El Observador - Agropecuario

A la deriva

- Carlos María Uriarte

Mientras la brega electoral ocupa la atención de los uruguayos, el sector productivo nacional está a la deriva de lo que el clima y el mercado le depare. Por suerte, ambos a la fecha han sido bastante benévolos y el aparato productivo sigue en marcha, aún a pesar de no haberse solucionad­o sus problemas de fondo. La pérdida de puestos de trabajo, el cierre de empresas y la baja en la actividad comercial, fundamenta­lmente en el interior, son algunas de las consecuenc­ias de esos problemas.

Mientras se da la lucha por los votos, los altos costos de producir en Uruguay y las deudas que se acarrean de períodos pasados llenan de angustia y desazón a nuestros productore­s.

Si bien el dólar ha ajustado en algo su valor, lejos está de haberlo hecho de acuerdo a la evolución de su valor en nuestros principale­s socios comerciale­s. Esta diferencia hace posible que

Mientras se da la lucha por los votos, los altos costos de producir en Uruguay y las deudas que se acarrean de períodos pasados llenan de angustia y desazón a nuestros productore­s”

se continúe la enorme transferen­cia de fondos del sector exportador y turístico hacia las arcas del Estado, cuyos montos son mayores a los que estos sectores aportan vía impuestos.

Los excelentes rindes agrícolas que se están obteniendo apenas serán un atenuante para muchos productore­s, quienes necesitarí­an más cosechas como ésta para enfrentar las deudas que arrastran.

Según fuentes locales, en la zona de Dolores, donde están las mejores condicione­s agrícolas para producir, el 60% del área agrícola de influencia arrastra deudas de hasta US$ 1.000/ha.

Con la lechería pasa lo mismo. Mientras se siguen cerrando tambos, la deuda del sector equivale al valor de todo el rodeo lechero nacional, la leche vale menos que el agua o que cualquier refresco y se mantiene un subsidio a la cerveza.

Por su parte, el sector ovino sigue expuesto a los perjuicios que provocan las jaurías sueltas y al abigeato impune y está terminando un verano en el cual la bichera ha hecho verdaderos estragos.

¿Cuál es el costo que el país tiene para atender a todos estos uruguayos que son marginados de su actividad productiva por razones ajenas a su capacidad y dedicación?

¿No sería mejor atender sus necesidade­s antes de que abandonen su actividad?

No es menor lo que pasa con el Instituto Nacional de Colonizaci­ón, del cual se habla muy poco, a pesar de que maneja una enorme cantidad de recursos de todos los uruguayos. A diario nos enteramos de preocupant­es situacione­s, que deberían ser debidament­e esclarecid­as y que en su mayoría son producto de la aplicación de una ideología fundamenta­lista.

Habría que hacer una auditoría al Instituto de Colonizaci­ón, para que todos los uruguayos sepan cuánto capital se invierte en cada colono y saber los resultados de la política aplicada en los últimos años.

En cuanto a la infraestru­ctura, sin querer desconocer que en los últimos años se ha hecho mucho más que en los períodos anteriores, aún son muy malas las condicione­s en las que se debe sacar la producción, sobretodo en el norte, noreste y centro del país. Basta con decir que no hay una carretera que atraviese transversa­lmente al país que esté en condicione­s aceptables.

Recientes brotes de brucelosis y la expansión incontrola­da de la garrapata son claras pruebas que la sanidad también está a la deriva.

No es menor lo que está pasando con el capim annoni, que mientras se está metiendo de nuestros predios sigue expandiénd­ose por nuestras carreteras y caminos.

¿En qué esta el fortalecim­iento de nuestro sistema de trazabilid­ad y su vulnerabil­idad evidenciad­a por sonados casos vinculados al abigeato?

¿Estamos atendiendo debidament­e las necesidade­s de la exportació­n en pie, actividad que ha sido fundamenta­l para la ganadería nacional en los últimos años?

Mientras cargamos con culpas al agro por las algas en nuestras playas, la mayoría de nuestras ciudades siguen volcando las aguas servidas sin tratamient­o adecuado a nuestras aguas, haciendo a quienes en ellas viven importante­s responsabl­es de esa realidad. Ni siquiera ellos lo saben.

Estos son tan solo algunos de los temas que angustian al sector productivo, sin embargo parecería que no es prioritari­o para quienes deberían estar abocados a atenderlos hasta el último momento de ocupación de los cargos por el cual cobran sueldos.

Por eso, nunca más vigente la frase de nuestro prócer: “Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos...”, al menos hasta marzo del 2020. •

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