DESDE LA MA­DU­REZ

En un mano a mano con Re­fe­rí, Pa­blo Cue­vas, que vuel­ve a de­fen­der a Uru­guay en la Co­pa Da­vis, ana­li­zó su pre­sen­te a los 32 años y brin­dó una vi­sión so­bre el te­nis uru­gua­yo

El Observador Fin de Semana - Referi - - PORTADA - IG­NA­CIO CHANS twit­ter.com/ig­na­cio­chans

Ten­go que te­ner un equi­li­brio: no pu­tear­me con el ár­bi­tro o ti­rar un pe­lo­ta­zo. Ca­paz que a ve­ces sí ti­rar uno pun­tual pa­ra sa­lir de ese es­ta­do. Pe­ro en­con­trar un in­ter­me­dio en­tre esos dos, más cer­ca del se­gun­do que de es­tar de­ma­sia­do apa­ga­do”

Con 32 años, a Pa­blo Cue­vas se lo no­ta dis­fru­tan­do de la vi­da. Ya no es el aquel chi­qui­lín que le ga­nó a Gu­ga Kuer­ten con 19 años en una Co­pa Da­vis en 2005, que era to­do explosión, pe­ro mu­chas ve­ces tam­bién des­con­trol. Y no es que ya no le sal­te la ca­de­na de vez en cuan­do: re­co­no­ce que aún lu­cha con­tra eso. Pe­ro con su fa­mi­lia en crecimiento (su pa­re­ja Cla­ri­ta, su hi­ja ma­yor Al­fon­si­na de 4 años y An­to­nia, de 7 me­ses), con años de ex­pe­rien­cia, con la en­se­ñan­za que le de­jó una le­sión de dos años que lo tu­vo al bor­de del re­ti­ro, ha apren­di­do a acom­pa­sar su vi­da fa­mi­liar con la du­ra vi­da del te­nis

Por­que más allá del gla­mour y los via­jes, los te­nis­tas ase­gu­ran que mu­chas ve­ces se sien­ten en una jau­la de oro, sal­tan­do de avión

Pa­blo Cue­vas TE­NIS­TA URU­GUA­YO

en avión pe­ro ape­nas co­no­cien­do ae­ro­puer­tos y los clu­bes don­de se jue­gan los tor­neos. Por eso Cue­vas se to­ma tiem­po pa­ra, por ejem­plo, ir a sur­fear un par de días tras que­dar eli­mi­na­do del Abier­to de Aus­tra­lia. O lle­var a su fa­mi­lia a acom­pa­ñar­lo du­ran­te al­gu­nas se­ma­nas de com­pe­ten­cia. “Las de­rro­tas no se ha­cen tan pe­sa­das”, cuen­ta so­bre ese mo­men­to de sa­lir de­rro­ta­do del ves­tua­rio y en­con­trar­se con la son­ri­sa de su hi­ja, a la que no le im­por­ta si su pa­pá es el nú­me­ro 1 o un te­nis­ta ama­teur.

“An­tes creía que en el mundo so­lo exis­tía el te­nis”, cuen­ta a El Ob­ser­va­dor en una ma­ña­na llu­vio­sa en la ca­fe­te­ría del Ca­rras­co Lawn Ten­nis, don­de se pre­pa­ra pa­ra, desde es­te sá­ba­do, de­fen­der a Uru­guay en la se­gun­da ron­da de la Zo­na II Ame­ri­ca­na an­te Venezuela, cuan­do el equi­po ce­les­te buscará cla­si­fi­car a la fi­nal por el as­cen­so. Es otro cam­bio en su vi­da: tras tres años de pri­vi­le­giar su as­cen­so en el ran­king (en el me­dio ju­gó los Jue­gos Olím­pi­cos), sien­te que es tiem­po de po­ner­se la ce­les­te del te­nis. Ju­gar con su her­mano Be­bu es una mo­ti­va­ción ex­tra, so­bre to­do por­que es­tá en un buen mo­men­to. Y ade­más, es­tá esa sen­sa­ción di­fe­ren­te pa­ra un te­nis­ta: ser un ju­ga­dor de equi­po. To­do eso, y el sue­ño de po­der ju­gar el Gru­po Mun­dial, es el com­bo que per­mi­te te­ner es­te fin de se­ma­na a Cue­vas.

A con­ti­nua­ción, un re­su­men de la char­la con Re­fe­rí.

¿No es fá­cil pa­ra un te­nis­ta aco­mo­dar la Da­vis en su pla­ni­fi­ca­ción de la tem­po­ra­da?

Ve­nía con una mo­les­tia en la ro­di­lla. Y sa­bien­do que ve­nía la Da­vis y la gi­ra de Mon­te­car­lo a Ro­land Ga­rros, de­ci­dí des­can­sar ocho días, y no ju­gar Mia­mi. Son de­ta­lles que otros años no los po­nía co­mo prio­ri­dad.

¿Es el mis­mo do­lor que el año pa­sa­do?

Sí, el mis­mo que des­pués de Ro­land Ga­rros. Creía que iba a es­tar más tiem­po pa­ra­do pe­ro cuan­do arran­qué lo hi­ce muy bien. Es­toy con­ten­to con eso y con las pre­cau­cio­nes que to­mé. Me hi­ce un tra­ta­mien­to que me es­tá ayu­dan­do.

¿In­fluía en su jue­go?

Me es­ta­ba do­lien­do la ro­di­lla, me li­mi­ta­ba mu­cho, es­ta­ba un se­gun­do más tar­de en mo­vi­li­dad, y a es­te ni­vel no po­dés ju­gar así, em­pe­zás a per­der, no te cu­rás, se ar­ma una ca­de­na que no es­tá bue­na. El año pa­sa­do me pa­só en el fi­nal de la gi­ra eu­ro­pea de pol­vo de la­dri­llo, seguí y des­pués tu­ve que pa­rar un mes. Vol­ví y me si­guió do­lien­do y des­pués me cos­tó mu­cho aga­rrar rit­mo. Te­nía cla­ro que don­de pa­sa­ra es­te año te­nía que pa­rar a tiem-

po. Es­cu­ché a la ro­di­lla, y creo ha­ber­lo he­cho bien.

El Cue­vas di­ri­gen­te

La ex­pe­rien­cia tam­bién se re­fle­ja en las ideas que tie­ne Cue­vas so­bre el te­nis uru­gua­yo. En bue­na medida, su sur­gi­mien­to ha si­do un mi­la­gro. Un ta­len­to co­mo el su­yo –co­mo lo fue an­tes el de Ma­ce­lo Fi­li­pi­ni o Die­go Pé­rez– apa­re­ce muy de vez en cuan­do, pe­ro ade­más ne­ce­si­ta una vo­lun­tad de fie­rro en un sis­te­ma que, le­jos de im­pul­sar, mu­chas ve­ces ti­ra pa­ra aba­jo a los ta­len­tos jó­ve­nes.

Co­mo equi­po de Co­pa Da­vis, ¿to­man al­gu­na re­fe­ren­cia del proceso de la se­lec­ción de fút­bol? ¿Qué ne­ce­si­tan de la di­ri­gen­cia?

En to­dos los de­por­tes tie­ne que ha­ber un proceso. En ese sen­ti­do mu­chos me han pues­to de ejem­plo el rugby, có­mo ha cre­ci­do. No so­lo en re­sul­ta­dos, sino en mar­ke­ting, en desa­rro­llo, en que la gen­te es­té más in­tere­sa­da. Te­ne­mos que ha­cer al te­nis más atrac­ti­vo. No creo que ha­ya po­ca gen­te que jue­gue. Pe­ro que la gen­te que jue­ga le en­cuen­tre más gus­ti­to a la com­pe­ten­cia. Que los más chi­cos pue­dan me­ter­se en el cir­cui­to de Ar­gen­ti­na. Hay que via­jar más, pe­gar­nos al gi­gan­te que te­ne­mos al la­do. No te­ne­mos ese mar­ke­ting, es­tra­te­gia y apo­yo eco­nó­mi­co pa­ra esos chi­cos que es­tán em­pe­zan­do.

Tie­ne cla­ra las ideas. ¿Le gus­ta­ría ayu­dar en un fu­tu­ro?

De mi la­do se pue­de ha­cer más fá­cil ha­blar por­que hoy no ten­go tiem­po pa­ra co­la­bo­rar. Mi par­te hoy pa­sa por se­guir vi­gen­te en el cir­cui­to y es­tar lo más ex­pues­to que pue­da. El día de ma­ña­na voy a te­ner el tiem­po pa­ra es­tar en lo or­ga­ni­za­ti­vo y po­dré ayu­dar mu­cho.

¿Fal­ta cultura de te­nis com­pe­ti­ti­vo?

Es di­fí­cil en­trar­les a los pa­dres o a los pro­fes de los clu­bes si no mos­trás una es­tra­te­gia. Y si al chi­co no lo apo­yan el pro­fe, los pa­dres o el club, tie­ne que ser un re­bel­de pa­ra con­ven­cer­se de que pue­de ju­gar al te­nis. No pa­sa so­lo por el di­ne­ro, pa­sa por­que a los 10 o 12 años pue­dan ser más com­pe­ti­ti­vos, y si a los 16 años los re­sul­ta­dos se le pre­sen­tan, se plan­tee la du­da: ¿Y si in­ten­to? Si no son ca­sos muy ais­la­dos y que no vie­nen de nin­gún plan, o del plan de un pro­fe­sor.

¿Es­tá dis­fru­tan­do más de la vi­da en el cir­cui­to?

Es pa­ra muy po­qui­tos dar­se los lu­jos de Fe­de­rer. De to­das ma­ne­ras en es­tos dos años, si bien to­do lo he pen­sa­do a par­tir de mi ca­len­da­rio de te­nis, me he da­do gus­tos de via­jar con mi fa­mi­lia, y me he per­mi­ti­do re­la­jar­me un po­co más en los días que no es­toy com­pi­tien­do. Oja­lá pu­die­ra te­ner el ca­len­da­rio de Fe­de­rer, de ju­gar tres se­ma­nas y vol­ver­me a mi ca­sa. Aho­ra me voy de gi­ra de Mon­te­car­lo a Ro­land Ga­rros, son 8 se­ma­nas. Pe­ro es lo que ele­gí. Lo si­go dis­fru­tan­do, me en­can­ta y no ten­go 15 años más pa­ra ha­cer­lo. Tra­to de sa­car­le el ju­go y po­der se­guir así, se­lec­cio­nan­do bien el ca­len­da­rio, dis­fru­tan­do de la fa­mi­lia, co­no­cien­do más lu­ga­res. Por ejem­plo, la idea es que aho­ra va­yan en el me­dio pa­ra cor­tar un po­co la gi­ra. An­tes creía que en el mundo so­lo exis­tía el te­nis, y si una se­ma­na te­nía que pa­rar, mi equi­po me lo te­nía que de­cir 70 ve­ces. Aho­ra se me ha­ce mu­cho más fá­cil, por­que veo que qui­zá no ju­gar dos me­ses me da un año más de vi­da te­nís­ti­ca.

¿To­ma en cuen­ta las his­to­rias de de­por­tis­tas co­mo Fe­de­rer y Gi­nó­bi­li, por ejem­plo, y las co­sas que ha­cen pa­ra po­der se­guir ju­gan­do a pri­mer ni­vel?

Des­pués de la le­sión ma­du­ré y apren­dí. De ahí me ven­go cui­dan­do bas­tan­te con la co­mi­da. A ve­ces leo so­bre esos ca­sos, o de al­guien que se le­sio­nó, y es un re­cor­da­to­rio de lo que ten­go que ha­cer. Y otras co­sas: si hay un par­ti­do de fút­bol, te­ner cla­ro que no lo pue­do ni pen­sar. Te dan ga­nas, pe­ro los ries­gos de ju­gar un de­por­te al que no es­tás acos­tum­bra­do son gran­des.

Ca­yó al pues­to 42 y se vie­ne una gi­ra don­de de­fien­de mu­chos pun­tos. ¿Sien­te pre­sión?

Me gus­ta­ría es­tar en otra po­si­ción, más cer­ca del pues­to 20. No me pre­sio­na el he­cho de que en es­ta gi­ra de­fien­do pun­tos por­que si los de­fien­do es que el año pa­sa­do ju­gué bien y pue­do ha­cer­lo de nue­vo. En la se­gun­da mi­tad no su­mé prác­ti­ca­men­te pun­tos, en­ton­ces no hay que mi­rar tan­to el año por una gi­ra. Es­te vie­ne sien­do de pi­que más re­gu­lar que el an­te­rior. La idea es man­te­ner­me pa­re­jo, con al­gu­nos al­tos de bue­nos re­sul­ta­dos.

¿Có­mo se sien­te con su jue­go es­te año?

Ven­go ju­gan­do me­jor que los re­sul­ta­dos que tu­ve. Evo­lu­cio­né en un mon­tón de as­pec­tos, in­clu­so desde lo men­tal, pe­ro sen­tí que me fal­tó un plus de ga­nas de que­rer ga­nar el par­ti­do. No es que no me im­por­ta­ba, pe­ro por mo­men­tos es­ta­ba com­pi­tien­do pe­ro no real­men­te con ese de­seo que te ha­ce la diferencia. No ten­go bien cla­ro por qué. Pue­de ser por los cam­bios en to­dos los as­pec­tos de mi vi­da, por el na­ci­mien­to de An­to­nia, el he­cho de que aún no han via­ja­do con­mi­go. En al­gún mo­men­to sen­tí que no es­ta­ba ni en ca­sa ni pleno en el tor­neo. Deam­bu­lé. Y esa fue la cla­ve pa­ra no es­tar con esa ham­bre es­pe­cial. Me ha­bía pa­sa­do el año pa­sa­do pe­ro era más en­ten­di­ble a fin de año, que los re­sul­ta­dos no acom­pa­ña­ban y arras­tra­ba el can­san­cio del cir­cui­to.

¿Qué sien­te en esos mo­men­tos? ¿Lle­ga al ves­tua­rio y quie- re ju­gar de nue­vo el par­ti­do?

Eso es­tá bueno. El año pa­sa­do no lle­ga­ba con ese ham­bre de re­van­cha al ves­tua­rio, de de­cir quie­ro ju­gar ya de nue­vo el par­ti­do. Iba con­tan­do los tor­neos pa­ra vol­ver­me. Es­te año no. Hasta Río me ve­nía pa­san­do, y en San Pa­blo lo me­jo­ré. En In­dian Wells lo cam­bié mu­cho.

Eso ex­li­ca que en al­gu­nos par­ti­dos tie­ne una diferencia enor­me en­tre un set y otro.

Más de una vez vino por ahí. Me pa­só to­da la vi­da la irre­gu­la­ri­dad en el jue­go. A ve­ces es fal­ta de in­ten­si­dad que lle­va a esos ba­ches. Por ahí hay ve­ces que na­die se da cuen­ta, ca­si ni mi en­tre­na­dor, pe­ro in­clu­so con el par­ti­do pa­re­jo en al­gún mo­men­to deam­bu­lé por la can­cha. Co­rría, me­tía, ga­na­ba y per­día pun­tos, pe­ro es­ta­ba en sex­ta y no po­nía sép­ti­ma. Son pe­que­ñas di­fe­ren­cias de cuan­do no es­tás con el en­fo­que que te­nés que es­tar.

¿Eso in­flu­ye en las ve­ces que se que­da enganchado dis­cu­tien­do con el juez?

Cuan­do es­toy en ese es­ta­do ni dis­cu­to, no me alien­to, no me ca­lien­to. Es­toy en un neu­tro que no es bueno. Ten­go que te­ner un equi­li­brio: no pu­tear­me con el ár­bi­tro o ti­rar un pe­lo­ta­zo. Ca­paz que a ve­ces sí ti­rar uno pun­tual pa­ra sa­lir de ese es­ta­do. Pe­ro en­con­trar un in­ter­me­dio en­tre esos dos, más cer­ca del se­gun­do que de es­tar de­ma­sia­do apa­ga­do.

Tam­bién in­flu­ye la le­sión.

A ve­ces quie­ro en­con­trar jus­ti­fi­ca­ción por ese la­do, so­bre to­do cuan­do ven­go de va­rios días de do­lor en los en­tre­na­mien­tos, y ese do­lor te lle­va a ese es­ta­do. En el par­ti­do es­tás con la adre­na­li­na, pe­ro si ve­nís de días al 70% de en­tre­na­mien­to, es di­fí­cil lue­go cam­biar el chip. Ten­go que no caer en ese en­ga­ño de los días pre­vios.

¿Có­mo se sien­te con su jue­go?

En ese sen­ti­do lo veo co­mo mi me­jor año. Me sien­to un ju­ga­dor con más va­rian­tes, he apren­di­do a de­vol­ver mu­cho me­jor, y al­ter­nar­lo con ir­me pa­ra atrás. Uso más sli­ce, y me pon­go más de­fen­si­vo si lo ne­ce­si­to. Ten­go que se­guir es­tan­do muy aten­to a iden­ti­fi­car los mo­men­tos y los ri­va­les pa­ra usar ca­da co­sa.

¿Si­gue te­nien­do el sue­ño de lle­gar al top 10?

Es­toy más le­jos hoy, no per­dí la ilu­sión, pe­ro sí de­jé de preo­cu­par­me tan­to por el ran­king. Si pon­go en prác­ti­ca es­tas co­sas, me voy a ir acercando a pues­tos más arri­ba. Sí me gus­ta­ría es­tar den­tro del 20 pa­ra po­der man­te­ner el sue­ño de lle­gar a pe­lear el top 10.

El ran­king es­tá di­fe­ren­te es­te año, con es­to de que los bue­nos es­tán le­sio­na­dos o to­man­do cier­tos re­cau­dos en el ca­len­da­rio. En­tre el 10 y el 20 ha­bía mu­cha diferencia. Aho­ra no, y es­tán to­dos amon­to­na­dos en­tre el 25 y el 40. Es­tán mu­cho más vo­lá­ti­les los cua­dros, se abren. Es­tá bueno pa­ra apro­ve­char­lo. Hay una opor­tu­ni­dad enor­me pa­ra to­dos. Que­dó abier­to pa­ra to­do el mundo. Lo lo­gra­rá el que más se con­ven­za de que lo pue­da ha­cer.

D. BATTISTE

D. BATTISTE

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