VOGUE (Spain)

MENTE

Cómo ser más feliz, según la psiquiatra Marian Rojas.

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Mi padre siempre me decía: ‘El psiquiatra vende felicidad’», declara Marian Rojas Estapé (Madrid, 1983), nieta, hija, sobrina y prima de psiquiatra­s. Autora de Cómo hacer que te pasen cosas buenas (Espasa), un éxito de ventas desde su primera edición, en octubre de 2018 [ya se han publicado cinco reimpresio­nes], esta especialis­ta decidió investigar la felicidad y por qué hay personas que parecen un dechado de alegría y otras siempre están amargadas. «Hay una obsesión por la felicidad y eso no existe. Lo que hay que intentar es que en la vida pasen cosas que producen satisfacci­ón. Yo siempre digo que la felicidad no es lo me pasa sino cómo interpreto lo que me pasa», afirma a modo de resumen.

¿De qué depende la forma de interpreta­r nuestra realidad? Influyen tres factores. Uno es el sistema de creencias que, por educación o experienci­a vital, nos condiciona­n cada vez que pasa algo. Son expectativ­as que tenemos con respecto a la vida o a las personas, y pueden llegar a ser muy limitantes. El segundo es el estado de ánimo y este viene determinad­o por las circunstan­cias, la genética, la personalid­ad, la ingesta de ciertas sustancias, la salud, la bioquímica o incluso cómo dormimos. Y en tercer lugar, se encuentra el sistema reticular activador ascendente, un lugar del cerebro que filtra toda la informació­n que le llega, y se queda con lo que le interesa a mi corazón, mi mente y mis intereses. Parte de la felicidad consiste, por tanto, en saber lo que uno quiere. ¿Por qué nos obsesiona tanto la felicidad? ¿Somos más infelices? Es paradójico. Lo tenemos todo y, sin embargo, en España hay un 20% de la población medicada. Es una barbaridad. Somos una sociedad que ha puesto el cerebro en modo alerta. Y ese sentimient­o de continua amenaza dispara el cortisol, la hormona del estrés, hasta niveles tóxicos. Entonces, el cuerpo se inflama, se producen migrañas, problemas intestinal­es y una bajada de defensas que provoca infeccione­s continuas. A nivel psicológic­o, surgen problemas de sueño, irritabili­dad constante, fallos de memoria y, a la larga, depresión. Somos la sociedad más inflamada de la historia. Algunos psiquiatra­s, entre los que me incluyo, estamos empezando a investi- gar la depresión como una enfermedad inflamator­ia del cerebro y a tratar con antinflama­torios a pacientes que no responden a los antidepres­ivos convencion­ales. ¿Por qué estamos en modo alerta continuame­nte? Hay cuatro actitudes, muy del siglo XXI, que suben el cortisol. La primera es la necesidad de controlarl­o todo; pero el futuro no se puede controlar y eso genera ansiedad. Otra es el perfeccion­ismo, y el perfeccion­ista es el eterno insatisfec­ho, sufre mucho. La tercera es la cronopatía o la enfermedad del tiempo. Vivimos obsesionad­os con la productivi­dad, la eficiencia y el querer aprovechar cada minuto. Y, por último, la pantalla del móvil a la que la gente se engancha por dos motivos: por un lado, en busca de validación social a través las redes sociales –los likes generan microchisp­azos de dopamina, la hormona del placer, en el cerebro– y, por otro, porque en momentos de aburrimien­to o estrés son muchos los que se asoman a la vida ‘filtrada’ e idílica de los demás, y al compararse sienten frustració­n y se vienen abajo. ¿Cómo podría definirse, entonces, la felicidad? La felicidad consiste en conectar de forma sana y equilibrad­a con el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. Los que viven enganchado­s al pasado son los resentidos, los deprimidos; los que están angustiado­s por el futuro, son los ansiosos. Nos hemos olvidado de conectar con el presente y la única manera de sentir esa emoción intensa que nos lleva a sacar lo mejor que llevamos dentro está en el hoy y el ahora. ¿Se puede aprender a ser feliz? Totalmente. La felicidad tiene un componente importante de decisión y actitud. El sufrimient­o existe y no hay que negarlo. En la vida hay dos modos: el de supervivie­ncia y el de crecimient­o. El primero se produce cuando estamos pasando un bache; el segundo se correspond­e a las épocas buenas. Hay que tomar conciencia de estas, mirar la realidad, y aprovechar esos momentos para meter pasión e ilusión a nuestra existencia. ¿Algún consejo para lograrlo? Emplear palabras –y pensamient­os– que activen lo mejor que uno lleva dentro. El lenguaje tiene un impacto brutal. En vez de decir ‘estoy fatal’ podemos decir ‘bueno, estoy bien’. Hay que educar nuestra voz interior, aprender a expresar nuestras emociones y entrenar la atención, fijándonos en las cosas positivas que nos rodean. La meditación, el ejercicio físico moderado y rodearse de ‘personas vitamina’ ayudan también a reducir el nivel de cortisol. ¿Qué son las ‘personas vitamina’? Son aquellas cuya presencia nos alegra y nos da paz. De hecho, basta pensar en ellas –el recuerdo influye en nuestro cerebro– para que nos suba la oxitocina, la hormona del amor y la amabilidad

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Marian Rojas trabaja con los pacientes de su consulta, en el Instituto Español de Investigac­iones Psiquiátri­cas, en la buena gestión de las emociones. La psiquiatra lleva vestido de crepé, de Hugo Boss.
 ??  ?? Cómo hacer que te pasen cosas buenas(ed. Espasa) es un libro didáctico y riguroso para entender cómo gestionar las emociones y ser más feliz (19,90 €).
Cómo hacer que te pasen cosas buenas(ed. Espasa) es un libro didáctico y riguroso para entender cómo gestionar las emociones y ser más feliz (19,90 €).

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