Ejem­plo de ges­tión pú­bli­ca in­ter­na­cio­nal.

El Observador Fin de Semana - Luces - - Entrevista -

di­to­rio? Nues­tro pro­ble­ma es­tá en có­mo nos de­ba­ti­mos en­tre la me­dio­cri­dad y la ex­ce­len­cia. Si to­dos hi­cié­ra­mos un po­qui­to de es­fuer­zo por sa­car lo me­jor de no­so­tros mis­mos es­te es el me­jor país del mun­do. Si to­dos de­ja­mos que nos ga­ne la me­dio­cri­dad es el peor rin­cón del pla­ne­ta. Esa es la ten­sión. Las dis­cu­sio­nes se ta­mi­zan por otros la­dos: si sos de Pe­ña­rol o de Na­cio­nal; de de­re­cha o de iz­quier­da. Pe­ro el de­ba­te pa­ra mí va en otro plano que es mu­cho más trans­ver­sal. Y lo ves en una em­pre­sa pri­va­da o en el Es­ta­do. Nor­mal­men­te le echa­mos la cul­pa al Es­ta­do pe­ro en la ma­yo­ría de las em­pre­sas pri­va­das pa­sa lo mis­mo. Siem­pre pre­gun­to en las cla­ses del Claeh: ¿cuál es el ni­vel de me­dio­cri­dad que es­ta­mos dis­pues­tos a acep­tar? Al fi­nal del día, si so­mos ho­nes­tos, te­ne­mos que res­pon­der­nos eso. Hay que ha­cer­se car­go de esa res­pues­ta y es­tar dis­pues­tos a dar lo me­jor que te­ne­mos. Eso ha­ce que des­pués to­do vue­le. Pa­só cuan­do vino (Da­nie­le) Fin­zi Pas­ca, en la era de (Ju­lio) Boc­ca en el Ba­llet del So­dre. Me acuer­do cuan­do tra­ba­já­ba­mos en la Zi­ta­rro­sa creía­mos que es­tá­ba­mos en el me­jor lu­gar del mun­do, ha­cía­mos

12 fun­cio­nes lle­nas se­gui­das. En el So­lís, lo mis­mo. Fue­ron unos años inol­vi­da­bles. Pe­ro tam­bién pue­de ha­ber fe­nó­me­nos co­mu­ni­ta­rios, chiquitos, ba­rria­les, de

12 per­so­nas que lo­gran sa­car lo me­jor de sí, con­ta­gian al ba­rrio y así pa­sa el mi­la­gro. De re­pen­te no nos en­te­ra­mos, pe­ro va­le lo mis­mo que el Ba­llet del So­dre. Pa­ra mí ese es el es­ta­do de­sea­do, es el que bus­co con­ti­nua­men­te en las or­ga­ni­za­cio­nes y en los equi­pos. Hu­bo mo­men­tos épi­cos en el teatro in­de­pen­dien­te, en la épo­ca del Atahual­pa del Ciop­po, en los años de Ma­no­lo Martínez Ca­rril Has­ta ma­yo de 2016 fue di­rec­tor del Au­di­to­rio Na­cio­nal del So­dre.

“Cuan­do hi­ci­mos el So­lís nos de­cían có­mo íba­mos a gas­tar plata en eso, lo mis­mo con el Au­di­to­rio, nos de­cían que pa­ra las 50 en­tra­das que se ven­dían pa­ra el ba­llet no era ne­ce­sa­rio un es­ce­na­rio nue­vo. ¿Có­mo te ima­gi­nás Montevideo sin el So­lís, sin el Au­di­to­rio? Nues­tro pro­ble­ma es­tá en có­mo nos de­ba­ti­mos en­tre la me­dio­cri­dad y la ex­ce­len­cia”

cuan­do nos en­se­ña­ba a ver ci­ne y a amar­lo y a abrir la ca­be­za al mun­do. Cuan­do lo­grás sis­te­mas que se po­nen en esa di­rec­ción, es ge­nial.

¿Cuá­les son los otros ejem­plos de ex­ce­len­te ges­tión que se le vie­nen a la ca­be­za?

El tra­ba­jo de Ga­briel Cal­de­rón, de Ser­gio Blan­co –aun­que no vi­ve acá pe­ro va y vie­ne–, Ma­ria­ne­lla Mo­re­na. To­dos es­tán a la al­tu­ra de los me­jo­res y sin los apo­yos que tie­nen los me­jo­res. El fe­nó­meno de Gen y de An­drea Arob­ba. Jorge Drex­ler es un muy buen ges­tor que no pu­do que­dar­se y se fue. El ca­so que rom­pe to­dos los pa­ra­dig­mas es Jai­me Roos, el ti­po más cra que hay en ges­tión de su pro­pia obra. La Tras­tien­da me gus­ta; es­te año fue un ejem­plo de sa­la de es­pec­tácu­los pri­va­da muy cui­da­di­ta y pio­la. Acá nos fal­tan po­lí­ti­cas pú­bli­cas que ha­gan sos­te­ni­bles em­pre­sas cul­tu­ra­les. El sis­te­ma po­lí­ti­co no se da cuen­ta de la im­por­tan­cia que tie­ne es­to, pe­ro Montevideo se­ría una ciu­dad in­fi­ni­ta­men­te me­jor si tu­vié­ra­mos un cir­cui­to de tan­go y can­dom­be, si tu­vié­ra­mos al­gu­nos bo­li­ches de­di­ca­dos a eso y que uno se lla­me La Cum­par­si­ta. Si hu­bie­ra es­pa­cios de ta­len­tos jó­ve­nes, que sean sos­te­ni­bles en el tiem­po y que le per­mi­ta vi­vir a la gen­te que se de­di­ca a eso. Hay que ha­cer clic pa­ra fa­ci­li­tar que eso pa­se. Así co­mo se hi­zo clic pa­ra fa­ci­li­tar la fo­res­ta­ción o pa­ra que se ins­ta­len ho­te­les. Y se ge­ne­ra más tu­ris­mo con cul­tu­ra. Eso des­pués atrae ta­len­tos, efer­ves­cen­cia, ma­sa crí­ti­ca, in­ver­sión. Es un dí­na­mo que se ge­ne­ra. A ve­ces el sis­te­ma po­lí­ti­co es muy

me­dio­cre y mez­quino y no ha­ce el clic. Y oja­lá que ga­nen plata los ar­tis­tas, to­da la que se pue­da, que se ha­gan mi­llo­na­rios. Pe­ro acá eso nos pa­re­ce ho­rri­ble. So­lo acep­ta­mos cuan­do se van.

¿Ex­tra­ña tra­ba­jar con equi­pos gran­des a dia­rio?

Sí. Ex­tra­ño, sí.

Re­cor­dó sus años co­mo es­pec­ta­dor de Ci­ne­ma­te­ca y aho­ra va a ocu­par un rol de ase­sor en es­ta nue­va eta­pa del edi­fi­cio de la Cor­po­ra­ción An­di­na de Fo­men­to. ¿Es al­go así co­mo una ma­ne­ra de des­pun­tar el vi­cio?

Es­toy ayu­dan­do a que pa­se es­ta mu­ta­ción ex­tra­or­di­na­ria. Ci­ne­ma­te­ca da un sal­to tri­ple mor­tal. Aban­do­na una iner­cia de es­tos úl­ti­mos años que le ha­bía he­cho mu­cho da­ño y se co­lo­ca en tres sa­las nue­vas, con­for­ta­bles, con to­da la tec­no­lo­gía pa­ra vol­ver a cum­plir su mi­sión y te­ner una opor­tu­ni­dad de vol­ver a ge­ne­rar ese amor por el ci­ne y por el ar­te, de abrir ca­be­zas de jó­ve­nes uni­ver­si­ta­rios que tie­nen que apro­piar­se de esos es­pa­cios. No sé si es des­pun­tar el vi­cio. En es­te tiem­po vol­ví a abrir una pro­duc­to­ra de es­pec­tácu­los con la que ha­ce­mos al­gu­nos even­tos. o lo pri­va­do. In­clu­so en co­mu­ni­ca­ción, des­de RED, tie­ne un sos­tén de ges­tión cul­tu­ral que es el fun­da­men­to de por qué nos gus­ta es­to que ha­ce­mos. En el fon­do to­do tie­ne sen­ti­do si es una cons­truc­ción co­lec­ti­va y cul­tu­ral.

La lle­ga­da de Ju­lio Boc­ca al Ba­llet Na­cio­nal del So­dre tie­ne mu­cho que ver con us­ted y sé que son muy cer­ca­nos. ¿Có­mo vi­vió to­do el pro­ce­so de re­nun­cia a la com­pa­ñía el año pa­sa­do?

Es­tu­ve 100% preo­cu­pa­do. Es una pe­na que Ju­lio no es­té ahí. Boc­ca es Boc­ca y es un pri­vi­le­gio ex­tra­or­di­na­rio te­ner­lo. Pe­ro cum­plió un ci­clo.

¿Cree que des­de el So­dre y des­de el go­bierno no se hi­zo lo su­fi­cien­te co­mo pa­ra que él se que­da­ra? Los ci­clos son ci­clos y se cum­plen. Sí me pa­re­ce que no se hi­zo lo su­fi­cien­te, pe­ro eso es más una vi­sión per­so­nal. Vis­to des­de otra pers­pec­ti­va hay una par­te muy va­lio­sa y es que el ba­llet si­gue es­tan­do, si­gue ha­cien­do fun­cio­nes, si­gue es­tan­do lleno y si­gue man­te­nien­do el ni­vel. Por lo tan­to hay una cons­truc­ción cul­tu­ral e ins­ti­tu­cio­nal bas­tan­te bue­na. Si me pre­gun­tás, yo que­ría ir has­ta la lu­na. Que­ría que el teatro fue­ra el ejem­plo mun­dial de ges­tión de tea­tros pú­bli­cos. Pe­ro, bueno, hay co­sas que es­tán mal y no cam­bia­ron de la vie­ja cul­tu­ra del So­dre; más allá de eso fui­mos le­jos y vo­la­mos al­to. Y aho­ra to­do si­gue fun­cio­nan­do, así que va­lió la pe­na.

Los es­pec­tácu­los de Laura Ca­nou­ra, por ejem­plo.

Por ejem­plo. Tam­bién fui so­cio ini­cia­dor de Lan­dia, en Ca­ne­lo­nes. Son mun­dos que van mar­chan­do en pa­ra­le­lo. Con dis­tin­ta suer­te, a ve­ces te va bien, y otras te va mal. Yo tra­to de jun­tar to­do ¿Có­mo ma­ne­ja la ten­sión en­tre

ba­jo el mis­mo pa­ra­guas; es lo que am­bi­ción bien en­ten­di­da y la reali­dad?

ven­go ha­cien­do ha­ce 30 años y es

ges­tión cul­tu­ral. Des­de lo pú­bli­co No ten­go pro­ble­ma con eso. Voy

L. CA­RRE­ÑO

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