Vanity Fair (Spain)

ALEXANDRA GIL

La revisión de un mito

- _A. GIL

Periodista especializ­ada en terrorismo global, en 2017 publicó su primer libro, En el vientre de la yihad. En este número deconstruy­e un mito del feminismo como es Simone de Beauvoir. Para ello ha entrevista­do a una de sus compañeras de militancia.

Cuando nos reuníamos en su apartament­o, un estudio de techos altísimos junto al cementerio de Montparnas­se, nunca nos ofrecía nada para beber. Ella era la única que usaba un diván. Nosotras la mirábamos desde abajo, sentadas en el suelo. La solidarida­d entre mujeres nunca fue lo suyo”. “Ella” era

Simone (París, 1908-1986) y quien la de Beauvoir recuerda, Bonnet, historiado­ra y

Marie-Jo militante en el Mouvement de Libération des Femmes (MLF), un movimiento heredero del Mayo del 68 al que Francia le debe la igualdad salarial entre hombres y mujeres (1970) o la Ley del Aborto (1972).

Bonnet, una septuagena­ria que durante año y medio compartió charlas y debates con la autora de El segundo sexo en aquel grupo de historiado­ras, habla con Vanity Fair de la distancia entre quién fue de verdad Simone de Beauvoir y la imagen que tenemos de ella en el mes que celebramos el Día de la Mujer en todo el mundo. Porque, aunque fue completame­nte libre en una época en la que el mero hecho de que una mujer reclamara un espacio de autonomía lejos del hogar era una osadía, Bonnet recomienda que leamos las cartas que intercambi­ó con el filósofo

Jean-Paul Sartre, el gran amor de su vida, para conocerla bien: un mito en permanente construcci­ón, tan obnubilada por complacer a Sartre y en idear el legado que quedaría de ella en la posteridad, que olvidó vivir en consonanci­a consigo misma. Simone De Beauvoir fue libre, pero no coherente.

Lo dice Bonnet, una mujer que la trató de cerca y quien pronto reparó en sus contradicc­iones. Esta escritora francesa tenía poco más de 20 años cuando empezó a asistir a aquellos encuentros en el piso parisino de la pensadora. La joven Bonnet preparaba una tesis sobre la historia de las relaciones entre mujeres y un día, para tener un rato a solas con la maestra, fingió que había calculado mal el tiempo y llegó antes. “Yo era audaz, quería hablar con ella sobre Leduc, una escrito-Violette ra lesbiana a quien conoció muy bien. Me pareció normal entablar una conversaci­ón con Simone sobre la homosexual­idad femenina”. Se equivocaba. “Manipulaba extraordin­ariamente bien, pero eso lo supe cuando se publicaron sus cartas. Conmigo empezó a disertar sobre la ocupación alemana, a decirme que aquella era una mujer de derechas, que no tenía mucho interés para la revolución que queríamos…”.

Esa manera de evitar hablar de Leduc va en consonanci­a con el secretismo con el que vivió parte de su sexualidad, que más de 30 años después de su muerte sigue siendo una incógnita. “No hay más que ver cómo habla de las mujeres en sus cartas, como meros objetos de consumo”. Para ejemplific­arlo, Bonnet recuerda una que le escribió a Sartre en 1939, donde recuerda su noche de pasión con Louise —pseudónimo con el que se refería Védrine a su alumna Lamblin—a quien Bianca describió así: “Es fuagrás, pero de mala calidad”.

Pero ¿es lícito aplicar los criterios morales actuales para enjuiciar conductas

“No se aceptaba a sí misma. Es lo que más me choca al ver cómo se ha convertido en un ejemplo de feminismo”

de otra época y otros valores? Para Bonnet no se puede recurrir solo a cómo han cambiado los tiempos para justificar su ambigüedad. “Nosotras la veíamos con Sartre, que venía a alguna reunión del MLF. Se sabía que tenían una relación más platónica que pasional. No se aceptaba a sí misma, y eso es lo que más me choca al ver cómo se ha construido un ejemplo de feminismo. Su obra, todo su trabajo sobre la mujer… ¡es apasionant­e! Todavía hoy la leo con fervor, pero hizo un flaco favor a la mujer avergonzán­dose de su sexualidad”.

Para Bonnet, si De Beauvoir optó por vivir en silencio esa pasión no fue por miedo a enfrentars­e a una sociedad conservado­ra. De ser ese el motivo, argumenta, no se habría atrevido a atacar otros tabúes ligados a la sexualidad femenina en un momento en el que opinar sobre el aborto era impensable —faltaban 30 años para que fuese considerad­o un derecho— . “Su postura ante la maternidad causó mucho más escándalo en la sociedad de entonces que el capítulo que dedica en El segundo sexo al lesbianism­o”.

Cuando en 1984 le preguntaro­n si el apartado en ese libro en el que escribe sobre la homosexual­idad femenina nació de su contacto con mujeres como Violette Leduc, Simone replicó: “¡Oh no! ¡Jamás! Conocí, efectivame­nte, a lesbianas, pero no a muchas”. Y dos años antes de su muerte negó cualquier experienci­a sexual con mujeres, a muchas de las cuales se refiere en sus obras como “amistades femeninas”. Cuando Bonnet, autora del ensayo Simonne et les femmes, pudo preguntar a Bianca Lamblin cómo comenzó su relación con De Beauvoir cuando esta era su profesora, ella respondió que ocurrió de forma natural. También que, aunque Simone era pasional, en su vida no hubo nunca lugar para la improvisac­ión. Así lo confirma Bonnet al recordar aquel día que llegó pronto al apartament­o de Montparnas­se para hablar con la escritora y ella se mostró molesta por aquella cita imprevista que alteraba su agenda. “Era un torrente. Escribía cartas sin parar. No podía controlar su pensamient­o y leyendo su obra puede verse cómo era, cuál era su vitalidad”, recuerda la historiado­ra, que insiste en que el mito en torno a la pensadora nace de la necesidad de crear y perpetuar modelos. “Si la leyésemos más, en lugar de seguir haciendo de ella un referente sin más, veríamos que son sus contradicc­iones las que la hacen humana”.

También critica su apolitismo y la tilda en un par de ocasiones de “robot”, subrayando cómo pasó de puntillas por el tema de la ocupación nazi o cómo hablaba de las feministas que pedían el derecho al voto: “Se agitaban furiosamen­te. Tenían razón, pero, como yo era apolítica y no habría ejercido mi derecho, me daba igual que me lo reconocier­an”. Ante esa frase, Bonnet sonríe y lanza una corta carcajada: “La sororidad y Simone no se conocían”.

“Hizo un flaco favor a la mujer avergonzán­dose de su sexualidad”

 ??  ??
 ??  ??
 ??  ??
 ??  ?? CONTRADICT­ORIA Simone de Beauvoir, en un retrato tomado en 1957. En la página anterior, arriba, Marie-Jo Bonnet en los años setenta. Debajo, De Beauvoir y Jean-Paul Sartre durante unas vacaciones.
CONTRADICT­ORIA Simone de Beauvoir, en un retrato tomado en 1957. En la página anterior, arriba, Marie-Jo Bonnet en los años setenta. Debajo, De Beauvoir y Jean-Paul Sartre durante unas vacaciones.
 ??  ?? UNA VIDA INQUIETA En esta página, De Beauvoir con Sartre, en 1947, durante un crucero que hicieron por Suecia. A la derecha, en 1979, durante una rueda de prensa en París con la organizaci­ón Mujeres en Movimiento. Abajo, un retrato de la autora de El segundo sexo en 1974.
UNA VIDA INQUIETA En esta página, De Beauvoir con Sartre, en 1947, durante un crucero que hicieron por Suecia. A la derecha, en 1979, durante una rueda de prensa en París con la organizaci­ón Mujeres en Movimiento. Abajo, un retrato de la autora de El segundo sexo en 1974.
 ??  ??
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain