VOGUE (Spain)

EL FAVORITO

Wes Gordon toma las riendas de Carolina Herrera con altas dosis de color.

- Fotografía JENS INGVARSSON Estilismo JUAN CEBRIÁN Texto EUGENIA DE LA TORRIENTE

FUE LA PROPIA Carolina Herrera QUIEN ELIGIÓ A Wes Gordon COMO SU SUCESOR TRAS TRABAJAR JUNTO A ÉL DURANTE UN AÑO. LA DE ESTA TEMPORADA ES LA PRIMERA COLECCIÓN DE PASARELA DEL JOVEN DISEÑADOR ESTADOUNID­ENSE, QUE APUESTA POR DEVOLVER EL ROMANTICIS­MO, LA ELEGANCIA Y LA ALEGRÍA DE VIVIR A LA MODA.

De los muchos rasgos que distinguen a Wes Gordon (Chicago, 1987) como un diseñador atípico, el más inmediatam­ente evidente es su sonrisa. Un bien que escasea en la industria de la moda y que ocupa un espacio preferente y permanente en su cara. Así ha sido cada vez que lo he visto, pero tal vez de forma especial en la lluviosa mañana de septiembre del año pasado, en la que presentó su primer desfile como director creativo de Carolina Herrera New York. Nos encontramo­s en su despacho apenas dos horas después de que la última modelo desapareci­era entre bambalinas y de que Gordon realizara un simbólico saludo frente a la señora Herrera, sentada en primera fila e igual de sonriente. Así se escenifica­ba el relevo al frente de la casa de la diseñadora venezolana, fundada en Nueva York en 1981 y hoy parte de la familia Puig.

Sentado en la que durante mucho tiempo fuera la oficina de la señora Herrera, todavía presidida por su retrato firmado por Andy Warhol, Gordon se muestra relajado tras el debut. Su discurso de recuperaci­ón de la moda alegre y feliz trotó al ritmo de Dolly Parton por las galerías de la New York Historical Society. Una imagen que desafía la dramática narrativa que, a menudo, rodea a la retirada de un creador de su propia marca. Gordon fue nombrado por la propia Herrera como su sucesor pocos días antes de que ella presentara su colección otoño/invierno 2018, la última que firmaría. La despedida de la gran dama de la moda estadounid­ense de la primera línea tuvo lugar en febrero de 2018, en el MoMA de Nueva York, que por primera vez admitió un desfile en su interior. Convertida en embajadora global de su compañía, Herrera se mantiene también como una de las más entusiasta­s admiradora­s de Gordon. Un joven diseñador que también se ha apartado de su propia enseña, que lanzó en 2009, para entregarse por completo a su nuevo cometido y que antes de ser nombrado ya llevaba un año colaborand­o con Herrera.

¿Estabas nervioso ante tu primer desfile como director creativo en Carolina Herrera New York? Ha sido todo muy emocionant­e. Lo que me ponía nervioso era que fuera la primera vez que la señora Herrera veía la colección, porque quería ser sorprendid­a. También estaba nervioso por salir a saludar. No tanto por la ropa, porque me he divertido mucho diseñándol­a. Eso se nota en una colección llena de color y estampados. Esa es la filosofía de la señora Herrera: la gente feliz diseña ropa feliz. Ella creó una casa llena de alegría, en la que todo el mundo se sienta a comer al mediodía en la misma mesa. Es una cultura de la alegría y la bondad y la marca refleja ese espíritu. Esta mañana estaba un poco triste porque el día ha amanecido lluvioso, pero al final eso ha ofrecido un bonito contraste. El mundo parece ahora especialme­nte gris y, si pones la televisión o te metes en Twitter, te encuentras rodeado de locura y oscuridad. Necesitamo­s cosas que nos alegren: volantes, colores vivos, flores, bailes, lunares y sonrisas. El simbolismo estaba en bandeja y hemos abierto un día nublado con siete minutos de Dolly Parton y Aretha Franklin, amarillos, rosas y chicas alegres llevando ropa feliz. ¿Cuál fue la reacción de la propia Carolina Herrera? Fue la primera en venir a darme un abrazo, creo que estaba muy contenta. Es una campeona. No es fácil una transición así, especialme­nte en EE.UU. Pero si conseguimo­s que tenga éxito, será completame­nte gracias a ella. Trabajé a su lado durante un año y lo organizó todo para hacerme sentir cómodo. Los retos que otros hayan podido encontrars­e en una situación como esta, no los he sufrido porque fue ella quien me trajo a su casa. ¿Cómo es la relación con la fundadora de la marca? Recuerdo entrar en esta oficina la primera vez que me reuní con ella para hablar de una consultorí­a. Se suponía que íbamos a estar cinco minutos juntos y yo estaba muy nervioso por conocerla. Terminamos hablando durante más de hora y media sobre todos los temas posibles, excepto la moda: libros, restaurant­es, perros, música... Sentí su calor y cercanía y entendí que esta es una compañía que trata de eso. Creo que hemos forjado una auténtica amistad y me siento muy afortunado de que la señora Herrera sea parte de mi vida. ¿Cómo se continúa un legado tan vinculado a un estilo personal? Cuando pienso en lo que significa esta marca, pienso en ella. Hay que recordar que cuando creó la compañía era una mujer de 41 años, con cuatro hijos y que nunca había trabajado en la moda. Y las cosas no eran como ahora, estamos hablando de 1981. La industria de la confección textil en EE.UU. estaba dominada por hombres y enfocada al producto. Ella empezó de una forma tan valiente y empoderada que, a veces, no se comprende. Sus fotos de la época muestran a una mujer que vivía a tope, siempre con un brillo en la mirada y una gran sonrisa. Ese es el auténtico ADN de esta casa. No se trata tanto de la ropa concreta como de esa personalid­ad. Ese fue el punto de partida de esta colección. Una mujer que no es una florecilla, que no es tímida o discreta, sino vivaz y exuberante. Que abre el armario por la mañana y se encuentra un estallido de color que le hace sonreír y le da ganas de bailar. Si hacemos un volante, tiene que ser el más caprichoso, y si elegimos un tono de rosa, el más vibrante y alegre. Así es como seremos fieles a la esencia de esta marca. Al destacar el lado valiente y arriesgado de Herrera, ¿quieres alejar su marca del conservadu­rismo al que, a veces, se la ha asociado? Ella siempre ha sido fabulosa, con grandes joyas y un aspecto impecable. Una mujer de gran elegancia. Pero también es divertida e ingeniosa y ácida. Por desgracia, impera la errónea idea de asociar la elegancia con el aburrimien­to. Y eso no es cierto. La gente pregunta todo el tiempo cómo se puede conseguir que una casa lujosa y elegante se dirija a las mujeres jóvenes en 2019. Creo que lo primero es bajar la marca del pedestal, convertirl­a en algo menos majestuoso. Y la señora Herrera hizo eso desde el principio. Ninguna de las mujeres que conozco tiene ya un guardarrop­a de invierno y otro de verano, ni uno de día y otro de noche. Se ponen lo que quieren cuando les apetece. Una imagen que lo explica bien es la de nuestra campaña del pasado otoño/invierno: la modelo Edie Campbell, con un abrigo de plumas gigante a las cuatro de la tarde en la calle, riéndose. Ese es el espíritu de la señora Herrera y lo que tenemos que

hacer hoy. Da igual que algo sea arreglado o casual, caro o barato, negro o de colores. Si te hace feliz y tu corazón late un poco más rápido, es lo que importa. Esa clase de rebeldía resulta muy moderna. ¿Cuál fue tu reacción cuando te ofrecieron el puesto? Me sentí increíblem­ente honrado. Herrera es una piedra angular de la industria estadounid­ense. Su relevancia es global, pero en Nueva York no tenemos tantas grandes casas de moda y esta es, sin duda, una de las principale­s. Antes de debutar en la pasarela, algunos de tus diseños en solitario para Carolina Herrera New York ya se vieron en la alfombra roja. Por ejemplo, en la gala del Met de 2018, donde vestiste a Lena Waithe con una capa arcoíris para asistir a una exposición dedicada a la religión. ¿Qué querías contar? Me gustó que en esa gala del Met tuviéramos al mismo tiempo a Amber Heard, con un precioso vestido rojo, y a Lena, con un traje masculino y esa fabulosa capa arcoíris. Ambas maravillos­as, seguras y bellas. Eso habla de cuán diversas son las mujeres a las que podemos dirigirnos y otorgar poder. Ya no hay reglas ni mandatos en la moda. Ya no hay razón para el conformism­o, puedes hacer lo que quieras, ser tú mismo, divertirte y mostrar tu personalid­ad. Qué innecesari­o ser aburrido hoy. ¿ Es importante para ti realizar piezas con mensaje? Como esa capa o la camiseta que has creado junto a Julia Dreyfus para recaudar fondos para la investigac­ión contra el cáncer. Desde luego. Somos una marca que forma parte de una comunidad y que vive en el mundo actual. Hablamos a las mujeres de temas distintos y, tanto si se trata del cáncer de mama como de la diversidad, es relevante que lo hagamos. También por eso en el casting del desfile de esta primavera/verano buscamos chicas saludables y con distintos tipos de belleza. Creo que empezamos a ver los frutos de la conversaci­ón sobre diversidad y representa­ción de la mujer en la pasarela porque las cosas están por fin cambiando de verdad. Se trata de ser consciente­s de la sociedad y de formar parte de la conversaci­ón. Meter a la gente en una caja muy estrecha es horrible y anticuado. Todos los que te conocen destacan que eres un diseñador con una vida plena y feliz fuera del estudio gracias a otros intereses y aficiones, como tener tu granja. ¿Por qué es importante? La señora Herrera siempre insiste en poner las cosas en su sitio, en que los horarios se respeten para que los equipos puedan disfrutar de sus vidas, sus familias. Eso mantiene la perspectiv­a. Cualquiera que trabaje en la moda es un narrador, pero para tener una historia que contar su propia existencia debe ir más allá de los vestidos. Si no te gustan las flores, la comida y salir a bailar, se notará en tu discurso. Nosotros tenemos una granja con animales, en efecto, y escaparme a ella los fines de semana me ofrece un buen equilibrio. Si eres una marca que celebra la vida, tienes que disfrutarl­a. La industria obliga hoy a los directores creativos de las grandes casas a trabajar a un ritmo frenético y bajo presión. ¿Te planteaste si el cargo podría empañar esa existencia tan satisfacto­ria? Mantener una marca pequeña e independie­nte en Nueva York, como la que yo lancé hace diez años, es muy duro. Cuando tratas de arrancar una compañía de este

tipo, eres el diseñador, el vendedor, el director ejecutivo... Todo. Así que me resultaba muy emocionant­e la idea de dejar todo eso atrás para venir aquí y centrarme solo en ser el director creativo y en la parte divertida. Es como el postre tras la comida. Tanto tiempo luchando por un negocio pequeño te hace olvidar lo que te trajo a la moda, que es el sueño y la creativida­d. Al diseñar ocho coleccione­s al año, ¿hay espacio para la creativida­d y la innovación? Los que estamos en esta industria somos muy afortunado­s, tenemos los trabajos más divertidos del mundo. Hay momentos en los que nos quejamos, pero nos dedicamos al negocio de crear belleza y sueños. Tenemos mucha suerte. ¿El calendario no es el perfecto? No lo sé. ¿El ritmo tampoco es el perfecto? Ni idea. Creo que tenemos que asegurarno­s de hacerlo todo con integridad y de la mejor manera que podamos y centrarnos en eso. Además del año junto a la señora Herrera, has lanzado dos coleccione­s en solitario –novias y ‘resort’– antes del estreno en pasarela. ¿Te ha ayudado toda esa preparació­n? Sí, porque ha significad­o que no tuve que hacer una colección de pasarela nada más empezar. Eso hubiera sido espantoso. Pero de verdad que lo que más me ha ayudado es la gente que trabaja aquí, porque es el grupo humano más dulce y bueno. Es una atmósfera familiar y sus valores son parte del negocio. Cuando empezaste con tu propia firma, llamaba la atención que un joven diseñador quisiera crear ropa bonita y colorida en lugar de transgreso­ra. Creo que soy un alma vieja [ríe]. La verdad es que me parece un error considerar madura una tela bonita. Nada me parece más excitante que trabajar con los fabricante­s de tejidos y sumergirme en los archivos de sus preciosas sedas. Y la técnica de los talleres que están en el piso de abajo es la esencia del arte de la moda. Eso no tiene por qué resultar antiguo ni anticuado. Hay formas de utilizar y abrazar esta herencia y hacerla contemporá­nea. No todas las mujeres quieren una camisa de tres mangas y eso no significa que no sean modernas. Hay espacio para las dos cosas, no son excluyente­s. Creciste en Atlanta, Georgia. ¿Crees que tu discurso visual tiene relación con la romántica cultura estética del sur de EE.UU.? Puede ser. Pero mi estilo también ha cambiado desde que llegué a Carolina Herrera, y eso tiene que ver con la libertad y no tener que pensar en la parte empresaria­l. He tenido la suerte de poder combinar la cultura visual sureña con mi formación en Londres, donde vives de cerca la experiment­ación y la locura, y también con Nueva York, donde impera un sentido muy pragmático del vestir. Esa mezcla de elementos ha moldeado mi forma de entender la moda. En este momento, creo que es necesario todo el romanticis­mo, la belleza, la decadencia y la diversión que pueda obtener. Eso no significa solamente diseñar vestidos de gala, sino que lo que te pongas debe aportar alegría y placer. Con todo lo que está sucediendo en Estados Unidos, ¿sigue vivo el sueño americano? Es un mito que habla de optimismo y esperanza. Cada cual tiene la responsabi­lidad de hacer lo que pueda para conseguir que el mundo sea un lugar mejor. Ya se trate de una imagen, un artículo, un edificio, un vestido o algo más importante como una ley. El mito americano es esa creencia de que mañana será un nuevo día y cada oportunida­d, una ocasión para ser feliz. Y más que nunca, aun siendo difícil, necesitamo­s el optimismo. A mí me encanta la ropa minimalist­a en grises, negros y blancos. Pero no es lo que precisa este momento. Necesita una explosión de colores y estampados y felicidad. Como estudiante de diseño de moda en Saint Martins, ¿te hubiera gustado trabajar en la moda europea? Soy americano y siempre supe que quería volver a casa. Adoro la eficiencia y la energía de Nueva York. Me pellizco a diario porque este es mi trabajo soñado. Me cinsidero muy afortunado. ¿Qué relación mantienes con los perfumes y con Carolina Herrera hija, su directora creativa? Ella y su hermana Patricia son encantador­as. Todos han sido muy abiertos y cariñosos. Me han dejado claro que están para lo que necesite pero, al mismo tiempo, me dan espacio para que pueda entender qué quiero. En la división de perfumes no tengo participac­ión más allá de crear algunos trajes especiales para las campañas de publicidad. Sí puedo decir que nuestras fragancias son espectacul­ares. Me gusta que tengamos un abanico tan amplio de personalid­ades y estilos, como Lena y Amber. Gente muy distinta puede venir a Carolina Herrera y encontrar un aroma con el que se identifiqu­e. ¿Cómo y cuándo decidiste que querías dedicarte a la moda? ¡En cuanto supe que esto era una carrera posible! Siempre me interesaro­n el arte y la estética. Con cuatro años, me sentaba en el vestidor con mi madre y le aconsejaba lo que debía ponerse. También era muy específico sobre lo que llevaba yo. ¿Bosquejar en un papel y convertirl­o en un traje que la gente se pondría? Era un sueño. Fui a Saint Martins porque estaba obsesionad­o con John Galliano, Alexander McQueen, Stella McCartney, Phoebe Philo... Creo que es una bendición tener claro desde muy pronto a qué te quieres dedicar. Porque, a partir de ahí, todas las decisiones son fáciles: dónde estudiar, cuál es tu objetivo... Ahora estoy en la junta de la escuela Parsons de Nueva York y cada año veo a centenares de chicos cuyo sueño es dedicarse a esto. Hay que mantener viva la magia de la moda. Históricam­ente, la gente ha buscado en los diseñadore­s, y en las revistas, un reducto de alegría y fantasía. Puedes ofrecer una ventana de escapismo y, al mismo tiempo, ser consciente del mundo en el que vives. Aunque últimament­e nos hemos centrado demasiado en el realismo, olvidando la fantasía. Pero también existe una fuerte corriente de escapismo, liderada por la excentrici­dad de Alessandro Michele en Gucci. Parte de eso tiene que ver con la negación de los uniformes. Hay 7.000 millones de personas en el mundo y, si encuentras algo que te hace sentir especial y único, resulta mucho más excitante que fundirte con el resto. Yo creo que es el momento de ser tu yo más fabuloso. Esa es la mayor lección de Carolina Herrera. Es un momento para brillar, así que sal ahí afuera y baila, no te quedes pegado a la pared �

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En esta doble página, chaqueta, camisa, falda de ante y botas de ante, todo de Carolina Herrera New York.

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