Fran­cia tie­ne to­do

Búsqueda - - VIDA CULTURAL - por E. A. L.

Si Cour­tois tu­vie­se los de­dos de la mano de­re­cha un par de cen­tí­me­tros más cor­tos, hu­bie­se si­do un go­la­zo de Ney­mar y Bra­sil es­ta­ría en ca­rre­ra. Pe­ro fue una ata­ja­da im­po­nen­te, fes­te­ja­da por el pro­pio go­le­ro bel­ga co­mo un gol. Si el ca­be­za­zo del Pe­la­do Cá­ce­res hu­bie­se ido al fon­do de la red, otro hu­bie­se si­do el can­tar. Pe­ro tam­bién re­sul­tó una ata­ja­da tre­men­da, es­ta vez de Llo­ris, el guar­da­me­ta de Fran­cia, el equi­po más ba­lan­cea­do, el gran can­di­da­to a ga­nar la Co­pa del Mun­do. Lo cier­to es que es­te Mundial, el de la pa­ri­dad, el de las sor­pre­sas, el de la pe­lo­ta quie­ta, el del VAR, el de los eu­ro­peos en las fi­na­les, el más di­fí­cil pa­ra re­mon­tar un gol en con­tra, es un es­tu­pen­do cam­peo­na­to. Bien ju­ga­do y con cracks, a pe­sar de lo que di­gan al­gu­nos pe­rio­dis­tas, que pien­san que no hay gran­des ju­ga­do­res por­que las es­tre­llas se fue­ron a ca­sa ( por or­den de re­ti­ra­da: To­ni Kroos, Mes­si, Cristiano Ronaldo, Inies­ta, Ca­va­ni, Ney­mar, Ha­zard, Ka­ne). Par­ti­dos inol­vi­da­bles por los go­les y la emo­ción, co­mo Por­tu­gal- Es­pa­ña ( 3 a 3), Fran­cia-Ar­gen­ti­na (4 a 3), Uru­guay- Por­tu­gal ( 2 a 1), Bél­gi­ca- Bra­sil ( 2 a 1), Ru­sia- Croa­cia ( 2 a 2 en el alar­gue, pe­na­les y victoria bal­cá­ni­ca) y Croa­cia- In­gla­te­rra ( 2 a 1 tam­bién en el alar­gue, la es­pe­cia­li­dad de los croa­tas). Y es­tá Fran­cia, que tie­ne to­do: jue­go en equi­po, tác­ti­ca dis­ci­pli­na­da (cuan­do se cie­rran lo sa­ben ha­cer), in­te­li­gen­cia pa­ra ge­ne­rar y anu­lar es­pa­cios, ga­rra, in­di­vi­dua­li­da­des. Fran­cia se da el lu­jo de ha­ber dejado afue­ra de sus fi­las al bus­ca­plei­tos de as­cen­den­cia ar­ge­li­na Ka­rim Ben­ze­ma y po­ner en su lu­gar a Oli­vier Gi­roud, que es me­nos bar­de­ro y mu­cho más atil­da­do, un nue­ve de movimientos y gi­ros tos­cos, me­tá­li­cos. Pe­ro lo com­pen­sa con el talento de An­toi­ne Griez­mann, que sa­be ju­gar de un mo­do com­ple­ta­men­te dis­tin­to al que des­plie­ga en el Atlé­ti­co de Ma­drid y no le tie­ne mie­do a na­da. Con la ex­plo­sión ( a ve­ces es­po­rá­di­ca, pe­ro ex­plo­sión al fin) de Mbappé, un de­lan­te­ro de 19 años y pi­que de efec­tos es­pe­cia­les. Con la ele­gan­cia de Pog­ba, que se tras­la­da por la can­cha co­mo un mo­zo con una ban­de­ja lle­na de lí­qui­dos, y no los de­rra­ma aun­que lo cho­quen. Con el tra­ba­jo in­vi­si­ble del pe­que­ño gi­gan­te Kan­té, que lo te­nés que elu­dir tres ve­ces pa­ra pa­sar­lo. Con la mu­ra­lla me­ren­gue- azul­gra­na for­ma­da por Va­ra­ne y Umtiti. Y por si fuera po­co, con Llo­ris en el ar­co, que te lo ha­ce pa­re­cer real­men­te pe­que­ño, co­mo esos de cam­pi­to in­di­ca­dos por dos pren­das de ro­pa, en los que ha­bía que en­trar con la pe­lo­ta dominada pa­ra ha­cer el gol. ¿Y Croa­cia? Se me­tió de a po­co, co­mo agua por las ren­di­jas, con el la­bu­ro in­can­sa­ble de Mo­dric y Ra­ki­tic y el opor­tu­nis­mo le­tal de Mand­zu­kic, gente educada en la bue­na be­bi­da, las can­cio­nes gi­ta­nas y la guerra con sus ve­ci­nos. Una ima­gen ma­ra­vi­llo­sa: el se­gun­do gol croa­ta con­tra los in­gle­ses, el del pa­sa­je a la fi­nal del mun­do, y los ju­ga­do­res ha­cien­do una mon­to­ne­ra en­ci­ma de un… fotógrafo, que si pu­do ha­cer el clic an­tes de ser aplas­ta­do, tie­ne la fo­to de su vi­da.

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