Harry Pot­ter y el pri­sio­ne­ro de Az­ka­bán

El Observador Fin de Semana - Luces - - Modo On -

La sa­ga ve­nía bien, pe­ro in­fan­til. Las dos pri­me­ras pe­lí­cu­las de Harry Pot­ter ha­bían cap­ta­do la esen­cia de los li­bros del jo­ven ma­go, pe­ro fue Cua­rón, en 2004, el que cam­bió el rum­bo de su his­to­ria en el cine. El pri­sio­ne­ro de Az­ka­bán es la pe­lí­cu­la más os­cu­ra, sen­si­ble, be­lla y con­tun­den­te de las ocho que com­po­nen una de las fran­qui­cias más ta­qui­lle­ras de la his­to­ria del cine. Cua­rón lo­gró crear una pe­lí­cu­la de au­tor sin des­pe­gar­se de­ma­sia­do del ma­te­rial ori­gi­nal, pu­do agre­gar mu­chí­si­mos ma­ti­ces a los personajes y ex­plo­tar una fo­to­gra­fía her­mo­sa que que­da pren­di­da en la re­ti­na del es­pec­ta­dor. Es la me­jor, es in­dis­cu­ti­ble, y es­tá en Cla­ro Vi­deo pa­ra al­qui­lar.

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