La per­la ne­gra

Zan­zí­bar es la gran re­fe­ren­cia tu­rís­ti­ca del Ín­di­co afri­cano, y el es­treno del fil­me Bohemian Rapsody, so­bre la vi­da de Fred­die Mer­cury, oriun­do de Sto­ne Town, la pu­so de mo­da

El Observador Fin de Semana - Lugares - - Portada -

Zan­zí­bar –que sig­ni­fi­ca “cos­ta de los ne­gros”– es una re­gión se­mi­au­tó­no­ma de Tan­za­nia e in­clu­ye un par de is­las, que al­gu­nos de­no­mi­nan co­mo “las is­las de las es­pe­cias” o “is­las de los sul­ta­nes”. Se pue­de vi­si­tar du­ran­te to­do el año, aun­que la épo­ca ideal es en­tre ju­lio y se­tiem­bre, en la que las tem­pe­ra­tu­ras se man­tie­nen en el en­torno de los 28 gra­dos. Los tiem­pos de llu­via in- ten­sa se dan en­tre mar­zo y ma­yo.

Por su ubi­ca­ción es­tra­té­gi­ca, en la cos­ta es­te de Áfri­ca, fue ru­ta de pa­so pa­ra las em­bar­ca­cio­nes que unían Eu­ro­pa, la In­dia y el Orien­te Me­dio. Por su tie­rra pa­sa­ron nu­me­ro­sos pue­blos, des­de egip­cios y asi­rios has­ta por­tu­gue­ses, bri­tá­ni­cos y ho­lan­de­ses. Es uno de los des­ti­nos tu­rís­ti­cos más vi­si­ta­dos del Ín­di­co afri­cano. Ofre­ce un cli­ma agra­da­ble, pla­yas de en­sue­ño y una am­plia va­rie­dad de alo­ja­mien­tos, con dis­tin­tos pre­cios y ser­vi­cios.

Sto­ne Town –Mji Mkong­we en sua­ji­li–, la zo­na más an­ti­gua, es una pe­nín­su­la en la cos­ta oes­te de la is­la. En el 2000 fue de­cla­ra­da Pa­tri­mo­nio de la Hu­ma­ni­dad por Unes­co por ser una de las ciu­da­des más im­por­tan­te de la cul­tu­ra sua­ji­li. Se ha trans­for- ma­do en uno de los si­tios más vi­si­ta­dos del Ín­di­co afri­cano. La ciu­dad, cons­trui­da con pie­dras de co­ral, es un in­fi­ni­to y cau­ti­van­te la­be­rin­to de ca­lles es­tre­chas, que man­tie­ne las características ori­gi­na­les de su puer­to. Una de las vi­si­tas obli­ga­das y más im­pac­tan­tes es el an­ti­guo mer­ca­do de es­cla­vos. Zan­zí­bar fue uno de los epi­cen­tros del trá­fi­co de per­so­nas du­ran­te si­glos. Des­de allí par­tían ha­cia las plan­ta­cio­nes en las Amé­ri­cas. Allí se en­cuen­tra la fa­mo­sa iglesia an­gli­ca­na de Sto­ne Town, cons­trui­da en 1873. En su in­te­rior hay dis­tin­tos ele­men­tos que re­cuer­dan la épo­ca de la es­cla­vi­tud y afue­ra fue eri­gi­do un mo­nu­men­to en me­mo­ria de los es­cla­vos.

Uno de los si­tios pre­fe­ri­dos y más vi­si­ta­do por los tu­ris­tas es la lla­ma­da Ca­sa de las Ma­ra­vi­llas, el pa­la­cio ce­re­mo­nial del sul­tán, que fue el pri­mer edi­fi­cio de Sto­ne Town en te­ner elec­tri­ci­dad y as­cen­sor. Re­co­no­ci­ble por sus bal­co­nes sos­te­ni­dos por co­lum­nas de hie­rro, hoy es se­de del Mu­seo Na­cio­nal de His­to­ria y Cul­tu­ra de Zan­zí­bar. Tie­ne al­gu­nos pro­ble­mas de man­te­ni­mien­to y no lu­ce un buen es­ta­do de con­ser­va­ción, pe­ro re­co­rrer­lo per­mi­te apre­ciar la opu­len­cia y la ri­que­za en las que vi­vía el sul­tán.

Otra vi­si­ta obli­ga­da es The Rock, el res­tau­ran­te ubi­ca­do a una ho­ra de Sto­ne Town. Es el res­tau­ran­te más ori­gi­nal de Zan­zi­bar y, sin exa­ge­rar, uno de los más atrac­ti­vos del mun­do. Es­tá eri­gi­do so­bre un área don­de ha­bía un vie­jo arre­ci­fe de co­ral. Que­dó ais­la­do en me­dio de la pla­ya, por lo que se dis­tin­gue con fa­ci­li­dad. Su ca­rác­ter ca­si ex­clu­si­vo –tie­ne so­lo una do­ce­na de me­sas– obli­ga a una re­ser­va an­ti­ci­pa­da. El me­nú es­tá cen­tra­do en ma­ris­cos y las me­sas sue­len ser de­co­ra­das en for­ma sen­ci­lla, con mu­chas y co­lo­ri­das flores. Cuan­do sube el mar so­lo se pue­de ac­ce­der a tra­vés de un pe­que­ño bar­co, un ser­vi­cio que brin­da el pro­pio res­tau­ran­te.

Un sin­fín de pla­yas

La is­la de Zan­zí­bar ofre­ce más de 30 pla­yas pa­ra­di­sía­cas, con una are­na blan­ca y re­lu­cien­te, que se pier­den en un mar co­lor tur­que­sa. Las dos más im­por­tan­tes son Ugun­ja –a la que se co­no­ce co­mo Zan­zí­bar– y Pem­ba.

Los vi­si­tan­tes rea­li­zan ac­ti­vi­da­des acuá­ti­cas y vi­si­tan sus pue­blos de pes­que­ros, ade­más de re­co­rrer los arre­ci­fes de co­ral. La cos­ta su­roes­te de la is­la se ha vuel­to le­gen­da­ria por ser vi­si­ta­da por del­fi­nes y ba­lle­nas –es­pe- cial­men­te en agos­to y se­tiem­bre–, mien­tras que ha­cia la cos­ta es­te los “an­fi­trio­nes” sue­len ser exó­ti­cos pe­ces tro­pi­ca­les.

Pem­ba es muy co­no­ci­da por ser una zo­na don­de se pro­du­cen es­pe­cies, so­bre to­do cla­vo. Ro­dea­da de un ver­de in­ten­so –gra­cias a los bos­ques tro­pi­ca­les que la ro­dean–, brin­da la opor­tu­ni­dad de con­tem­plar di­ver­sos pá­ja­ros y fau­na au­tóc­to­na. Es un si­tio ideal pa­ra ha­cer bu­ceo.

Pe­ro hay otras pla­yas igual­men­te atrac­ti­vas. La de Ki­zi­mi­ka- zi es una de las más con­cu­rri­das. Es­tá si­tua­da en el sur de la is­la y es un si­tio que per­mi­te la ame­na in­ter­ac­ción en­tre los pes­ca­do­res y los vi­si­tan­tes. Tem­prano en la ma­ña­na hay ex­cur­sio­nes en lan­cha por la pla­ya, que lue­go de un ra­to se in­ter­na en el mar pa­ra ver de cer­ca a los del­fi­nes. Ha­cia el nor­te es­tá Nung­wi, una de las me­jo­res pla­yas, la pre­fe­ri­da pa­ra na­dar y que ofre­ce una de las pues­tas de sol más cau­ti­van­tes de la cos­ta. En el pue­blo se pue­de en­con­trar una pe­que­ña al­dea ma­ri­na, que por las no­ches re­ci­be a los vi­si­tan­tes con un en­torno dis­fru­ta­ble y se­reno. Pa­je, por su par­te, es una pla­ya aun más tran­qui­la y en un en­torno más sal­va­je. Jam­bia­ni, en cam­bio, es la pla­ya ideal pa­ra desa­rro­llar ac­ti­vi­da­des acuá­ti­cas. Ubi­ca­da al es­te del ar­chi­pié­la­go de Zan­zí­bar, es la pre­fe­ri­da pa­ra rea­li­zar surf gra­cias a su con­si­de­ra­ble vien­to. A lo lar­go del pue­blo, que ocu­pa to­da la ex­ten­sión de la pla­ya, es muy po­pu­lar la re­co­lec­ción y ven­ta de algas y al­me­jas.

No se pue­de de­jar de vi­si­tar el bos­que de Jo­za­ni, el úni­co si­tio del mun­do en el que ha­bi­ta el mono co­lo­bo ro­jo, una es­pe­cie que se en­cuen­tra en ries­go de ex­tin­ción, en un en­torno de múl­ti­ples sen­de­ros, ro­dea­dos de ár­bo­les y plan­tas, des­de pal­me­ras de acei­te has­ta he­le­chos y cao­bas ro­jas. ●

Sto­ne Town, ciu­dad prin­ci­pal de Zan­zí­bar

KY­LE TAY­LOR - FLICKR

Mer­ca­do de Sto­ne Town.

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