la co­noz­can cua­tro per­so­nas en el mun­do y se en­cuen­tre en una ca­ja fuer­te en Gi­ne­bra. O a lo me­jor es su ela­bo­ra­ción: una vez se­lec­cio­na­da la esen­cia aro­má­ti­ca de los 40 in­gre­dien­tes —co­mo el díc­ta­mo de Cre­ta, el cla­vo de Ma­da­gas­car o las ma­de­ras de Ja­mai­ca—, to­do se mez­cla con al­cohol na­tu­ral en el tam­bu­ro. Se tra­ta de un re­ci­pien­te que gi­ra muy len­ta­men­te; a lo lar­go de un día tan so­lo da dos vuel­tas so­bre sí mis­mo. Pa­ra lle­gar a con­se­guir ese pun­to tie­ne que es­tar fun­cio­nan­do du­ran­te dos se­ma­nas. Es­te mé­to­do de ela­bo­ra­ción tan old school y ar­te­sa­nal, co­no­ci­do co­mo Ma­ce­ra­to a la gi­ra­ta len­ta, per­mi­te ex­traer to­da la ri­que­za y va­rie­dad de ma­ti­ces. De ca­da uno de los 40 bo­tá­ni­cos se­lec­cio­na­dos a mano se ex­trae su esen­cia con el pro­ce­so ade­cua­do. Sin pri­sa pe­ro sin pau­sa.

Aso­cio el ver­mú con los pe­que­ños mo­men­tos de fe­li­ci­dad. Era lo que es­ta­ba to­man­do cuan­do leí mi pri­mer ar­tícu­lo pu­bli­ca­do en pa­pel y for­ma par­te del ri­tual que ten­go con mi me­jor ami­go en la pla­za del Rey an­tes de los par­ti­dos má­gi­cos de Cham­pions. Tes­ti­go mu­do de los me­jo­res mo­men­tos. Y en ca­da si­tio te lo pre­pa­ran de ma­ne­ra di­fe­ren­te, lo que aña­de siem­pre unas go­tas de ex­pec­ta­ción, un to­que de in­cer­ti­dum­bre y un twist de mis­te­rio al mo­men­to. Siem­pre el mis­te­rio.

TRA­DI­CIÓN Y MIS­TE­RIO LA RE­CE­TA DE MAR­TI­NI SO­LO LA CO­NO­CEN CUA­TRO PER­SO­NAS EN EL MUN­DO Y SE EN­CUEN­TRA GUAR­DA DA EN UNA CA­JA FUER­TE EN GI­NE­BRA

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