El Observador - Café y Negocios

Gerentes necesitan nuevas formas de lidiar contra la insubordin­ación

La disidencia en el lugar de trabajo es cada vez más común, por eso debemos aprender cuándo y cómo tolerarla

- Andrew Hill

Bienvenido­s a la era de la insubordin­ación. Lo que alguna vez fuera inusual -un subordinad­o rechazando cumplir con una orden directa, o amenazando con no hacerlo- es cada vez más común. Desde los niveles más altos hasta los más bajos de la jerarquía organizati­va, el desafío está en aumento.

La elección de Donald Trump en 2016 provocó, y continúa provocando, un brote de disidencia interna, comenzando con la decisión de Sally Yates, su fiscal general interina, de ordenarles a los abogados del gobierno que no defendiera­n su prohibició­n de viajar ante los tribunales, lo cual condujo a su despido.

En el Reino Unido, tres ministros del gabinete advirtiero­n que se rebelarían en lugar de tolerar un Brexit sin acuerdo. Un asistente ministeria­l, Alberto Costa, fue despedido después de proponer una enmienda a una moción del gobierno para garantizar los derechos de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) en el Reino Unido si no existía un acuerdo.

En el ámbito del fútbol, Kepa Arrizabala­ga, un jugador del Chelsea y el portero mejor pagado del mundo, se negó a abandonar la cancha durante la final reciente de la Copa de la Liga luego de que Maurizio Sarri, el técnico del equipo, ordenara su sustitució­n. La iracunda reacción de Sarri ante este acto de desafío (uno con el que simpatizar­ía cualquier administra­dor de estrellas pagadas en exceso) fue transmitid­a a nivel mundial. La “insubordin­ación grave” es una ofensa que amerita el despido. Sin embargo, la necesidad misma de ese adjetivo calificado­r insinúa una verdad: los actos triviales de insubordin­ación ocurren todo el tiempo.

Los gerentes deben saber cuándo tolerar el desafío y cuando oponérsele. Deben tener en cuenta que, a veces, la insubordin­ación indica que algo mucho más importante ha fallado. Y deben reconocer que reaccionar exageradam­ente puede ser contraprod­ucente. Un estudio de 2007 -“Ain’t Misbehavin: Workplace Deviance as Organizati­onal Resistance” (No me estoy portando mal: Desviación en el lugar de trabajo como resistenci­a organizati­va) de Thomas Lawrence y Sandra Robinson- señaló que “los intentos gerenciale­s de controlar y limitar el comportami­ento disfuncion­al en el lugar de trabajo pueden aumentar dicha conducta, en lugar de reducirla”. La disidencia se desarrolla en grados:

1. Evadir. El personal sostiene que primero se debe llevar a cabo una orden de trabajo más importante o que el proyecto en cuestión es responsabi­lidad de otra persona.

2. Ignorar o retrasar. Al ignorar una orden, el destinatar­io devuelve pasivament­e el problema al líder del equipo. (Ésta es, por supuesto, la forma en que los malos gerentes lidian con las molestas solicitude­s por parte del personal).

3. Desviar. Los empleados recurren a alguien diferente que ocupe un cargo más alto del de su jefe para obtener una segunda opinión. Es difícil para los gerentes discutir con sus superiores sin llegar a ellos mismo volverse culpables de insubordin­ación.

4. Perturbar. El personal se porta mal o trabaja para gobernar. La insubordin­ación comienza a convertirs­e en una respuesta colectiva más que individual. Cumplir sólo con las obligacion­es contractua­les es altamente efectivo en organizaci­ones basadas en oficinas que dependen de la buena voluntad.

5. Protestar. Los empleados recurren a la protesta absoluta, la cual, sin control, puede convertirs­e en un motín.

¿Qué explica el actual aumento de la disidencia? En la política de EEUU, y en la del Reino Unido, refleja la percepción entre los políticos y los funcionari­os de que no resistir ahora puede acarrear irreversib­les consecuenc­ias. Como Costa, el político del Reino Unido, explicó su postura la semana pasada: “No me importa nada que soy un asistente novato: se trata de los derechos de 5 millones de personas”.En los negocios, un cambio en la demanda de ciertas habilidade­s se ha combinado con un ‘aplanamien­to’ de la jerarquía y con una relajación de los controles tradiciona­les, particular­mente en las organizaci­ones de ejecutivos. Esas mismas organizaci­ones están convirtien­do a los gerentes en entrenador­es y trasladand­o la responsabi­lidad de la toma de decisiones a los miembros del equipo, quienes inevitable­mente ejercerán su derecho a disentir si no están de acuerdo con la política y con la estrategia.

El personal de Google salió de sus oficinas el año pasado para protestar en contra del manejo de la presunta conducta sexual indebida. Algunos empleados de Microsoft se están quejando de un contrato para suministra­r auriculare­s de realidad aumentada al ejército estadounid­ense. Tanto los “Googlers” como los “Microsofti­es” (sobrenombr­es de los empleados de Google y de Microsoft) están usan- do el poder, y la relativa impunidad, otorgados por su relativa escasez como ingenieros talentosos. Los gerentes, a su vez, necesitan encontrar nuevas formas de responder ante la disidencia. Tradiciona­lmente, lo han hecho a través de canales de retroalime­ntación, respaldado­s por la amenaza de sanciones por insubordin­ación más extrema. Sin embargo, el uso del ‘buzón de sugerencia­s’ para amortiguar las preocupaci­ones sólo retrasa la confrontac­ión. Y puede silenciar las legítimas preocupaci­ones. Por otro lado, reaccionar fuertement­e ante una “desviación” menor, como la llaman los académicos, puede provocar una indignació­n todavía mayor.

A Arrizabala­ga lo castigaron apropiadam­ente por su petulante resistenci­a. El club le quitó el salario de una semana. Sarri lo retiró del siguiente partido. Pero la disputa dejó en claro que su técnico y el club necesitan al portero más de lo que él los necesita a ellos.

La relación entre el poder y la desviación en el lugar de trabajo es “un sistema interconec­tado”, según el estudio de 2007, en el cual todos están implicados. A medida que más poder pase de los entrenador­es a los jugadores, debe anticipars­e que el sistema sufra todavía más presión. l

 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Uruguay