Cuá­les son las ins­tan­cias que guar­da pa­ra us­ted mis­mo.

El Observador Fin de Semana - Luces - - Entrevista -

No ten­go una ru­ti­na, pe­ro sí los bus­co to­dos los días. Cuan­do sal­go a co­rrer de ma­ña­na, a ve­ces de no­che to­man­do un vino, otras to­man­do un té cuan­do pa­ré cin­co mi­nu­tos. es­ta­ble­cien­do ob­je­ti­vos par­cia­les. Yo sen­tí que ha­bía­mos cum­pli­do con la vi­sión del teatro que te­nía­mos cuan­do lo­gra­mos ba­tir el ré­cord de pú­bli­co y de fun­cio­nes de aquel li­bri­to de los años do­ra­dos del So­dre. Pe­ro no fue so­lo eso, por­que al mis­mo tiem­po ha­bía una ex­po­si­ción de (Ri­car­do) Pas­ca­le y otra de (Jo­sé) Gur­vich y la ca­fe­te­ría fun­cio­na­ba bien y ha­bía vi­si­tas guia­das, con­fe­ren­cias, char­las. Era una efer­ves­cen­cia bru­tal de gen­te, de de­ba­te, de cul­tu­ra, iban los po­lí­ti­cos, los em­pre­sa­rios. To­do pa­sa­ba por ahí. Tu­ve un mo­men­to que pen­sé: “Más de es­to no pue­do”. Lo que se hi­zo ahí fue el cam­peo­na­to Mun­dial.

For­mó par­te de la or­ga­ni­za­ción de Gu­ten­berg que se reali­zó el sá­ba­do en el An­tel Are­na. ¿Fue a la inau­gu­ra­ción?

No.

¿Có­mo ve el es­pa­cio co­mo ges­tor cul­tu­ral?

Me gus­ta. Lo de­fien­do. Fui par­te de la de­ci­sión, acom­pa­ñé, tra­ba­jé en el plan de ne­go­cios, es­tu­ve muy in­vo­lu­cra­do. Soy har­to de­fen­sor del An­tel Are­na y va a que­dar es­pec­ta­cu­lar; de ar­qui­tec­tu­ra, de án­gu­lo de vi­si­bi­li­dad, de có­mo vi­vís el es­pec­tácu­lo, de so­ni­do. Cuan­do ten­ga un po­co más de ro­da­je va a ser un lu­gar in­creí­ble. No pue­do más con las ga­nas que ten­go de ver un par­ti­do de básquetbol ahí. Que se em­pie­ce y se ter­mi­ne el An­tel Are­na me pa­re­ce un ges­to y es­to es más allá del de­ba­te po­lí­ti­co. Si es 80 o 20 o 30 me pa­re­ce una es­tu­pi­dez, por en­fren­te nos pa­san elefantes de pér­di­das de opor­tu­ni­da­des pe­ro des­pués nos quedamos con si se gas­tó tan­ta can­ti­dad de di­ne­ro. A mí me due­len esas dis­cu­sio­nes por­que ya las vi­ví y es cla­rí­si­mo que es una in­ver­sión pa­ra mu­chí­si­mas ge­ne­ra­cio­nes y que va­le la pe­na.

¿Le hu­bie­se gus­ta­do ser el di­rec­tor del An­tel Are­na?

Sí, me hu­bie­se en­can­ta­do di­ri­gir el An­tel Are­na. Yo que­ría, que­ría em­pe­zar de vuel­ta ahí, no tu­ve suer­te.

¿Fue una de­ci­sión política?

No lo sé. Creo que no, más bien tie­ne que ver con que An­tel re­sol­vió dar­le la ope­ra­ción a una em­pre­sa que tie­ne sus pro­pias po­lí­ti­cas y sus pro­pias mi­ra­das. No me que­rían a mí, que­rían traer a AEG y al es­co­cés. Yo no lo co­noz­co pe­ro tie­ne una mi­ra­da dis­tin­ta a la mía. Pu­so unas fo­tos en la en­tra­da de ar­tis­tas in­ter­na­cio­na­les que yo ni muer­to lo hu­bie­se he­cho. Eso ha­bla mu­cho del mo­de­lo de ges­tión y es un ges­to que es muy fá­cil de ver. •

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