El li­bro de pla­ta

Apa­re­cie­ron US$ 813 en un li­bro que me pres­ta­ron y yo lo in­ter­pre­té co­mo un men­sa­je del cos­mos

El Observador Fin de Semana - Luces - - Columna -

En los ini­cios del ju­daís­mo, un gru­po de doc­tos, que se die­ron en lla­mar ca­ba­lis­tas, bus­ca­ron las res­pues­tas úl­ti­mas –el nom­bre de Dios, que abri­ría las puer­tas del uni­ver­so– en las pá­gi­nas del li­bro sa­gra­do, la To­rá. No en su sen­ti­do con­cep­tual, su sig­ni­fi­ca­do más evi­den­te, sino en com­ple­jas ope­ra­cio­nes ma­te­má­ti­cas de­ri­va­das de va­lo­res nu­mé­ri­cos asig­na­dos a ca­da una de sus le­tras.

Los ca­ba­lis­tas en­ten­dían que la To­rá ha­bía si­do dic­ta­da por Dios, un ser ajeno a los erro­res del azar y que, por lo tan­to, ca­da una de sus le­tras de­bía ser sa­gra­da. Uno de los li­bros fun­da­cio­na­les de la doc­tri­na, el Se­fer Ye­si­rah, in­for­ma: “Vein­ti­dós le­tras fun­da­men­ta­les. Dios las di­bu­jó, las gra­bó, las com­bi­nó, las pe­só, las per­mu­tó y con ellas pro­du­jo to­do lo que es y to­do lo que se­rá”.

La cá­ba­la en­tien­de que Dios creó el mun­do me­dian­te los nú­me­ros y las le­tras y que ca­da una de ellas te­nía po­der so­bre al­gún as­pec­to del uni­ver­so. Tam­bién en­ten­dían que las es­cri­tu­ras sa­gra­das te­nían un sen­ti­do ocul­to, aun­que to­do lo que de­cían era cier­to, de ma­ne­ra li­te­ral.

Es­to úl­ti­mo ha pro­vo­ca­do un sin­fín de su­pers­ti­cio­nes: si to­do lo que es, es, pe­ro ade­más sig­ni­fi­ca otra co­sa, pue­de que el he­cho de to­car el sue­lo con el pie de­re­cho al sa­lir de la ca­ma au­gu­re una jor­na­da ven­tu­ro­sa, o que si uso me­dias de dis­tin­to co­lor re­ci­ba una no­ti­cia ines­pe­ra­da.

En su mo­men­to, los ca­ba­lis­tas in­ten­ta­ron de­rro­tar al azar me­dian­te la lec­tu­ra mi­nu­cio­sa de la y en­ton­ces los de­vuel­vo. Cuan­do lle­go a ca­sa y me apres­to a leer el li­bro, apa­re­cen $ 3.070.

De­ci­do que los jue­gos de azar de­ben te­ner la res­pues­ta y apues­to $ 100 al 813 a la ca­be­za. No in­ten­to el 307 ni el 070. No le jue­go a la co­ti­za­ción del dó­lar. No jue­go a los cin­co ni a los 10 ni a los 20. So­lo el 813 a la ca­be­za.

Sa­lió el 544. El 813 bri­lló por su au­sen­cia. No sa­lió a los 20 y tam­po­co sa­lió el 13, pre­ce­di­do por nin­gu­na de las 10 cifras po­si­bles.

En tér­mi­nos fi­nan­cie­ros mi pér­di­da no es sig­ni­fi­ca­ti­va. En tér­mi­nos es­pi­ri­tua­les, sin em­bar­go, es un re­vés muy du­ro. Pa­só la opor­tu­ni­dad de ob­te­ner la prue­ba em­pí­ri­ca de que el uni­ver­so To­rá, de de­re­cha a iz­quier­da y de es un cos­mos. iz­quier­da a de­re­cha y a tra­vés de Yo es­ta­ba dis­pues­to a dar­les to­do ti­po de ope­ra­cio­nes. la ra­zón a aque­llos que di­cen:

Los ca­ba­lis­tas de a pie, a tra­vés “To­do su­ce­de por al­go”. Pe­ro de los si­glos, han obe­de­ci­do no pu­do ser. Creo que de­bí sos­pe­char a mi­nús­cu­las creen­cias, que les que los ha­dos es­ta­ban dan la ilu­sión de in­ter­pre­tar los ju­gán­do­me una ma­la pa­sa­da de­sig­nios di­vi­nos e in­fluir, con cuan­do en­con­tré los $ 3.070. De­ci­dí esa sa­bi­du­ría, en un re­sul­ta­do ig­no­rar­los, por­que eran cua­tro de­por­ti­vo o en el nú­me­ro ga­na­dor cifras y por­que en­su­cia­ban el del sor­teo. pa­no­ra­ma, pe­ro de­bió ser ob­vio

Yo per­te­nez­co a es­ta tri­bu pa­ra mí que ese 3.070 no anun­cia­ba de hom­bres de fe pe­que­ña, que na­da bueno. sien­ten que si des­en­tra­ñan cier­tos Ten­go an­te mí el vo­lu­men que me­ca­nis­mos mis­te­rio­sos, pro­vo­có la con­fu­sión: El ma­pa les son­rei­ría la for­tu­na. Cuan­do cal­ci­na­do, de Ko­bo Abe, en tra­duc­ción no fun­cio­na, sos­pe­cha­mos que del ja­po­nés de Ryu­ki­chi hu­bo un error en la in­ter­pre­ta­ción Te­rao. Tie­ne 314 pá­gi­nas, lo cual de los da­tos. no ayu­da, y cien­tos de mi­les de

Y en­ton­ces la opor­tu­ni­dad le­tras, en las cua­les de­be es­tar gol­pea mi puer­ta. Me pres­tan un plan­tea­do el pro­ble­ma cu­ya so­lu­ción li­bro y re­sul­ta que el li­bro tie­ne es 544.

US$ 813 en sus pá­gi­nas. Sie­te Pe­ro mi ca­pa­ci­dad de in­ter­pre­ta­ción bi­lle­tes de US$ 100, uno de US$ es tan po­bre que de­ci­dí 50, tres de US$ 20 y tres de US$ 1. no in­ver­tir más di­ne­ro a la Los en­cuen­tro an­tes de ir­me de la qui­nie­la. A me­nos que el cos­mos ca­sa de quien me pres­tó el li­bro me ha­ga otra gui­ña­da. • ••• •••

Per­te­nez­co a es­ta tri­bu de hom­bres de fe pe­que­ña, que sien­ten que si des­en­tra­ñan cier­tos me­ca­nis­mos mis­te­rio­sos, les son­rei­rá la for­tu­na. Cuan­do no fun­cio­na, sos­pe­cho que hu­bo un error en la in­ter­pre­ta­ción de los da­tos.

C. DOS SAN­TOS

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